EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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MELANCOLÍAS EMPRESARIALES


Vivimos tiempos de confusión y desconcierto. A muchos les parece que la crisis, más que transitar por nuestras vidas, pretende instalarse en ellas y acompañarnos un buen trecho del camino. Y este tramo es para casi todos el más duro que hemos recorrido hasta ahora. Los optimistas patológicos han desaparecido y los que pretenden combinar un moderado optimismo con cierto sentido analítico de la realidad han de manifestarlo en voz baja ante el clima de pesimismo visionario y apocalíptico que inunda a la sociedad española. Pero el optimismo que surge de la confianza en la rentabilidad del propio esfuerzo y en el justo fruto obtenido por un duro trabajo no es una inconsciente manifestación de intenciones sino el reconocimiento de nuestras mejores capacidades. Ya señaló Churchill en uno de sus mejores pensamientos que optimista es el que ve una oportunidad en cada calamidad y pesimista el que ve una calamidad en cada oportunidad.

Mirar hacia atrás no ayuda a avanzar sino todo lo contrario. Es más fácil tropezarse o caer por un barranco cuando nos recreamos en la belleza del camino andado y despreciamos descubrir la del tramo se abre ante nosotros y queremos recorrer.

Uno de los errores que más se repiten actualmente en la empresa española es el de la comparación nostálgica. Cada minuto que dedicamos a recordar lo bien que iba nuestro negocio hace unos años, es un minuto desperdiciado para afianzar el suelo sobre el que edificar un sólido futuro. Analizar la realidad actual de una empresa, de un sector económico determinado o incluso de un país mediante la simple comparación entre un pasado que en tiempos críticos, siempre parece mejor de lo que fue, y el presente duro y complejo, no sólo es un gravísimo error de gestión sino que delinea un pusilánime perfil directivo que denota cierta cobardía. La memoria es selectiva y el olvido es un mecanismo de autoprotección. Quizás por eso siempre recordamos la infancia como una etapa feliz y olvidamos todos aquellos terribles momentos que nos hicieron llorar desconsoladamente, las enormes verraqueras ante un capricho no conseguido o el intenso dolor provocado por una caída desde el columpio del parque. Y si las recordamos lo hacemos con una sonrisa ya que las consideramos cosas de niños, pero olvidamos que a aquel niño que fuimos y en aquel momento concreto le parecieron trágicas hecatombes.

Cada vez hay más empresas que como la bíblica mujer de Lot no soportan la tentación de volver la vista atrás y como ella, acaban convertidas en estatuas de sal que desmenuzará el viento hasta hacerlas desaparecer completamente. La gestión empresarial debe buscar la eficiencia que no es una estación a la que llegar sino una forma de hacer el viaje. No basta con haber sido eficiente, ni mucho menos con aspirar a serlo; el mercado sólo permite sobrevivir a la empresa que siempre es razonablemente eficiente. Por esa razón la comparación nostálgica sólo nos puede llevar a sufrir de melancolía, esa tristeza, definida con acierto por el diccionario como vaga, profunda, sosegada y permanente que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.

Cada vez que en una empresa alguien repite un triste ¡qué mal va esto!, o un ¡no sé cómo vamos a salir de aquí! erosiona un poco más la confianza – débil o fuerte – que puedan tener en el futuro de la compañía quienes forman parte de ella. Se trata de analizar la realidad y el entorno, definir las amenazas y buscar las oportunidades. Esa es la forma de ganarse un lugar en el futuro. Ningún análisis serio puede basarse en realidades que no sean homogéneas. Y sabemos, aunque sólo sea por puro sentido común, que ni nosotros, ni la empresa, ni proveedores, ni clientes estamos en una situación parecida a aquella que vivimos en los días de vino y rosas de la expansión. Ahora sufrimos la resaca y en esa situación hay que afrontar el futuro.

Miremos alrededor. Lo más seguro es que estemos mucho más solos que nunca porque serán demasiados los competidores que han desaparecido. Ahí está la primera oportunidad que nos ofrece la crisis y debemos aprovecharla: estamos a la cabeza de nuestro sector, aunque sólo sea porque aún respiramos. La empresa es una carrera de fondo. Y esa es nuestra mayor oportunidad en medio de tanta calamidad: Somos los primeros para mañana, nadie tendrá nuestra experiencia ni nuestras agallas. Aprovechémoslo.

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3 comentarios

  1. Misael dice:

    D. Luis,

    Magnífico post poniendo las cosas en su sitio. Basta ya de optimismo injustificados o de pesimismos destructivos. El camino, es eso, el camino. La aCtitud, es es, la aCtitud. La forma en que miramos la realidad moldea nuestros pensamientos que nos conducen de una determinada manera por la vida.

    Una pregunta: ¿ conoce vd la pnl ?

    Saludos

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    • Si se refiere a la Programación Neuro Lingüística, he leído algo al respecto y me parece muy interesante esa relación entre las experiencias positivas o de éxito y las vivencias subjetivas que todos tenemos.
      Es importante aplicar el realismo al análisis pero el optimismo en un futuro mejor no es más que el convencimiento de que somos capaces de escribir nuestro propio futuro con nuestro trabajo.
      Hace tiempo leí que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es optativo y creo que es una gran verdad. Se puede llorar por haber perdido algo o adaptarse a la nueva circunstancia y seguir disfrutando de la vida.
      Saludos.

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  2. Misael dice:

    D. Luis,

    Sí a eso me refería con la pnl. La pnl es fantástica porque enseña que realmente nuestros pensamientos no son frutos del azar; que son moldeables y que se pueden orientar para vivir mejor. Es genial. La búsqueda de experiencias positivas es sólo una de las aplicaciones prácticas.

    Tengo la sensación que los españoles nos hayamos “perdido” algo de la gran riqueza que supone ser católico. Quizá la religión se vive como es uno. Es posible. Pero la verdad es que Nuestra Santa Religión tiene muchas aportaciones relacionadas con el afán de superación y mejora de las personas.
    Le paso un enlace de un libro de José Tissot. El libro va desgranando la espiritualidad del santo de la dulzura, y yo diría del santo del volver a empezar, San Francisco de Sales. http://www.mscperu.org/neos/nbajar/15-El_Arte_de_Aprovechar_Nuestras_Faltas–Jose_Tissot.pdf

    Un cordial saludo

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