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VACACIONES DE CINE


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Salzburgo es una pequeña ciudad austríaca enclavada en las estribaciones alpinas que dibujan la bellísima región lacustre de Salzkammergut. Vio nacer al genio de Mozart y su Festival de Música y Teatro, que se celebra desde hace casi un siglo, es uno de los más prestigiosos del mundo. Durante un milenio fue la capital de un estado eclesiástico gobernado por Príncipes Arzobispos que la embellecieron. Su casco histórico y los paisajes de la región han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Parece evidente que Salzburgo atesora suficientes méritos para convertirse en un destino estrella del turismo cultural pero curiosamente, dos terceras partes de los estadounidenses que la visitan confiesan que lo hacen para conocer los lugares donde Julie Andrews y Christopher Plummer rodaron Sonrisas y lágrimas (The sounds of music), el musical basado en la historia de la familia von Trapp que junto a las románticas cintas en las que Romy Schneider daba vida a la emperatriz Sissi representan, para medio mundo, la visión más idílica de Austria.

Vista panorámica de Salzburgo (Austria) desde el Mönchsberg.

Vista panorámica de Salzburgo (Austria) .

El valor del cine como difusor de la imagen y el atractivo de una ciudad es evidente. Puede ser fruto de la fidelidad al texto de cualquier obra literaria ambientada en la misma, a la propia historia, al interés personal del director o a una campaña publicitaria. Desde los orígenes del cine, algunas ciudades han sido el decorado de fondo de miles de películas que han provocado en los espectadores el deseo de visitarlas.

Aparte de ser la cuna del Imperio o la sede milenaria del Papado, Roma es también, en el imaginario popular, el escenario de las aventuras de una juvenil Audrey Hepburn que acompañada de Gregory Peck recorre las calles más populares de la ciudad sobre una Vespa. ¿Cuántas jóvenes de los cincuenta visitaron años más tarde Roma y no pudieron evitar la tentación de buscar la peluquería junto a Piazza di Spagna donde la princesa Anna se cortaba su abundante melena antes de visitar la Fontana de Trevi? Medio siglo más tarde, los carteles de Vacaciones en Roma adornan los quioscos de la Ciudad Eterna y son un referente para el turista.

En estas películas, la ciudad no es un mero decorado ni una referencia sino un protagonista más y a veces, el más interesante. Aunque gracias al cine y a las series de televisión estadounidenses conozcamos algunas ciudades de ese país casi como si fuera la nuestra, lo que genera en el espectador la ilusión de visitarlas en un futuro no es la belleza mayor o menor del decorado sino el protagonismo que adquieran en la trama, la gente, las calles y plazas y las panorámicas de la ciudad.

Es más, algunas de ellas, Roma es un ejemplo claro, no necesitarían esta promoción y, sin embargo, todos recordamos el Londres neblinoso de las películas de Sherlock Holmes, la torre Eiffel iluminada de Ninotchka, la Viena de Sissi, la florentina Piazza della Signoria de Una habitación con vistas, el Central Park neoyorquino de tantas películas o los tranvías de San Francisco y sus inclinadas calles que dieron título a aquella magnífica serie de televisión protagonizada por un veterano Karl Malden y un bisoño Michael Douglas.

Sin embargo es muy difícil recordar alguna película clásica que venda nuestras ciudades, sobre todo fuera del tipismo excesivo de toros y flamenco. Aún así, puede que la más recordada sea Fiesta basada en un texto de Hemingway y ambientada en los sanfermines aunque lo cierto es que salvo algunos planos generales de ambiente rodados en Pamplona, la mayoría del metraje se realizó entre los estudios de Hollywood y Morelia (México).

El turismo es, cada vez, una elección más personalizada. Aquellos paquetes cerrados del tipo visite la romántica Italia en nuestro tour de ocho días y siete noches viajando en un excepcional y moderno “autopullman” desde Nápoles a Venecia fueron certeramente diseccionados en una envejecida película americana – Si hoy es martes, esto es Bélgica – donde los protagonistas acababan perdiendo la noción del país que visitaban. Esa forma de viajar está pasando a la historia si no lo ha hecho ya.

La mayor formación del consumidor, el conocimiento de otros idiomas, y sobre todo el desarrollo de la venta directa a través de la red está convirtiendo el turismo en una opción cada vez más especializada.

Algunas acciones de marketing como las que se pueden ver en las grandes ferias turísticas están abocadas a desaparecer o, al menos, a reducir su influencia hasta extremos desconocidos. La presencia activa en la red con páginas atractivas amén de una correcta red de transporte son herramientas que van a ser mucho más efectivas en la captación de clientes que otras más tradicionales. Y aquí, el cine puede tener un papel primordial.

Es difícil negar el atractivo de los rabelos cargados de botas de vino verde sobre el Duero, frente a Oporto, una ciudad que es, como casi otros mil lugares del mundo, Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, las escenas de la biblioteca de Hogwarts, rodadas para la serie de Harry Potter, en la librería Lello e Irmao – considerada merecidamente como una de las más bellas del mundo –  han hecho más por el turismo de la ciudad que varias campañas publicitarias.

Woody Allen ha ultimado A Roma, con amor. Barcelona y París han sido el escenario de sus dos últimas cintas y nadie puede negar que la apuesta de estas ciudades por el realizador neoyorquino se ha traducido en una mayor afluencia de turismo. Los primeros minutos de Midnight in Paris son el mejor documental publicitario que se haya hecho de una ciudad en muchos años y Vicky, Cristina, Barcelona ha ayudado a convertir a la Ciudad Condal en un referente del turismo urbano en Europa y también en los Estados Unidos.

Sería muy interesante que los responsables políticos de nuestro turismo vislumbraran las posibilidades del cine como agente de ventas. Convertir nuestras ciudades en protagonistas cinematográficas significará crear en millones de espectadores de todo el mundo el afán de visitarnos.

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