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MERCACHIFLES FINANCIEROS


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Las películas del oeste, esas que los entendidos denominan westerns, son parte de la infancia de generaciones enteras de españoles. Es cierto que a partir de los años sesenta entraron en franca decadencia y ya, salvo lucidas y contadas excepciones, los vaqueros no montan caballos como Furia que era negro como el azabache y sólo llenan los cines si pilotan naves interestelares, empuñan winchesters o revólveres galácticos y visten sus mejores galas siderales.

De aquellas sesiones vespertinas nos ha quedado a muchos la imagen de un tipo largirucho y algo afectado que vestido con una larguísima levita raída y tocado de sombrero hongo voceaba a los cuatros vientos, desde el pescante de su carromato, los inefables beneficios de un crecepelo de su invención. El botecito de cristal cuyas propiedades milagrosas se pregonaban a lo largo y ancho de las inmensas llanuras atravesadas por el Union Pacific, contenía una loción cuya receta era el secreto mejor guardado a esta ribera del Misisipi. Curiosamente, aquellos tipos duros y bravucones que desenfundaban el colt cuarenta y cinco  más rápido que lo que tarda un niño glotón en zamparse un bizcocho, caían embelesados ante la verborrea del chamarilero y acababan adquiriendo un puñado de botes de poción mágica.

Parece mentira que con la de años que han pasado, más del lejano oeste que de mi infancia, algunas cosas sigan siendo iguales. Nuestra sociedad tiene sin duda un punto gatopardiano y así si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. La contradicción del gatopardismo no es tal, se transforman mínimamente para que creamos que han cambiado aunque sólo muden de piel.

De hecho, durante los últimos años, han sido muchos los países que han utilizado fondos públicos para recapitalizar sus bancos. Y lo han hecho los países intervenidos pero también, Estados Unidos, el Reino Unido, Holanda y Alemania y … no busquen las gafas de lectura, porque no hay ningún error. Han leído bien, Alemania y Holanda también están entre ellos. El argumento está tan manido que no vale casi la pena repetirlo: capitalizar el sistema bancario es una necesidad ineludible, porque en caso de no hacerlo, quebraría y las consecuencias serían desastrosas para todos… bla, bla, bla…

Pero igual que en las viejas películas del oeste aparecía en alguna que otra ocasión el John Wayne de turno y hacía bailar al vendedor de crecepelos al ritmo de los balazos de su revólver rebotados en el suelo, a los inventores de la poción mágica para salir de la crisis financiera les ha aparecido uno de esos héroes desconocidos para la mayoría pero que desenfundan con rapidez y consistencia.

El Banco Internacional de Pagos, con sede en Basilea (Suiza) es algo así como el banco de los bancos centrales y en un documento publicado ayer, diecisiete de septiembre, se pregunta si se han traducido los rescates públicos en unas carteras de préstamos bancarios más seguras. Es decir, si ha merecido la pena dedicar ingentes cantidades procedentes de nuestros impuestos a salvar entidades financieras que previamente habían actuado de modo irresponsable, si no directamente delictivo. Sobre la inconveniencia este tipo de operaciones y el riesgo moral que generan ya escribí en su día y a ello me remito. Desgraciadamente, lo que hoy comprobamos es que los que siempre hemos defendido que toda empresa arruinada debe quebrarse sea cual sea su objeto social, llevábamos razón.

A la pregunta anterior sigue otra aún más inquisitiva: ¿disminuyó el riesgo de los préstamos bancarios tras esas operaciones de rescate? Los técnicos del Banco Internacional de Pagos han analizado los balances y las formalizaciones de préstamos sindicados de ochenta y siete grandes bancos con actividad internacional. Su conclusión es demoledora. Explican que a lo largo de 2009, el volumen de préstamos formalizados comenzó a disminuir y en contra de lo que podríamos esperar han constatado que los bancos rescatados no redujeron el riesgo de sus nuevos préstamos significativamente más que los bancos no rescatados. Volviendo a la vieja historia del oeste podemos decir que una vez que nos vendieron el crecepelo, dedicaron el dinero a comprar más botes para rellenar de porquería y seguir su negocio. O lo que es lo mismo, no parece que haya servido de nada.

El final del resumen del Informe del Banco Internacional de Pagos es muy interesante porque señala que nuestros resultados son relevantes para la evaluación de los programas de rescate bancario con fondos públicos actualmente en curso. Al menos es una garantía que una institución tan relevante acabe dándonos la razón a todos los que defendemos que las empresas mal gestionadas deben ser expulsadas del mercado sin contemplaciones. De ese modo, las que queden serán eficientes, prudentes y sobre todo, respetuosas con la ley.

Dedicar el dinero de los contribuyentes a limpiar los errores de empresas privadas o públicas, como las Cajas de Ahorros, ya sabíamos que era inmoral, ahora además, unos señores muy sesudos nos confirman otra cosa que sabíamos, que no sirve para nada.

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