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JABBERWOCKY FINANCIERO


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Alicia se sorprendió al descubrir que podía atravesar el espejo. Lo hizo y apareció en medio de una sala en la que las piezas de ajedrez cobraban vida y donde encontró un libro de poesía llamado Jabberwocky que sólo se puede leer reflejándolo en un espejo. Lo leyó varias veces hasta que, incapaz de entender aquel tremendo galimatías, abandonó la casa.

Tiempo después, Alicia, que había aceptado jugar una partida de ajedrez a lo largo y ancho de la pradera como peón de la Reina Blanca, se encontró al fin con ella. La reina, transformada en una oveja, la obligó a comprarle un huevo que ya en sus manos, se transforma en Humpty Dumpty, célebre personaje infantil de las rimas de Mamá Oca, muy popular en la época. Sin bajarse del muro en el que está subido le define, a su total y absoluto gusto, algunas de las palabras que aparecen en la primera estrofa de Jabberwocky.

– Cuando yo empleo una palabra – insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso – significa lo que yo quiero que signifique…, ¡ni más ni menos!

– La cuestión está en saber – objetó Alicia – si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

– La cuestión está en saber – declaró Humpty Dumpty – quién manda aquí…¡si ellas o yo!

La fama de Humpty Dumpty, sobre todo fuera del Reino Unido, proviene de este demencial diálogo que mantiene con Alicia en A Través del Espejo y lo que Alicia encontró allí. Tan famoso llegó a ser el Jabberwocky de Lewis Carroll que algunas de las palabras que inventó se han incorporado al idioma inglés, e incluso el propio título se utiliza para referirse al lenguaje sin sentido. Así suele ser, para muchos consumidores, el de los contratos de adhesión que firmamos habitualmente con grandes empresas suministradoras y entidades financieras.

Humpty Dumpty es un tirano y un estafador. Personifica de un modo perfecto esa reiterada afición de los poderosos a sojuzgar el lenguaje, a retorcer los significados comúnmente aceptados hasta conseguir imponer su criterio con la intención de dirigir las conciencias y negar la objetividad. Así, cualquier realidad, por cruda que sea, se vuelve agradable y placentera siempre que uno lea el órgano oficial correspondiente, previamente retocado por la censura, pública o privada, de turno.

Desgraciadamente, los mercados son visitados con excesiva frecuencia por declarados seguidores y aprendices de Humpty Dumpty. Esos que llaman rendimientos negativos a las pérdidas y reestructuración de plantilla a los despidos. Cuando las palabras acaban significando lo que el vendedor quiere que signifiquen y no lo que el común de los mortales entiende de modo habitual, nos topamos con una forma exquisita y refinada de engaño. No siempre estaremos ante una trama urdida con la intención de estafar a los clientes. A veces, tan solo ocurre que los despachadores y colocadores se aprovechan de las polisemias del lenguaje.

A cualquiera le llama la atención que se denomine “refinado” al aceite de oliva de peor calidad. La mayoría de los consumidores entenderían que refinado es sinónimo de sobresaliente o primoroso. Sin embargo, un aceite refinado es aquel que proviene de la rectificación de un aceite virgen defectuoso. Para que estos aceites lampantes puedan ser consumidos, se eliminan todas aquellas características que los hacen desagradables al paladar. Se reduce su elevado grado de acidez, se desodorizan para eliminar malos olores y sabores y se corrigen los colores visualmente defectuosos como el verde oscuro casi negro o el pardo anaranjado de los compuestos oxidados. Lógicamente, un proceso como este que pone al producto en contacto con disolventes orgánicos y productos químicos hace desaparecer la cotizada virginidad del aceite que pierde vitaminas y antioxidantes. Es claro que el uso del término “refinado” puede inducir a error y de hecho, en compradores poco avisados, lo hace.

¿Qué ha ocurrido en los mercados financieros? Algo similar. El texto de los contratos aparece como un desordenado galimatías que provoca una auténtica ceremonia de la confusión que podríamos denominar Jabberwocky financiero. Para la mayoría de los inversores que adquirieron participaciones “preferentes”, prevaleció la idea de que su inversión era algo con primacía o ventaja sobre cualquier otra. Al fin y al cabo, hay plazas de aparcamiento preferente junto a las puertas de acceso de los centros comerciales; en los aeropuertos, el acceso preferente evita colas y, en definitiva, lo mejor es lo preferente. Sin embargo, una participación preferente y aquí, basta con consultar el diccionario, lo es porque tiene preferencia o superioridad sobre algo, en este caso, sobre las acciones de la sociedad emisora, pero sólo y exclusivamente sobre ellas. Es decir, su preferencia es ser el primero entre los dos últimos grupos de acreedores con derecho a cobro en caso de quiebra de quien hubiera emitido las susodichas participaciones. Y claro, es mucho más triste tener preferencia sobre el último que ser preferente de modo absoluto.

Los significados bastardos perturban la realidad del mercado porque si alguna de las partes tiene una prevalencia del tipo Humpty Dumpty la relación no es justa. Es claro que existen medios legales para impedir actuaciones abusivas pero la ampliación de la base de clientela de los productos financieros es tal y los daños causados tan importantes que el Banco de España ha publicado, quizás obligado por las circunstancias, su Circular 5/2012 que trata, ente otros asuntos, sobre la transparencia de los servicios bancarios.

Entre todo el texto, me llama la atención que se exija a las entidades explicaciones adecuadas y deber de diligencia y, sobre todo, algo tan curioso como que la letra a utilizar en los documentos de información […] tendrá un tamaño apropiado para facilitar su lectura [y] en todo caso, la letra minúscula que se emplee no podrá tener una altura inferior a un milímetro y medio.

Desgraciadamente, para quienes creyeron que su inversión preferente significaba otra cosa, estas normas llegan demasiado tarde. Los suscriptores van a perder irremisiblemente el dinero y aunque sea poco consuelo, al menos a partir de ahora, estos comportamientos bastardos serán perseguidos.

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