EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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“OMNIA TEMPUS HABENT”


La originalidad, entendida como novedad, no es un valor en sí misma. La historia está llena de imitadores que superaron a sus emulados y de otros muchos triunfadores cuyos modelos reales jamás conocimos. Quizás, el caso más interesante sea el de – para unos cierto y para otros legendario – protonauta colombino. El misterio siempre ha rodeado la figura del descubridor de América. Así, según algunos, el futuro Almirante habría conocido y acogido en su casa de Madeira a un náufrago moribundo que, agradecido, le correspondió confiándole el secreto sobre la ruta que le iba a permitir arribar a las costas de Catay, la legendaria China de Marco Polo y Cipango, el misterioso y desconocido Japón de la época. Sea o no cierto, nadie puede negar que no parece imposible que Colón hubiera tenido alguna noticia sobre la posibilidad de una ruta occidental hacia las Indias.

Resulta meridianamente claro que los hombres que formaron la expedición castellana que zarpó del puerto de Palos no fueron los primeros en arribar a las costas americanas ni en contactar desde Europa con los habitantes del continente, pero sin embargo podemos afirmar con absoluta certeza que fueron los responsables del Descubrimiento de América. La importancia de los viajes colombinos no reside en el hecho de que arribaran a las playas de Guanahaní o San Salvador, sino que tras su vuelta se estableció entre Europa y América un trasiego constante de mercancías, capitales, conocimientos y personas concretado en un excepcional desarrollo económico y sociopolítico de ambos continentes que, como no podría ser de otra manera, está lleno de luces y sombras.

Y es que como proclama el aforismo latino, omnia tempus habent o lo que es lo mismo, todas las cosas tienen su tiempo. Por eso, en la gestión de empresa, lo más importante no es llegar el primero, y saborear en muchas ocasiones el amargo fracaso de los visionarios, sino hacerlo en el momento oportuno. De nada sirve anticiparse si el mercado no está preparado para absorber la novedad y desde luego, llegar tarde, aunque el arribo se revista de una apariencia novedosa no es garantía de éxito en ninguna circunstancia, como les ocurre a los que podemos calificar como gestores crepusculares y a los truhanes y plagiarios.

Vista aérea de la isla de Madeira (Portugal).

Vista aérea de la isla de Madeira (Portugal).

La elección del momento oportuno para tomar una decisión o iniciar un negocio es más importante, habitualmente, que el propio hecho en sí por interesante, novedoso o excepcional que sea el producto a ofertar al mercado. Esa es la razón por la que ningún gestor puede liderar una empresa si su conocimiento del mercado no es igual o mejor que el que tiene de su propia estructura. El análisis de la competencia, la prospección del mercado, el conocimiento de los clientes, de sus necesidades e inquietudes y la búsqueda organizada, entre los segmentos que previamente hayamos establecido como potenciales, de nuevos clientes constituyen un conjunto de medidas imprescindibles para poder asegurarnos, mínimamente, un resultado exitoso para nuestra decisión.

A su vez, es fundamental tener un conocimiento exhaustivo de la propia empresa; ningún general se atrevería a atacar al enemigo sin conocer las condiciones, avituallamiento y estado anímico de sus soldados. Entonces, cabría preguntarse por qué es tan habitual que los directivos no se preocupen por conocer las necesidades, intereses y actitud de sus trabajadores antes de tomar decisiones que les impliquen más allá de lo que exige la mera remuneración. Igualmente, se olvida en demasiadas ocasiones que quien mejor conoce al enemigo es quien se enfrenta a diario con él. Nadie tiene mayores referencias de la competencia y de la clientela que quienes están atendiéndoles en lo que podríamos, por analogía, denominar primera línea de mercado.

Disponer de un engrasado sistema de comunicación interna es fundamental para una correcta gestión empresarial. Todos y cada uno de los comentarios positivos o negativos de nuestros clientes deber llegar hasta quienes tienen la responsabilidad de decidir. Las empresas que han comprendido esta realidad y la aplican convenientemente se transforman en organizaciones eficientes porque, al comprimir la estructura jerárquica mediante los correspondientes canales de comunicación, consiguen que la relación entre directivos y clientes se asemeje a la tradicional cercanía del tendero con sus parroquianos. Esa realidad aporta a las empresas de cierto tamaño una ventaja competitiva de primera magnitud que unida a un claro conocimiento de su propio personal consigue que el momento en el que decidimos aplicar cada decisión sea siempre el idóneo.

Por todas estas razones, gestionar una empresa equivale a saber elegir el momento de cada decisión y para ello se requiere disponer de la información más precisa que sea posible recopilar. Propia y ajena.

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