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EL DINERO DE LOS DEMÁS


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¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? La frase se atribuye a Groucho Marx aunque realmente la dice Chico en Sopa de ganso, eso sí, disfrazado de Groucho. De modo similar, nuestros dirigentes, independientemente de su adscripción política, intentan imponernos su versión sobre la línea de crédito que la U.E. ha puesto a disposición de España para recapitalizar, inicialmente, a aquellas Cajas de Ahorros con claros problemas de viabilidad.

Los gobernantes actúan a veces más impulsados por la necesidad que por el convencimiento. Esto es así porque piensan en sus electores antes que en el país y su idea de futuro se limita a las siguientes elecciones. Por eso, cuando por fin toman la decisión correcta, su coste suele ser muy superior al inicial. Si al final de la I Guerra Mundial, en lugar de esquilmar la economía alemana como hizo el Tratado de Versalles se hubiera diseñado un Plan de Reconstrucción que incluyera a los perdedores, nos habríamos ahorrado el nazismo y la II Guerra Mundial. El coste humano, social y económico habría sido mucho menor. Al menos, el Plan Marshall demuestra que aprendimos algo de las consecuencias indeseadas de la Gran Guerra.

La experiencia acumulada en los países occidentales y en particular en España, sobre la gestión de crisis bancarias es tanta, que parece mentira que hayamos llegado a este punto de no retorno. La incapacidad del Tesoro para recapitalizar en solitario a la banca española ha obligado al gobierno a solicitar una ayuda financiera igual al diez por ciento de nuestro PIB. No es un rescate como los realizados hasta ahora, pero aunque sectorial y finalista, lo es.

Como prefiero hacerle caso a mis ojos antes que a lo que me dicen, opto por analizar las causas, condiciones y consecuencias de esta situación. Los continuos fracasos en la gestión de la crisis son los polvos de los que nacen estos lodos. Ninguna de las reformas financieras, ni la del gobierno actual ni las del anterior, han conseguido eliminar el problema, es más, lo han ampliado. España no es el único país de la U.E. que ha nacionalizado entidades o inyectado fondos a su sistema bancario. La diferencia está en que, a partir de ahora, aportaremos el dinero de los demás.

Cuando hace años la prensa económica internacional y las Agencias de Calificación alababan la solidez de la banca española no mentían. El esquema de provisiones anticíclicas diseñado por el Banco de España suponía una reserva más que suficiente para asumir las consecuencias de una crisis financiera. Pero la crisis está siendo más larga y profunda de lo esperado y aquellas reservas se han consumido. Lo malo es que no hemos reaccionado a tiempo. Nos hemos quedado sentados esperando a que amaine el temporal y sólo hemos lanzado el SOS cuando la nave ya estaba desarbolada y se abrían grandes vías de agua.

Ante una crisis bancaria hay dos posibilidades. La que defendemos los liberales que entendemos que un banco es una empresa como cualquier otra y por tanto, si quiebra debe liquidarse, dejando a los accionistas la capacidad jurídica de exigir responsabilidades societarias a los gestores. La garantía de los depósitos que da solidez al sistema debe realizarse mediante mecanismos de seguro privado obligatorio. El Fondo de Garantía de Depósitos debe ser como el Seguro de Terceros para los vehículos. La otra opción, en la que están de acuerdo tanto conservadores como socialistas es la de inyectar dinero público a las entidades con problemas con la idea de que una vez reflotadas puedan devolver las ayudas y, en el colmo del optimismo, generar beneficios al estado.

Cualquier préstamo que se concede incluye al menos dos condiciones, la devolución del capital y el pago de los intereses. Para garantizar ambas, el prestatario, que en este caso es España, – es decir, todos los contribuyentes – debe ser capaz de generar ingresos suficientes para cubrir la devolución. La Facilidad Europea de Estabilidad Financiera va a prestar al FROB, que es un organismo público, la cantidad necesaria para reflotar el sistema financiero. Básicamente, insisto, las Cajas. El FROB prestará a las entidades y estas lo devolverán o no. Ese ya es un problema interno de España que nacionalizará las entidades y procederá a su venta con beneficio o sin él. Por tanto, no hay duda sobre quién va a pagar el rescate: los contribuyentes. La cantidad final estará en función de lo que consigamos recuperar una vez que se privaticen las entidades nacionalizadas.

Es claro que una operación de crédito de este importe consume capacidad de endeudamiento. España va a incrementar de golpe su deuda pública; ya veremos en que porcentaje, pero es evidente que cada euro que se presta al FROB para salvar a la banca reducirá nuestro límite de financiación. Así que también nos va a perjudicar de cara a cubrir las necesidades financieras del estado.

Además, no conocemos ni el plazo, ni el tipo de interés y aquí surge una cuestión financiera de primer orden. Los mercados nos financian al seis por ciento. Para que la U.E. lo haga, como se comenta, al tres o al cuatro habrá que ofrecerle algo a cambio. Es lo que en términos bancarios se denominan compensaciones. ¿Y quién va a aportarlas? Las entidades que reciban ayuda y por supuesto, el estado. Nadie presta gratis y quien ha recibido el préstamo ha sido España.

Aunque seguiremos hablando de la crisis bancaria, de su origen, desarrollo y futuro, hoy debe quedarnos claro, al menos, lo siguiente: esta línea de crédito es un rescate, aunque sea parcial; lo vamos a pagar los contribuyentes y dependerá de la calidad de la gestión de los nuevos directivos de las entidades intervenidas que la factura sea lo menor posible; nos resta capacidad de financiación como estado y lógicamente, el gobierno tendrá que obtener recursos para poder hacer frente a los pagos. Por tanto, vendrán nuevos recortes. Esperemos que esta vez eliminen lo que el estado acumula de innecesario e improductivo.

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