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DOS SIGLOS DE RESISTENCIA CASTIZA


Publicado en Andalucía Noticias y en las ocho cabeceras provinciales del grupo:

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Estamos en pleno bicentenario de la Constitución de Cádiz y, no sé por qué, intuyo que toda la parafernalia prevista va a quedar reducida a un conjunto de actos más o menos oficiales culminados con un cóctel, que es lo que en tiempos pasados se denominaba pomposamente Copa de Vino Español y cuyo único objetivo real es convencer a los reacios a asistir con el argumento de que al final nos tomamos unas copitas y verás que bien lo pasamos.

Escucharemos y veremos publicados encendidos discursos henchidos de orgullo patrio y autocomplacencia que estarán, probablemente, más influidos por la lírica vacua que por el análisis profundo.

Esta conmemoración, en cambio, debería servir para pensar y analizar por qué la historia de España se desvió del camino de la modernidad, la libertad y la democracia, y que razones nos llevaron a deambular por las trochas del casticismo más ramplón y patriotero durante casi un siglo y medio. De ese modo, evitaríamos caer de nuevo en la trampa del aislacionismo zafio y palurdo que tanto daño nos ha hecho.

Las Cortes de Cádiz se reunieron en un momento histórico convulso que viene marcado por la influencia de la Ilustración, la independencia de los Estados Unidos y la caída de la monarquía de los Borbones en Francia. Es interesante recordar que fue en el hervidero político de Cádiz donde aparece por vez primera en la historia la palabra liberal en el sentido político que desde entonces se le otorga y fueron aquellos primeros liberales llegados de toda España y también de América y Filipinas, los que levantaron el edificio constitucional gaditano.

Se denominaron liberales porque el norte de su política fue la libertad y el respeto a la dignidad del hombre, que dejó de ser súbdito para convertirse en ciudadano. Pergeñaron un cambio radical en el sistema político. Dieron vida a la idea de sociedad civil en la que individuos iguales en derechos establecen relaciones libres, eliminaron el sistema de privilegios de la sociedad estamental y uniformizaron las condiciones jurídicas de todos. Se hicieron fuertes en la defensa de la libertad en un Cádiz sitiado por las tropas de Napoleón, el gran traidor a la libertad surgida de la revolución francesa. ¿O cómo puede calificarse si no, la actitud del joven general Bonaparte que se convierte primero en dictador y acaba proclamándose emperador?

Desgraciadamente, el cerrilismo absolutista de muchos y el oscurantismo e indigencia intelectual de los dirigentes del momento empujó a la nación a echarse en brazos de aquel felón perjuro que fue el rey Fernando VII, considerado unánimemente como el peor gobernante de nuestra historia. Aquellos serviles que gritaban ¡vivan las cadenas! prefirieron el atraso del pan y toros al desarrollo social, político y económico de su país.

El fracaso de la Constitución doceañista es el propio de una sociedad miope, la española, que siempre recela de lo que viene de fuera salvo de las modas fútiles y así la retrata Larra en El castellano viejo donde define al patriota cazurro como aquel que da todas las lindezas del extranjero por un dedo de su país. Y además, es tan tosco, que defiende sin reparo alguno que el resto del mundo sólo tiene como objetivo conspirar para liquidar su España perfecta e inmutable.

Y así, España renunció a la modernidad encastillándose en el casticismo. Un rey indigno fue sucedido por una reina analfabeta y supersticiosa que nos llevó a toque de cornetín y entre ruido de sables, de un pronunciamiento militar a otro. Tanta afición a espadones y salvapatrias inspiró a un poeta este epitafio terrible y cuando menos curioso:

Aquí yace un general,

El Tío Pepe. Bodegas González-Byass. Jérez de la Frontera (España)

El Tío Pepe. Bodegas González-Byass. Jérez de la Frontera (España)

que nunca se sublevó,

así que fue militar

pero muy poco español.

Cádiz fue una oportunidad perdida, no sólo de desarrollo social y político, sino también económico, ya que nos alejó de la revolución industrial que nunca conocimos y de ese modo pasamos, sin solución de continuidad, de ser una sociedad agrícola a otra de servicios.

Han sido casi dos siglos de resistencia a la modernidad que, aún hoy, perviven en parte de la sociedad española. Esa que ve Europa como una amenaza y que no se ruboriza cuando pontifica, sin la más mínima solvencia intelectual, que el gran culpable de la crisis económica no es otro que el euro. En fin, el viejo recurso de la España idílica atacada por los males foráneos.

Seamos sinceros: todavía, a veces, nos sale la vena castiza. Si hace un siglo, España se dividía entre Joselito y Belmonte, hoy lo hace entre el Barça y el Madrid. Aún perviven las redes clientelares y los caciques; los politicastros que prefieren nombrar como cargo de confianza a un sobrino fiel y torpe antes que a un profesional leal y competente, porque son muchos los que siguen pensando que los nuestros, es posible que no sean perfectos, pero los otros adolecen de todos los defectos imaginables. Y ese clientelismo social se convierte en el mejor caldo de cultivo para todo tipo de corrupciones.

A veces, cuando leemos las manifestaciones de empresarios y sindicalistas tenemos la tentación de buscar la fecha del periódico con la esperanza de comprobar que hemos cogido un viejo ejemplar polvoriento de la hemeroteca y lo hemos confundido con el que acabamos de comprar en el quiosco. Pero desgraciadamente no es así.

Necesitamos sociedad civil y una sociedad civil amplia y libre de ataduras con el poder, una sociedad sin subvenciones porque la libertad es imposible sin independencia y esta nace de la autosuficiencia económica. Y ahí está la responsabilidad de las nuevas generaciones, bien formadas y cosmopolitas, nacidas ya en una España integrada en Europa.

Si afrontamos el futuro con nuevas ideas, si somos capaces de despojarnos de una vez por todas de los miedos a la modernidad y asumimos que tenemos una cita con ella que hemos pospuesto demasiado tiempo, entonces si podremos celebrar la Constitución de Cádiz, mientras tanto habrá que conformarse con recordarla.

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1 comentario

  1. Very good article. I will be going through some of these issues as well.

    .

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