EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

Inicio » Cuaderno de Bitácora » LA ESTRATEGIA WALPOLE

LA ESTRATEGIA WALPOLE


En 1714 falleció la reina Ana, última de los Estuardos. Aunque había candidatos de mejor derecho, el Act of Settlement de 1701, que aún sigue vigente, garantizaba la sucesión en la corona inglesa a los miembros de la protestante Casa de Hannover. Así que de acuerdo con lo establecido en el Acts of Union de 1707 que unía Inglaterra y Escocia, el Elector de Hannover se convirtió en Jorge I de Gran Bretaña.

El nuevo rey se sentía profundamente alemán y nunca estuvo del todo a gusto en Inglaterra. Siempre antepuso los intereses hannoverianos a los británicos y no demostró ningún apego hacia la corona inglesa aunque fuera mucho más importante que su pequeño principado centroeuropeo. No hay nada extraño en que, como tantos reyes, dejara el ejercicio del poder en manos de sus ministros, pero lo cierto es que su desidia por todo lo inglés, su casi absoluto desconocimiento del idioma, su desinterés por aprenderlo y sus viajes a la corte de Hannover que siempre sintió como suya permitieron a un avispado sir Robert Walpole, I Conde de Oxford convertirse, sin que nadie le nombrara para ello en Primer Ministro. Walpole nunca recibió el título de Prime Minister, oficialmente sólo era First Lord of the Treasury pero se le considera unánimemente el primero que de facto ejerció como tal.

El gobierno de Inglaterra funcionaba razonablemente bien, cada una de las distintas secretarías disponía de personal y estructura y el rey tan sólo se ocupaba de los grandes asuntos de estado como podían ser las relaciones internacionales. ¿Cómo pudo, entonces, sir Robert Walpole, líder de la mayoría whig en el parlamento, asumir la responsabilidad de presidir el gabinete del rey? Fácil: se presentó ante el monarca como la persona idónea para evitarle las tediosas reuniones con sus consejeros y ministros en las que un solícito Walpole le sustituía generosamente y después le informaba de modo sucinto de los asuntos tratados y las decisiones adoptadas. Poco a poco, Walpole pasó de ser un informal jefe de gabinete a convertirse, a ojos de todo el mundo, en el jefe del gobierno, un puesto que nunca hasta entonces había existido. Al final, hizo suyos una serie de poderes y competencias regias en beneficio de los futuros primeros ministros. El pueblo, incapaz de entender que un ministro se arrogara el poder de aquel rey más alemán que inglés, comenzó a llamarlo Prime Minister, más por chanza que como muestra de respeto.

En definitiva, sir Robert Walpole consiguió convertirse en imprescindible para el rey. Delegar es una decisión correcta siempre que se haga en las personas idóneas y se mantenga la dirección y decisión sobre los negocios que sean de nuestra competencia. En caso contrario se cae en el mismo el error de Jorge I, el flagrante abandono de la responsabilidad en manos de un tercero que parece el único capaz de sustituirnos. Visto hoy, Walpole sembró el germen del gobierno parlamentario. Hasta entonces, los ministros del rey, sólo dependían de él y en razón del principio medieval de designación divina de los monarcas, su decisión no se ponía en entredicho pero un Primer Ministro es un ciudadano más y por tanto, sus iguales en el parlamento pueden y deben censurarle.

La estratagema de Walpole es muy habitual en las empresas y en la administración pública. Suele darse sobre todo entre los Asesores Externos que tienen la necesidad de justificar, no ya sus minutas sino su mera necesidad y existencia. Disponer de expertos fuera de la estructura organizativa de la empresa puede ser útil, tanto como para el rey de Inglaterra era tener ministros en los que apoyarse para afrontar el día a día de la administración civil que además, podían aconsejarle ofreciendo una visión distanciada de la administración ya que solían ser miembros del parlamento y por tanto, representantes de alguna circunscripción. Ahora bien, cuando el Asesor, Consultor, Abogado o Profesional que fuere ve peligrar su situación tiende a generar en el cliente la misma necesidad que Walpole creó al rey Jorge I a quien le hubiera resultado mucho mejor aprender algo de inglés, contratar a varios intérpretes e incluso obligar a sus ministros a hablar alemán. En cualquier otro caso hubiera podido seguir manteniendo el timón del gobierno, creyendo a Walpole imprescindible, no. No olvidemos que antes de Walpole, Inglaterra había sido gobernada sin necesidad de que alguien ocupara un puesto como el suyo.

Por ello, cualquier directivo debe analizar si realmente necesita disponer de expertos o asesores sean o no externos y hasta dónde es conveniente que llegue su influencia. En caso contrario, puede ser que estos le apliquen sibilinamente lo que defino como estrategia Walpole o Principio de Imprescindibilidad Sobrevenida que puede formularse así: Un asesor externo de una organización empresarial puede convertirse en imprescindible de modo directamente proporcional a la necesidad que genera en el usuario del servicio e inversamente proporcional a su necesidad real.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: