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EL NIÑO DE LOS AZOTES


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Lo dijo en Bruselas el Comisario de Competencia, Joaquín Almunia, refiriéndose al calamitoso estado en que han dejado a las centenarias Cajas de Ahorros sus irresponsables dirigentes: Los culpables son quienes gestionaron mal y añadió, no voy dar nombres y apellidos pero a todos se nos ocurren algunos y podríamos hacer una lista bastante larga.

Sin embargo, asombra que todo parece quedarse en una mera identificación de los culpables. Recuerdo que para poder recibir la absolución de los pecados, el catecismo y la tradición cristiana exigen arrepentimiento, propósito de enmienda y reparación del daño, amén del correspondiente cumplimiento de la penitencia que se imponga al pecador. Y no me vale que me digan que vivimos en un estado aconfesional ya que el derecho penal contempla una estructura muy similar dado el origen común de nuestras fuentes jurídicas.

En este caso, que nos preocupa desde hace meses y nos va a ocupar muchos años, hemos visto muy pocos arrepentimientos, salvo que consideremos como tales los patéticos recursos a la ignorancia de muchos de los que han declarado ante jueces y comisiones parlamentarias. Lo que más me indigna es que no observo, ni siquiera eso que se llamaba atrición o arrepentimiento imperfecto y que es el que se produce cuando el pecador se arrepiente por el miedo a las consecuencias del pecado, no porque crea que su comportamiento ha sido injusto.

Representación en 2008 del "Miles Gloriosus" de Plauto.  LIIII Festival de Teatro Clásico de Mérida (España).

Representación en 2008 del “Miles Gloriosus” de Plauto. LIIII Festival de Teatro Clásico de Mérida (España).

Del propósito de enmienda, mejor no hablamos; ya que algunos directivos de Cajas de Ahorros defienden con cierto aire chulesco, incluso, lo que ellos denominan gestión y que, dados los resultados obtenidos, cualquier observador independiente calificaría como desguace.

Y del castigo impuesto, cuando lo haya, lo comentaremos.

Parece ser que arruinar a miles de clientes, provocar el despido de otros cuantos miles de trabajadores, acabar con instituciones seculares y provocar un agujero a las cuentas púbicas de decenas de miles de millones puede salir muy barato.

Existía en algunas cortes europeas de los siglos XV y XVI la extraña figura del niño de los azotes en la que se basó Sid Fleischman para escribir una conocida novela juvenil The Whipping Boy, llevada al cine por Disney. Dado que la figura del rey y por extensión la de su heredero, se consideraban sagradas, no parecía correcto castigar físicamente al príncipe como si fuera un mozalbete cualquiera. Sólo el rey podía poner la mano en cima a su hijo, lo que, dado que los príncipes se entregaban al cuidado de amas de cría, ayas y demás personal palaciego y la relación con los era meramente formal, suponer que un soberano educaba a su hijo era tan inocente como creer que se preocupaba por la salud o la educación de sus súbditos. Pero como era necesario educar al futuro rey, cada vez que el joven heredero cometía una travesura se decidía, en función de su gravedad, cuantos azotes debía recibir para a continuación, aplicarlos al niño de los azotes, eso sí, en presencia del zangolotino principito, no sé si con intención moralizante o meramente sádica.

Desgraciadamente, esa es la idea que ronda por la cabeza de millones de contribuyentes que se sienten como el niño de los azotes de un príncipe especialmente sádico. No sé a quien dar el papel de rey blandengue, pero los principitos incorregibles tienen nombre de caja y apellidos geográficos: Cajasur, Caja Castilla La Mancha, los tríos de UnnimManlleu, Sabadell y Terrasa – y Catalunya BankCatalunya, Tarragona y Manresa – el dúo gallego de NovaCaixaGalicia y las siete niñas de Bankia – Cajamadrid, Canarias, Laietana, Rioja, Ávila, Segovia y Bancaja que llevaba en la mochila el ya vendido Banco de Valencia.

La Comisión Europea ha aprobado los planes de reestructuración exigidos a las cuatro entidades nacionalizadas, aún en manos públicas. A cambio, los contribuyentes españoles, convertidos en niños de los azotes, pagaremos en un futuro 37.000 millones de euros, más intereses.

Es natural que el señor Almunia acusara a las entidades nacionalizadas de haber fracasado estrepitosamente en su adaptación a la nueva realidad del mercado. A las pruebas nos remitimos.

Es claro que no han sabido gestionar con eficiencia las actividades de riesgo propias de la banca, así que la UE, en expresión muy española, las devuelve a los corrales, obligándolas a renunciar a su desaforada y demencial expansión territorial realizada al calor del ladrillo, que además, como a los drogadictos se les prohíbe terminantemente. Cualquiera que conozca un poco la banca sabe que el banco nuevo en la plaza es el objetivo de todos aquellos malos clientes que las entidades locales se niegan a financiar. Para los amigos de los negocios arriesgados, una nueva sucursal bancaria es como la miel del panal para las moscas. Un foco de atracción irresistible.

Lo peor es que esto, aún no ha terminado y lo más triste de todo es asumir que  quien va a pagar este desaguisado es el niño de los azotes a quien por algo se le llama sufrido contribuyente.

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