EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

Inicio » Prensa » LOS 400 GOLPES Y LOS 400 EUROS

LOS 400 GOLPES Y LOS 400 EUROS


Publicado en Andalucía Noticias y en las ocho cabeceras provinciales del grupo:

Almería Digital. Cádiz  Digital, Córdoba Digital. Granada Digital

Huelva Digital. Jaén  Digital. Málaga Digital. Sevilla Digital.

 

En 1959, François Truffaut estrenó Los cuatrocientos golpes, una de las primeras obras de la Nouvelle vague. Esa Nueva ola del cine francés la formaron un grupo de críticos, – algunos de los cuales ejercían como guionistas – de la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma. Decidieron dar el paso a la dirección e insuflaron aire fresco al cine de la época convirtiendo la espontaneidad y la improvisación en la base de su narrativa.

La expresión francesa del título – Les quatre cents coups – puede tomarse en su sentido literal y así, la película retrata la dura existencia de Antoine Doinel a quien la vida propina, uno tras otro, infinidad de golpes, merecidos o no. Por eso, Truffaut juega también con el uso coloquial de la frase que podríamos traducir como hacer las mil y una, ya que el protagonista, un difícil adolescente parisino, no es ningún bendito y su vida traspasa una y otra vez esa difusa línea que separa la gamberrada del delito.

Pues bien, ese doble sentido del título casa a la perfección con uno de los debates públicos a los que estamos asistiendo en estos días de un verano, que a diferencia de los de siempre, no está, desde luego, exento de noticias, sobresaltos y polémicas. La riada de opiniones y declaraciones sobre los famosos cuatrocientos euros – eso que el BOE denominó Plan Prepara y que la gente normal conoce como la última ayuda – se ha acentuado ante la posibilidad de que ese subsidio de urgencia desaparezca si no se prorroga. Aquí, por cierto, deberíamos recordar algo a la oposición socialista que tanta polvareda está levantando. Si el anterior gobierno no hubiera aprobado la ayuda como una medida temporal y extraordinaria, la polémica no existiría.

Los receptores del subsidio, a imagen y semejanza de un moderno Antoine Doinel, son, sin duda, el eslabón más débil de la cadena social pero, puede que por ello mismo, el fraude en los subsidios sociales no es ajeno a la realidad.

No es razonable caer en el error de la generalización y concluir acríticamente que el engaño está tan extendido que lo más justo es acabar con todo tipo de subsidios. Una sociedad moderna no puede abandonar a su suerte y condenar a la miseria a un solo ciudadano. El manoseado argumento gubernamental de la falta de fondos es, sencillamente, inadmisible. En una escala de prioridades, es claro que esta partida es infinitamente más importante que otras muchas que, sin embargo, no se ponen en duda. Aburre, desde luego, volver a enumerar la enorme cantidad de cosas en las que puede dejar de gastarse dinero del contribuyente sin que afecte a la estabilidad de España. De todos modos, no renuncio a iniciar una lista que podemos encabezar con un puñado de clásicos del derroche como son las televisiones públicas, las oficinas autonómicas en el extranjero, las innecesarias empresas municipales o autonómicas de todo tipo y pelaje, los asesores sin conocimientos de la materia en la que supuestamente son expertos, la miríada de coches oficiales y un largo etcétera que les invito a completar. Probablemente, si el estado gastara con el mismo tino con el que lo hacen las familias que reciben los cuatrocientos euros, no tendríamos un déficit tan acuciante.

Los perceptores del subsidio pueden sentirse socialmente rechazados y como Antoine Doinel emprender un camino tan personal como equivocado; quiere huir del pasado y buscar la libertad y sin embargo cae en el robo y es castigado por ello. ¿Qué impediría a un parado de larga duración y sin ingresos acabar delinquiendo? ¿Qué freno moral es más poderoso que su propia miseria?

Estos cuatrocientos euros son tan sólo una renta de subsistencia. Es difícil con una cantidad tan exigua disponer de ningún lujo y desde luego no debería desaparecer aunque sólo fuera por evitar un conflicto social que aunque no esté incendiando nuestras calles, nadie puede poner en duda que está latente en muchos barrios de nuestras ciudades.

Pero pensemos de qué manera esta ayuda puede ser un acicate para generar empleo aún en una situación como la actual. La aspiración de un ciudadano responsable cuyo objetivo es trabajar, obtener un salario digno, desarrollarse personal e intelectualmente y mejorar su nivel de vida gracias a su esfuerzo, no es, desde luego, recibir un subsidio. Debe ser muy triste afrontar el futuro confiando en la liberalidad del resto de la sociedad y acomodarse desvergonzadamente a ello. Vivir de un mini-job – un trabajo poco remunerado y a tiempo parcial – por mucho que nos recomienden su implantación desde Alemania, no es tampoco una situación soñada por nadie. Además, es fácil concluir que ambas situaciones son poco aceptables para la dignidad de un trabajador.

Aceptar un empleo siempre conlleva la pérdida del subsidio. A veces es preferible rechazar una oferta laboral, sea por la inestabilidad económica o profesional o por la baja remuneración que se va a obtener. ¿Qué se consigue en ese caso? Nada.

Pero, ¿por qué no sintetizamos ambas medidas? Supongamos que el subsidio es compatible con la obtención de rentas del trabajo hasta determinado límite y a partir de ahí, se reduce progresivamente hasta desaparecer cuando el sueldo recibido por el trabajador supere una cantidad concreta que, incluso, podría ser diferente en razón a las cargas familiares.

El estado obtendría más ingresos vía impuestos, como mínimo por el IVA al incrementarse el gasto, la seguridad social recibiría las correspondientes cotizaciones y, por tanto, la carga final del subsidio para el estado sería menor, se compensaría e incluso el saldo podría llegar a ser positivo para las arcas públicas.

Por otra parte, es muy posible que el fraude se redujera a la vez que los parados no dudarían en aceptar ningún empleo ya que la supervivencia de su familia no se vería amenazada. No olvidemos que el diseño erróneo y apresurado de algunos planes de ayuda social acaba consiguiendo marginalizar a la población que pretende ayudar y les puede condenar a una vida subsidiada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: