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“LE TEMPS DES CERISES”


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En la memoria colectiva de Europa está instalada la idea de que toda revolución perdurable se ha iniciado en Francia y nadie puede negarle a los franceses que todas las revoluciones liberales y burguesas que han contribuido a conformar el mundo occidental tal y como lo conocemos, se han iniciado en algún lugar de París. Incluso la revolución americana que llevó a la independencia de los Estados Unidos, contó con cierta influencia francesa, no olvidemos a Lafayette. A partir de ahí, el protagonismo es de nuestros vecinos. La primera revolución liberal del continente – Inglaterra ya había recorrido el camino del parlamentarismo – fue la de 1789. Sembró la semilla de la democracia liberal y cambió la faz de Europa aunque sólo fuera temporalmente. El absolutismo fue herido de muerte en las Tres jornadas gloriosas de 1830 y puede decirse que la Primavera de los Pueblos de 1848 lo convirtió en una sombra que vagaba por Centroeuropa, convirtiéndose en un triste recuerdo tras la Comuna de París de 1870.

Sede de la Comisión Europa. Bruselas (Bélgica).

Sede de la Comisión Europa. Bruselas (Bélgica).

Francia fue, en el siglo XIX, la abanderada del cambio en Europa. Quizás por eso, la Marsellesa se convirtió en el himno revolucionario por excelencia. A cualquiera se le hace un nudo en la garganta viendo Casablanca cuando, en una de las escenas más intensas de la historia del cine, Viktor Laszlo – interpretado por Paul Henreid -, líder antinazi checoslovaco que ha escapado de diversos campos de concentración, ordena a la orquesta: toquen la Marsellesa. Al leve gesto con el que Rick – Humphrey Bogart – asiente a los músicos, le sigue un emotivo canto a la libertad que acalla el guirigay nazi. El coro de ciudadanos libres que entona la Marsellesa silencia los sones marciales de quienes quisieron sojuzgar Europa. El enorme impacto emocional de la escena estuvo influido por la nacionalidad europea de la mayoría de los actores, entre los que había alemanes perseguidos por la locura hitleriana, e incluso, varios judíos como lo eran los guionistas y el director. Los planos del duelo de canciones muestran la emoción real de actores y extras. Un testigo de la filmación contó que había visto a muchos de ellos llorando y entonces se dio cuenta de que eran, verdaderamente, refugiados.

Algún malintencionado podría hacer un paralelismo entre la escena y la actual realidad de la UE. Un checoslovaco – Laszlo – interpretado por un austríaco – Henreid – y casado con una noruega – Ilsa Lund, interpretada por Ingrid Bergman – lidera la revuelta, musical en este caso, de europeos de todas las latitudes, que acaba con el abuso prepotente de los alemanes en el Rick’s Café Americain.

Pero seamos justos. Comparar la Alemania de la canciller Merkel, con la de los matones de las camisas pardas no sólo es injusto, es además indigno. La Alemania de hoy puede ser excesivamente rígida en sus planteamientos macroeconómicos y sus exigencias de austeridad pero nadie debe olvidar que también ha sido uno de los pilares básicos sin los cuales la UE no existiría. La generosidad alemana, una vez superada la dura posguerra gracias al Plan Marshall y al esfuerzo de toda una nación, es conocida por todos y sólo puede negarse desde la inquina o la indigencia intelectual, desgraciadamente tan habituales ambas.

La grandeza de la UE se basa en la de aquellos líderes visionarios que, sólo unos pocos años después de que se apagara el tronar de los cañones, fueron capaces de unir en la CECA al principal agresor – Alemania –, a su aliado inicial que terminó la guerra como enemigo – Italia – y a los países invadidos que acabaron saboreando el triunfo final – Francia y el Benelux. La mera existencia de la UE hubiera sido imposible sin el apoyo entusiasta de los grandes líderes de la época. El discurso pronunciado en París el 9 de mayo de 1950 por Robert Schuman – Ministro de Asuntos Exteriores francés – sentó las bases de esta realidad que, siempre generosa, ha abierto sus puertas a todos los países del continente y es el proyecto más ilusionante y próspero que en siglos ha conocido la historia. Sin la motivación de los padres de Europa, unos más conocidos – Churchill, Adenauer, de Gasperi, Monnet, y Schumann – que otros – Bech, Beven, Hallstein, Mansholt, Spaak y Spinelli – todo aquello que damos por descontado; libertad, democracia, estabilidad o prosperidad, quizás seguiría siendo, como ha sido durante siglos, una utopía.

Sede de la Comisión Europea. Bruselas (Bélgica)

Sede de la Comisión Europea. Bruselas (Bélgica)

Es claro que hoy, Alemania debe levantar el pie del freno de la austeridad y plantear políticas de crecimiento que nos permitan superar esta crisis para salir de ella fortalecidos y, sobre todo, con la lección aprendida. Por eso, la elección de monsieur Hollande, primero, y la confirmación de una mayoría clara en las legislativas galas parecen ser, para muchos europeos, otra de esas revoluciones, está pacífica, que nacen en Francia para extenderse por todo el continente. No sé si sus propuestas nos llevaran rápidamente a la salida de la crisis, pero creo firmemente que cualquier virtud deja de serlo cuando se practica en exceso. Así, la mera austeridad, puede llevarnos a la miseria.

La lección que debemos aprender los españoles de esta crisis es que la Europa ideada hace más de medio siglo es generosa pero no derrochadora. Si los líderes europeos son incapaces de unir esfuerzos y fortalecer la UE tras esta crisis, sólo demostrarán su pequeñez al compararles con aquellos que fueron capaces de crearla tras abandonar las trincheras habiendo combatido en bandos distintos.

Si la Marsellesa fue el himno de la revolución de 1789, y pedía a los ciudadanos que tomaran las armas para defender la libertad, la Comuna de París tuvo como himno, un siglo después, una hermosa canción de amor, que no habla de fusiles ni barricadas, Le temps des cerisesTiempo de cerezas que solo dura unas pocas semanas pero vuelve, aunque sea fugazmente, cada año. Las cerezas evocan el verano, la alegría de la fiesta y la libertad. No le vendría mal a Europa, en estos días, su temps des cerises.

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