EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

Inicio » Prensa » ALGUNOS BANQUEROS NO HAN LEÍDO A SHAKESPEARE

ALGUNOS BANQUEROS NO HAN LEÍDO A SHAKESPEARE


Publicado en Andalucía Noticias y en las ocho cabeceras provinciales del grupo:

Almería Digital. Cádiz  Digital, Córdoba Digital. Granada Digital.

Huelva Digital. Jaén  Digital. Málaga Digital. Sevilla Digital.

Llevamos demasiado tiempo escuchando propuestas que abogan por crear una institución cuyo mero nombre provoca cierta repulsión, banco malo. Más de uno pensará que ya hay bastantes bancos malos: los antisistema nos dirán que moralmente los son todos y los analistas financieros que sólo aquellos que tienen claras deficiencias de balance que es uno de los eufemismos técnicos que se utilizan para ocultar que el balance está hecho unos zorros.

La idea es bien conocida: el Estado compra a los bancos – por supuesto con el dinero de todos los ciudadanos – sus activos dañados o tóxicos, o lo que es lo mismo, aquellos que el banco ha debido adjudicarse porque dio préstamos a quienes no han podido devolverlos. Para aclararlo, un activo tóxico es una metedura de pata del banco provocada por el análisis deficiente de los clientes, la confianza irracional, el optimismo desmedido, o incluso, la alegría de quien pensó que una entidad de crédito era algo así como la carroza de los Reyes Magos.

Algunos banqueros no han leído a Shakespeare.

Algunos banqueros no han leído a Shakespeare.

Ya decían los romanos que errare humanum est, y por tanto, es lógico que los bancos cometan algún que otro error o tengan, simplemente, mala suerte. Lo que ya no es fruto del azar es que se olvidaran de aplicar unos principios básicos que no constituyen un saber esotérico u oculto. Nada más requieren un poco de sentido común o de cultura. Solo con haber leído El Mercader de Venecia, los aprenderían. Es más, basta con ver la película aunque sea bajándola de internet. Como es una de las primeras escenas, les aseguro que no requiere mucho esfuerzo. La obra de Shakespeare se publicó en 1600 y en un solo párrafo nos da las líneas maestras del análisis de riesgos.

Les recuerdo: Bassanio es un noble veneciano arruinado que pide a su amigo Antonio – el mercader que da título a la obra – un préstamo. Como este tiene todo su capital invertido en negocios, carece de liquidez; así que deciden que Bassanio solicite el dinero al judío Shylock, con el aval de Antonio. La primera enseñanza de la escena es clara: dado que Bassanio es un insolvente, Shylock analiza exclusivamente a Antonio. Y sin embargo, hemos visto miles de operaciones de préstamo otorgadas a personas sin suficiente capacidad de devolución a los que, además, no se les exigieron fiadores ni avales, más allá de una vivienda para cuya compra no habían aportado capital alguno.

Shylock admite que tiene a Antonio por solvente. Pero prosigue pensativo y afirma que sin embargo, sus recursos son hipotéticos; tiene un galeón con destino a Trípoli; otro en ruta para las Indias; […] un tercero en Méjico y un cuarto camino de Inglaterra. Posee algunos más, esparcidos aquí y allá. Pero los barcos no están hechos más que de tablas; los marineros no son sino hombres; hay ratas de tierra y ratas de agua; ladrones de tierra y ladrones de agua; quiero decir piratas. Además, existe el peligro de las olas, de los vientos y de los arrecifes. No obstante, el hombre es solvente. Tres mil ducados. Pienso que puedo aceptar su pagaré.

¿Cuántas veces debieron hacer esa reflexión algunas entidades? ¿La hicieron acaso? ¿No pensaron que la posibilidad de construir sin límite era una mera hipótesis? ¿Se preguntaron si el riesgo estaba repartido como los galeones de Antonio? ¿Obviaron las olas, los vientos y los arrecifes? Es claro que no calcularon los riesgos. El propio Shylock que fue tan prudente en su análisis sufrió las consecuencias del riesgo, pues los barcos de Antonio naufragaron y la deuda quedó impagada. Errare humanum est.

Supongamos que Shakespeare continuara la obra con una escena en la que Shylock, tras cruzar pensativo el puente de Rialto, se presenta ante el Dux con la solicitud de que los venecianos le compren el pagaré de Antonio. El argumento del banquero es sencillo: la Serenísima República de Venecia debe hacerse cargo del documento que Antonio abonará cuando le sea posible. En caso contrario la Serenísima deberá, lamentablemente, asumir tan cuantiosa pérdida, pero lo hará buscando el bien común, puesto que hay que evitar la quiebra de quien, como yo – habla Shylock – gestiona un sacrificado negocio que es imprescindible para que otros funcionen y puedan obtener financiación y así, el rojo pabellón con el León de San Marcos seguirá ondeando a lo largo y ancho del Mediterráneo.

Independientemente de cómo siguiera la obra, la divertida escena hubiera hecho las delicias de los espectadores del Globe y aunque nadie puede negarle a Shakespeare su excelente capacidad para la comedia, El Mercader de Venecia sería estudiado como el antecedente más prestigioso del astracán de Muñoz-Seca o del teatro del absurdo de Ionesco.

Me permito poner en boca del Dux la justa respuesta a Shylock: Es para todos claro, maese Shylock, que de haberse devuelto el préstamo en tiempo y forma, vos habríais obtenido jugosos beneficios. Y ni yo ni los venecianos recordamos que manifestarais nunca la intención de compartir estos con la Serenísima. No es justo, por tanto, que quienes no tuvimos derecho a los beneficios, pues no aportamos capital alguno, os arrebatemos ahora las pérdidas tan esforzadamente conseguidas. Id con Dios, Shylock y disfrutad del resultado de vuestro negocio.

Esa y no otra debe ser la respuesta que reciban quienes piden o exigen que se cree ese llamado banco malo. Concebir algo y calificarlo directamente como malo es un despropósito. Si encima, como ocurriría en este caso, debe pagarse con el dinero de los demás seamos o no responsables del desaguisado previo, es lógico que la idea nos genere algo más que un cierto desasosiego. La propuesta significa, sencillamente, la socialización de las pérdidas cuando nunca nos hablaron de hacerlo con las ganancias.

Lo único razonable será que cada entidad dedique sus propios beneficios a compensar o dotar las pérdidas acumuladas. Sus accionistas recibirán menores dividendos y deberán aceptarlo pues fueron ellos quienes recibieron los beneficios generados y seguirían haciéndolo en el caso de que existieran.

Los que defendemos la libertad de mercado sabemos que esta siempre va unida a la responsabilidad. Libertad y responsabilidad son dos caras de la misma moneda aunque puede ser que a muchos les sea de aplicación la frase de George Bernard ShawLa libertad significa responsabilidad. Es por eso que la mayoría de los hombres la ignoran.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: