EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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EL LARGO CAMINO ENTRE IDEA Y EMPRESA


Con cierta frecuencia todos tenemos ideas. Algunas las descartamos desde el principio sea por descabelladas o porque, sencillamente, nunca llegamos a creérnoslas; otras intentamos ponerlas en práctica en nuestra vida cotidiana y algunas, que creemos geniales pensamos que podrían convertirnos en millonarios. Sin embargo, más veces de las que nos gustaría, solemos descubrir en muy poco tiempo que lo que para nosotros resultó ser una novedad absoluta había sido desarrollado por alguien mucho antes, existe en el mercado e incluso se comercializa desde hace demasiados años como para que pueda resultar novedoso. Tampoco es extraño encontrar a lo largo de la historia ejemplos de serendipias, situaciones en las que personas de diversos países o culturas y desconocidas entre sí dan soluciones casi idénticas al mismo problema. Quizás todo este galimatías pueda resumirse en aquella vieja frase de un avejentado maestro que se confesaba rendido ante las travesuras de sus alumnos con un son demasiados para inventarlas y uno sólo para sufrirlas. Es así, porque por grande que sea, sólo hay un mercado y en cambio hay millones de personas ideando novedades o innovaciones que no siempre podrán concretarse; unas veces llegaran antes de tiempo y otras demasiado tarde, en ocasiones no serán útiles o resultaran caras e incluso más de una vez puede que, simplemente, no se aprecien por parte de los consumidores y caigan en el olvido hasta que alguien más avispado las recupere y presentándolas convenientemente las convierta en un éxito.

¿Un caso de serendipia o de orgullo nacional? Estatua erigida en Haarlem (Países Bajos) en honor de quien los holandeses consideran inventor de la imprenta, Laurens Janszoon Coster.

¿Un caso de serendipia o de orgullo nacional? Estatua erigida en Haarlem (Países Bajos) en honor de quien los holandeses consideran inventor de la imprenta, Laurens Janszoon Coster.

La diferencia entre una idea y una empresa rentable es la misma que hay entre escuchar a alguien cantar en la ducha La donna e mobile y asistir en La Scala milanesa a una representación del Rigoletto de Verdi. Ambas se parecen, pero es evidente que son muy diferentes. Por excepcional que sea la voz de quien canta mientras se ducha no podrá igualar los matices de la educada voz de un tenor acompañado de una orquesta perfectamente ensamblada con un coro legendario dirigidos todos ellos con la exquisitez y acierto propios de un gran maestro. Puede que en ambos casos las lágrimas asomen a nuestros ojos pero en cada uno de ellos la nobleza del sentimiento vendrá motivada por causas tan distintas como la lástima y la admiración, respectivamente.

Uno de los grandes errores de quienes se aventuran por el duro camino del emprendimiento es el de confundir una mera idea con un negocio. Una empresa exige rentabilidad, a las ideas les basta con la brillantez. Son magnitudes diferentes que, aunque no se excluyen, se debaten en ámbitos muy diversos.

La idea siempre es un negocio en potencia. Y a la vez, es evidente que si en su estadio inicial no vemos la posibilidad de convertirla en un negocio, difícilmente llegará a serlo. Para que una idea se convierta en algo rentable hay que transformarla hasta conseguir crear una estructura viva que sea capaz, no sólo de producir el bien u ofrecer el servicio previamente pensado sino de distribuirlo, comercializarlo y generar beneficios. Aunque parezca mentira, la rentabilidad es, en esencia, una magnitud muy sencilla de calcular. Se trata de que los ingresos generados sean capaces de cubrir la financiación y los intereses que devengue, amén de los costes de producción y los gastos generales. A partir de ese momento, una vez que un negocio gana su primer céntimo es rentable. Pero, lógicamente, debemos exigir algo más, los beneficios generados por un negocio deben revertir generosamente en quienes asumen el riesgo de ponerlo en marcha. No se trata de devenir siempre en multimillonarios pero si de premiar convenientemente el esfuerzo.

Por eso, lanzarse a emprender requiere recorrer ese largo y duro camino que transita desde la idea al negocio rentable. Para ello será necesario analizar el mercado con el objeto de descartar que nuestra idea exista previamente. De no ser así, podremos iniciar su concreción empresarial y el análisis del mercado nos mostrará aquellos productos que por ser parecidos al que hemos diseñado serán competencia desde el primer instante. De ese modo, ofreceremos algo que de una u otra forma nos permita distinguirnos. Uno de los mayores desafíos será diferenciarnos comercialmente de aquellos que, por ser similares, puedan convertirse en sustitutivos. Sólo de este modo podremos tener algo que ofrecer al mercado con garantía de viabilidad y quizás también, de éxito.

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1 comentario

  1. Misael dice:

    D. Luis,

    Desconocía sirendipia. La wiki le asigna un significado como de casualidad. Allí mismo dice que chiripa puede provenir de esta palabra. Ja ! qué bueno !

    Saludos

    Me gusta

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