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LOS DEPÓSITOS BANCARIOS NO SON PRÉSTAMOS


Más que del préstamo, la Banca nació del cambio de moneda. Almacenar o transportar oro en plena Edad Media era peligroso y esa fue la razón por la que se extendió la costumbre de entregar joyas, lingotes y monedas a quienes, por trabajar habitualmente con metales preciosos, tenían los medios materiales y personales para protegerlos. De ese modo, los cambistas medievales empezaron a aceptar la custodia del dinero de sus clientes mediante depósitos.

Palazzo Vecchio o di la Signoria desde donde Cósimo di Médici dirigió la república florentina. Florencia (Italia)

Palazzo Vecchio o di la Signoria desde donde Cósimo di Médici dirigió la república florentina. Florencia (Italia)

Ya en 1155 aparecen los Bancherius genoveses y a finales de ese siglo se efectúan pagos, compensaciones y giros sobre depósitos a discrezione, que los clientes depositaban a cambio del pago de un interés. El desarrollo documental de estas operaciones bancarias se conoce desde mediados del siglo XIV con la aparición de la polizza (precursora del cheque) y los Banchi di Scritta que asentados en la veneciana Piazza di Rialto ejercitaron además de esas funciones una especie particular de préstamo mediante la expansión de la Conta di banco, una tarjeta de crédito avant la lettre puesto que eran depósitos bancarios transferibles sin limitación, basados en la confianza y equivalentes a la circulación en descubierto. Surgieron los mercaderes banqueros que anotaban en sus libros los depósitos y saldos de sus clientes y mediante una hábil compensación de partidas efectuaban los movimientos de cuentas evitando la circulación monetaria. En la Italia medieval destacaron los los Accaiuoli, Peruzzi, Bardi, Alberti y sobre todos los Médici.

La intermediación financiera nació cuando el cambista (mercader u orfebre) dejó de ser un mero custodio y empezó a prestar servicios a sus clientes como por ejemplo, la realización de pagos por cuenta del depositante. Muy pronto, obtuvo autorización para invertir esos fondos por su cuenta a cambio de una remuneración. Es decir, dejó de cobrar por la custodia y pasó a pagar por el uso de los fondos ajenos, comprometiéndose, además, a entregar al cliente cuando lo pidiera una suma equivalente a la depositada.

Ese tránsito del depósito de custodia al de uso tiene gran importancia desde el punto de vista financiero pero jurídicamente la estructura de ambos no difiere mucho.

El depósito de custodia se denomina también depósito regular. Es un contrato por el que una persona entrega a otra de su confianza una cosa con la obligación de guardarla, custodiarla y restituirla a su legítimo dueño cuando este la reclame. El depósito de uso o irregular recae sobre bienes fungibles – aquellos que se consumen con el uso – permitiendo devolver una cantidad igual de la misma especie o calidad. Un sencillo ejemplo nos permite diferenciarlos; si dejo en casa de un amigo unas joyas familiares mientras estoy de viaje quiero que a mi vuelta me devuelva las mismas joyas pero si le dejo diez cartones de leche, me dará igual que no me devuelva los mismos siempre que los que me entregue sean de la misma marca y tipo.

Esta diferencia jurídica es la que permite al banco depositario utilizar el dinero de los clientes y devolverle una cantidad igual cuando lo solicite. Como toda actividad mercantil es remunerada deberá incrementarla con los intereses pactados. Aún así, aunque el depósito de uso permite al Banco disponer del dinero, no le exime del deber de custodia ya que, por amplias que sean las facultades de disposición del banco, esa exigencia está implícita y presente a través de la inexcusable necesidad de administrar su propio patrimonio, de forma que los depositantes puedan disponer del dinero entregado que sigue siendo de su propiedad. Es más, el depósito se realiza por la confianza que ofrece el banco, requisito fundamental del concepto jurídico y económico del depósito y que supone la base del negocio bancario. Sin confianza no hay banca.

El depósito bancario de uso típico de la banca es el de dinero. Unas veces son capitales inactivos y otras aquellos que están en tránsito entre dos inversiones y se depositan temporalmente.

Puede dividirse en varios tipos según la disponibilidad que se ofrece al cliente:

a.- Depósito a la Vista: el banco tiene la obligación de devolver la suma depositada a petición del depositante y cuando lo exija. Son las cuentas corrientes y de ahorro. Su principal característica es el servicio de caja que atiende órdenes de pago y cobro del titular.

b.- Depósitos con Preaviso: requieren un plazo previamente pactado para disponer.

c.- Depósitos a Plazo: sólo obliga al banco a restituir la suma, vencido el plazo pactado. Si el cliente lo requiere antes, el banco podrá penalizar los intereses que hubiera debido abonar.

En todos los casos los depósitos son propiedad cliente. Es muy importante dejar claro que un depósito, aunque sea una deuda del banco y al aparecer en su pasivo contable constituya la base del denominado pasivo bancario no es un préstamo. Hay dos características básicas que los diferencian. La primera es que el depositante puede reclamar su dinero cuando quiera, algo que el prestamista no puede exigir al prestatario. Y la segunda es que el depósito se constituye en beneficio del depositante que es el dueño del dinero y el préstamo en interés del prestatario que lo solicita con la intención de obtener con ese dinero un beneficio superior al coste financiero de la operación bancaria.

Esa es la razón por la que en el caso de quiebra de una entidad financiera, los depositantes deben ser los últimos a quienes se les exija dinero ya que, en ningún caso, manifestaron su intención de asumir riesgo alguno sobre las inversiones que el banco, administrador de fondos de terceros, hubiera realizado con el dinero.

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1 comentario

  1. Ya sólo falta que políticos y periodistas adquieran un poco de cultura financiera, esta que tan gentilmente compartes con nosotros. Una preciosa lección de historia, como siempre Luis, gracias.

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