EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

Inicio » Prensa » GOEBBELSITOS DE A PERRA CHICA

GOEBBELSITOS DE A PERRA CHICA


Publicado en Andalucía Noticias y en las ocho cabeceras provinciales del grupo:

Almería Digital. Cádiz  Digital, Córdoba Digital. Granada Digital

Huelva Digital. Jaén  Digital. Málaga Digital. Sevilla Digital.

La propaganda, sea o no legítimo su fin, puede plasmarse en una obra de arte o en un bodrio infumable. Sin necesidad de bucear en las profundidades de la historia, es fácil recordar como las dos ideologías más tiránicas y totalitarias del siglo XX, el nazismo y el comunismo soviético, arrastraron la dignidad y el buen gusto cinematográficos en una infinidad de terribles bazofias, tan previsibles en su desarrollo como ineficientes en la consecución de su fin último. Pero, a su vez y junto a tanta mediocridad, nos legaron algunas obras maestras. Cabe destacar del lado nazi, Olympia de Leni Riefenstahl, definida en el obituario que The Times le dedicó a su directora como visualmente deslumbrante y entre los soviéticos, es evidente la primacía artística y la influencia en el cine posterior de El acorazado Potemkin, dirigida por Eisenstein. Películas que, casi un siglo después, se siguen disfrutando con absoluto deleite.

La "Huella del diablo" en el atrio de la Catedral de Munich (Alemania).

La “Huella del diablo” en el atrio de la Catedral de Munich (Alemania).

Inicialmente, la propaganda tuvo un fin religioso, pues se refería a la difusión del Evangelio. En 1622, el Papa Gregorio XV instituyó Propaganda Fide, cuyo fin ha sido, desde entonces, llevar el mensaje cristiano y propagar el catolicismo por todo el mundo. En cambio, los regímenes totalitarios del siglo XX han usado la propaganda, con el fin de conseguir el control de la opinión pública mediante la manipulación interesada y partidista de los medios de comunicación de masas.

Evidentemente, la propaganda no tiene igual influencia en un mundo libre donde las voces son múltiples que en una dictadura o en un régimen totalitario en los que la única verdad es la que beneficia a los detentadores del poder. Por ello, su uso constituye un medio legítimo para trasmitir a ciudadanos libres, en una sociedad libre, las propuestas de un partido, ocupe el gobierno o lo pretenda. Esa utilización es tan lícita como la que, en el ámbito comercial, realizan las empresas cuyo objetivo es convencer a un consumidor potencial para que, en el uso de su libertad, adquiera un determinado producto. La meta de la propaganda es conseguir apoyos y seguidores. Sin embargo, cuando su uso está desprovisto de la necesaria ética, se transforma en manipulación, desinformación y censura.

Durante más de sesenta años hemos vivido con la idea de que Goebbels, el más venenoso y mendaz de todos los nazis – en palabras de Viktor Kemplerer – había sido un auténtico mago de la propaganda. Una de sus máximas preferidas era aquella que dice que una mentira mil veces repetida se transforma en verdad. Lo cierto es que la mera reiteración de una falacia no la convertirá en verdad pero, si todo el mundo cree que lo es, producirá los mismos efectos que si realmente lo fuera.

Es curioso que tras cinco años de dura crisis económica que se ha llevado por delante tantas cosas que creíamos inalterables, lo único que parece intocable es el aparato de agitación y propaganda que suponen los medios de comunicación públicos. Son tachados de sectarios por la oposición y se califican de libres y objetivos por los gobiernos que, directa o indirectamente los dirigen, sea cual sea el signo ideológico de cualquiera de ellos que siempre mudan su opinión si se vuelven las tornas del poder.

La realidad es que los medios de comunicación públicos, televisiones y radios, sólo son públicos en lo relativo al origen de los fondos que los financian. Todos somos conscientes de que no sirven a la sociedad y, por tanto, deberían calificarse como gubernamentales. En una sociedad libre y democrática no tiene sentido la existencia de medios financiados con el dinero de los contribuyentes. El dinero público debería ser sagrado y su uso revertir en mejorar las condiciones de vida de quienes lo producen y no en ensalzar a quienes, temporalmente, les gobiernan.

Ante cualquier crítica, se buscan todo tipo de excusas para intentar justificar su existencia. Así, aparece la necesidad de preservar la lengua autóctona, olvidando que las lenguas son entes vivos que sobrevivirán si los hablantes quieren y del modo en que ellos deseen, pues es el libre uso quien les infunde vida. También nos cuentan que hay que salvar de la desaparición las tradiciones culturales de cualquier región o municipio y se da tan noble calificativo a cualquier jarana de pacotilla. Desde luego, las televisiones autonómicas y municipales no se recordaran por sus aportaciones artísticas sino por su manipulación interesada de la información, su programación anodina, su descubrimiento de la telebasura, su delirante abuso del localismo y del casticismo más ramplón y, sobre todo, por su nula influencia social más allá de la que tienen sobre los convencidos y militantes de la opción que defienden en cada legislatura de acuerdo con el gobierno de turno.

Nuestros gobernantes son incapaces de reconocer que las televisiones públicas constituyen un monumento a la manipulación, inadmisible en una sociedad libre y democrática. Gracias a la madurez social y a la ingente oferta de información, tanto por las vías tradicionales como por la realidad que es, desde hace algunos años, internet, la influencia de los medios de comunicación públicos es tan ridícula como sus índices de audiencia. Aún así, como pequeños aprendices del desesperado Goebbels de los últimos días insisten en utilizar su desvencijada maquinaria de propaganda para intentar salvar lo que ya está, irremediablemente perdido.

Si no quieren cerrar sus televisiones por higiene democrática, podrían hacerlo, al menos, como medida de ahorro y así, eliminar uno de los más indecentes despilfarros de dinero público que ha conocido España.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: