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LA FINANCIACIÓN EXTERNA DE LA EMPRESA


Publicado en Granada Económica en mayo de 1999.

En ocasiones, las empresas deben obtener recursos ajenos para afrontar situaciones concretas de crecimiento o gestión. Las posibilidades básicas sólo son dos; ampliar capital gracias a la generación de fondos propios o a la aportación de los socios o bien, obtener financiación bancaria.

La financiación externa puede buscar dos objetivos; afrontar necesidades de liquidez o de inversión. En el primer caso nos encontramos con cuestiones concretadas en el corto plazo. Financiar inversiones requiere estudiar con detalle el activo a adquirir y los ingresos que nos proporcionará en el largo plazo.

 La financiación de la liquidez: El objetivo primordial de una correcta gestión de tesorería debe consistir en un acompasamiento de los flujos de ingresos y de gastos de modo que la empresa consiga disfrutar siempre de, al menos, la suficiente liquidez como para hacer frente a sus obligaciones de pago.

Debemos distinguir si la escasez temporal de tesorería es fruto de una mala política empresarial o consecuencia directa del propio negocio que desarrollamos.

En el primer caso deberemos proceder, inicialmente, al ajuste de nuestra tesorería con objeto de reducir o hacer desaparecer las tensiones de caja.

En el segundo caso, si bien será necesario hacer una mejora sustancial de los flujos financieros, es muy posible que no sea suficiente y debamos recurrir a la financiación ajena.

Son casos muy usuales las empresas con actividad estacional, como son las turísticas o agrícolas y aquellas que sirven a gran número de clientes, como son las distribuidoras. Para financiar estos desajustes de tesorería,  la banca ha diseñado diversos productos que con diferentes apoyaturas jurídicas y económicas cubren estas necesidades de financiación. Obtener recursos para financiar la liquidez, es, por tanto, necesario para muchas empresas. Los productos bancarios idóneos para cubrir los déficit de tesorería son el descubierto en cuenta, el descuento, tanto comercial como financiero, y las cuentas o pólizas de crédito. Los déficit a que nos referimos deben ser de maniobra, esto es, surgen de desajustes de circulante, no déficit patrimoniales que son fruto de malas políticas financieras.

 La financiación de inversiones: Cuando necesitamos adquirir elementos de Inmovilizado no es conveniente dedicar recursos líquidos salvo que tuviéramos amplios excedentes.

La gestión financiera a largo plazo tiene como objetivo diseñar la estructura del pasivo empresarial y su política de inversiones, buscando un correcto equilibrio entre activo inmovilizado y recursos permanentes (capitales propios + financiación a largo), de manera que las incorporaciones de activo inmovilizado no se financien con recursos ajenos a corto plazo, sino con recursos propios o con financiación ajena a largo plazo.

Como regla general sólo debemos financiar aquellos elementos que resulten productivos en la actividad principal de la empresa.

No es conveniente financiar la adquisición de activos financieros rentables por el riesgo que conllevan. Si son de renta fija no es lógico que encontremos préstamos a un interés menor que el que nos ofrecen los títulos; y si son de renta variable, el riesgo es excesivo. Tampoco debe recurrirse en exceso a la financiación ajena por los costos que conllevan.

Una compañía que tiene muchos préstamos en comparación con su valor, se dice que esta financieramente apalancada. El apalancamiento o gearing es  el endeudamiento de una compañía expresado como un porcentaje del valor de su patrimonio. En Estados Unidos se conoce como leverage el nivel de apalancamiento.

Proceso de negociación bancaria: Una vez que hemos definido nuestras necesidades hemos de concretarlas en la selección de entidades y en la negociación con las mismas de las condiciones que regirán nuestra financiación.

Para negociar hemos de respetar cuatro normas: Saber que queremos. Negociar con el interlocutor adecuado. Plantear un plan claro de necesidades y compensaciones a ofrecer. Conocer los límites de nuestras peticiones, tanto en valoraciones como en comisiones y tipos de interés.

Hay que aprovechar la competencia entre bancos para conseguir las mejores condiciones posibles. Cuando se negocia y acepta un plan es para que empresa y banco respeten lo pactado. Pueden caber ajustes que deben negociarse entre las partes.

Es conveniente que todos los bancos conozcan que se están pidiendo condiciones a otros, y que, por ejemplo, de ocho entidades – los cinco habituales más tres nuevos – se escogerá a los cinco mejores. Esta forma de actuar, perfectamente clara y limpia, da excelentes resultados. Aquellos que no se adaptan, se les aparta. Todos procuran hacer una oferta interesante para no quedar apartados. Y no debemos olvidar que en banca, desde siempre,  todo es negociable.

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