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LOS HIJOS PERDIDOS


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Tomaré la lista de los que cayeron en la guerra y la leeré, nombre tras nombre, que nosotros, que somos más viejos que ustedes, no podemos escuchar sin emocionarnos. Para ustedes, la nueva generación, tan solo serán nombres pero para nosotros, cada nombre nos evocará un rostro, lleno de honestidad, bondad, celo y vigor y también promesas intelectuales, lo más selecto de una generación, la gloria de Inglaterra. Ellos, murieron por Inglaterra y por todo lo que ella representa. Y ahora, por una trágica necesidad sus sueños se han convertido en los de ustedes. Permítanme exhortarles, examínense a sí mismos, descubran donde se encuentra su verdadera oportunidad y su grandeza. Por amor a ellos, por amor a esta institución y a su país aprovechen esta oportunidad, alégrense de ella y no permitan que ningún poder de persuasión les desaliente en su tarea.

CAPILLA DEL CAIUS COLLEGE. CAMBRIDGE (REINO UNIDO)

CAPILLA DEL CAIUS COLLEGE. CAMBRIDGE (REINO UNIDO)

Un plano cenital acerca la cámara hasta el director del Caius College de Cambridge tras recorrer la imponente pared que recoge los nombres de los alumnos caídos en la gran guerra. El tono grave del discurso, la emoción contenida de los viejos profesores y la responsabilidad que los nuevos alumnos sienten sobre sus hombros hacen inolvidable y profundamente instructiva esta escena casi iniciática de Carros de Fuego.

La historia está llena de momentos trágicos en los que generaciones enteras son sacudidas por graves acontecimientos y desaparecen sin poder demostrar más que heroísmo o cobardía en la guerra o esfuerzo y desesperación en la paz.

Desgraciadamente, cada vez que un país desaprovecha el refrescante impulso de una nueva generación tira por la borda años de esfuerzo. Por eso da pánico leer el último informe de la OCDE donde España encabeza la triste estadística de jóvenes desesperanzados. Casi una cuarta parte de los que tienen entre quince y veintinueve años están desempleados y no reciben formación. Hay un desvergonzado sarcasmo en el hecho de denominarlos ni-nis, pues no creo que en la inmensa mayoría de ellos haya intención de no estudiar ni trabajar, más bien les lleva a ello la imposibilidad de encontrar un trabajo o la carencia de recursos para seguir formándose. Sin obviar que cada uno es responsable de su destino no podemos olvidar que el desempleo estructural y el acceso tardío de los jóvenes al mercado laboral son realidades que no ha generado esta crisis sino que nos acompañan desde hace decenios.

Las decisiones de quienes nos han dirigido en las últimas décadas, sea cual sea su signo político, abochornan. La educación es uno de los pilares fundamentales de la democracia y no puede dejarse al albur de los vaivenes políticos. Debe ser un pacto nacional que establezca los mínimos comunes y deje abiertas, a todos, las puertas de la libertad con la única limitación de los valores constitucionales que nos rigen.

Que cada cambio de gobierno conlleve una reforma profunda del sistema educativo sólo demuestra el sectarismo de quienes debiendo ser responsables del futuro del país han demostrado, en este ámbito, una absoluta cortedad de miras. Hay que educar en la libertad y la tolerancia, hay que abrir los ojos del alumno para que sea capaz de descubrir, y aquí me remito a la cita que da inicio a este artículo, donde se encuentra su verdadera oportunidad y su grandeza. Lo contrario es adoctrinamiento.

Pero si la gestión del sistema educativo ha sido pésima al someterlo a continuos cambios que buscaban más la imposición de un modelo ideológico que el desarrollo de la sociedad, la gestión del mercado laboral ha sido profundamente ineficiente, precisamente por la razón contraria. Frente al veletismo de la educación el dontancredismo del mercado laboral que podemos definir como inamovible. Sólo ahora, en plena crisis y mediante parches se ha afrontado la creación de un mercado laboral con aspiraciones de ser ágil, competitivo y eficiente. Tarde y en el peor momento. Aun así, reformar el mercado laboral requiere que la libertad sea para ambas partes y que todos puedan actuar de igual modo. Resulta curioso que una empresa pueda despedir a un trabajador en cualquier momento pero si es este quien quiere irse se le exija un preaviso, que algunos convenios, negociados por no se sabe quien elevan a veces, a semanas o meses. O, ¿por qué la reincidencia de un trabajador en acciones calificables como faltas justifica su despido pero las reiteradas condenas de la empresa – por acoso laboral o despidos nulos, por ejemplo – no son sancionables aunque es claro que se trata de comportamientos ilegales continuados?

La tragedia de nuestros jóvenes es que se sienten perdidos en un mundo donde no encuentran un sitio en el que desarrollar su vida de un modo digno. La dureza de la crisis es la justificación para recortar gastos en educación o en políticas activas de empleo, pero a la vez no disminuyen los asesores, ni las empresas públicas, ni los coches oficiales ni tantos sumideros de despilfarro público.

Es triste que sea la propia U.E. quien ha debido recordarnos que son fundamentales las políticas activas de empleo, el apoyo a los emprendedores, a los autónomos, a las pequeñas empresas familiares que son el sostén auténtico de una economía desarrollada y libre donde los agentes del mercado buscan la eficiencia y la competitividad y no el paraguas protector del estado o el abrigo sombrío de las influencias.

Si nuestros gobernantes siguen actuando sin mirar al futuro y se muestran incapaces de dar una salida digna a nuestros jóvenes, estos, en un ejercicio de libertad y responsabilidad personal cruzarán nuestras fronteras para no volver más, como los caídos en las trincheras.

Si, por el contrario piensan de una vez como estadistas y no como políticos podremos decir de ellos y de nuestros jóvenes como de los protagonistas de Carros de Fuego en el discurso final de la cinta: Loemos a los hombres famosos y a los padres que los engendraron. Todos ellos fueron colmados de honores durante su vida y constituyeron la gloria de su generación. Cerrando los ojos podemos recordar a aquellos hombres jóvenes con esperanza en sus corazones y alas en sus pies.

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