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PENSIONES: ¿CAPITALIZACIÓN O REPARTO?


Para poder analizar las ventajas e inconvenientes de los diversos sistemas de pensiones y sobre todo, para poder mostrar los errores en los que se ha incurrido o las injusticias que se puedan derivar de la aplicación de cada uno de ellos, es necesario explicar, al menos someramente de qué manera se instrumentan ya que en ambos casos el objetivo es el mismo, obtener una renta futura para sus beneficiarios.

Es claro que hay un elemento de azar en todo ello. La muerte, el accidente o la enfermedad pueden preverse estadísticamente pero es imposible saber de antemano quien y cuando va a ser el beneficiario de los pagos pactados porque será imposible conocer que socio va a sufrir la contingencia cubierta por el acuerdo común y menos aún, en qué momento.

Cualquier sistema de pensiones se basa en el concepto jurídico tradicional del Seguro Mutuo. La idea es muy antigua y hunde sus raíces en el Medioevo. En un contrato de este tipo, todos sus miembros ponen en un común un capital (aportación única) o realizan pagos periódicos que van generando un fondo que se utilizará para pagar las cantidades pactadas por los socios en función de las circunstancias aseguradas y en el momento en el que se den. Ese es el motivo por el que el socio – futuro pensionista – tiene la doble condición de asegurado individual y asegurador colectivo. Lógicamente, si el dinero del fondo se invierte generará intereses que incrementarán el capital común.

Refugio de Jubilados. Playa de Las Teresitas. Santa Cruz de Tenerife. (España).

Refugio de Jubilados. Playa de Las Teresitas. Santa Cruz de Tenerife. (España).

Este planteamiento de solidaridad basado en vínculos geográficos o profesionales existe desde hace siglos y ha dado lugar a la creación de diversas estructuras aseguradoras. De este modo, los trabajadores de cualquier sector tenían la tranquilidad de que si sufrían un accidente que les impidiera trabajar, el fondo común creado junto a sus compañeros les permitiría recibir una renta de subsistencia y si fallecían, su viuda e hijos podrían tener ciertos ingresos hasta que pudieran valerse por sí mismos. No eran planteamientos ambiciosos sino meramente aseguradores y pensados para ofrecer ayuda temporal a los miembros de una agrupación determinada. De ahí que se denominaran Hermandades o Montepíos que ya en el siglo XIX dieron lugar a las Cajas de Socorro que, con cantidades aportadas previamente por los obreros, permitían a estos mantener largas huelgas contra los patronos en defensa de sus reivindicaciones.

El desarrollo financiero dio lugar a otras estructuras más sofisticadas como la famosa tontina dieciochesca. Esta operación se basaba en la creación de un fondo económico aportado por un grupo de personas que incrementado en sus correspondientes intereses, se repartiría entre aquellos que estuvieran vivos en una fecha futura predeterminada. Debe su nombre al banquero napolitano Lorenzo de Tonti. Una variable era la que permitía repartir, cada vez que moría uno de los socios, una porción de los intereses entre el resto quedando el capital y el remanente final de intereses para el último superviviente. Aunque fracasó en origen, ya que su objetivo fue ofrecer financiación al gobierno francés encabezado por el Cardenal Mazarino, lo cierto es que acabó convirtiéndose en un auténtico seguro privado de vida y jubilación. Y curiosamente debió prohibirse ya que los asesinatos de participantes en tontinas por encargo de otros con dificultades económicas o totalmente arruinados llegaron a convertirse en moneda corriente. O tempora, o mores que hubiera exclamado el clásico.

Podemos por tanto concluir que los sistemas de pensiones basados en estructuras de reparto se soportan en principios de solidaridad y corresponsabilidad y deben incluirse dentro del concepto clásico y tradicional de seguro.

En cambio, los sistemas de capitalización se basan en criterios de ahorro personal. Aquí la responsabilidad es propia. La diferencia fundamental con el sistema de reparto reside en el capital que podemos ser capaces de crear para asegurarnos una renta futura suficiente. Esta situación que en los sistemas de reparto se encuentra suavizada por la elevada cantidad de socios supone la mayor falla de este sistema. A su vez, su mayor virtud es la ausencia de imprevistos provocados por situaciones de terceros que puedan reducir el capital común.

La creación de un capital propio cuya finalidad sea la obtención futura de intereses o frutos de contenido económico que nos permitan recibir rentas una vez finalizada nuestra vida laboral no requiere invertir en activos financieros ya que también puede generarse un patrimonio compuesto por inmuebles o propiedades agrícolas cuya renta constituya nuestra pensión futura. En los sistemas de reparto también puede crearse un patrimonio no financiero pero dado que requieren liquidez para hacer frente a los pagos de todos los beneficiaros, su propia estructura exige que al menos una parte del fondo sea líquido, o al menos, fácilmente liquidable.

Los activos en los que invertir son múltiples. La burguesía británica del XIX se hizo rentista gracias a los dividendos pagados por las compañías de ferrocarril que se había convertido en el medio de transporte más popular. En cambio, el siglo XX vio la aparición de otros tipos de activos industriales o comerciales con los que obtener rentas para disfrutar de una jubilación sin contratiempos económicos. La aportación de los Fondos de Pensiones se ha centrado en permitir una diversificación de las inversiones al sumar miles de planes personales de jubilación en un fondo común. En definitiva, el sistema de capitalización mediante fondos respeta el ahorro personal pero aporta la posibilidad de generar una cartera de inversiones diversificada aunque compartida con otros ahorradores.

En próximas Notas seguiremos analizando pros y contras y mentiras y verdades de los sistemas de pensiones.

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NOTAS SOBRE “EL SISTEMA DE PENSIONES”

PENSIONES: PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: ¿CAPITALIZACIÓN O REPARTO?

PENSIONES: DO UT DES.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (I) EL FRÁGIL EQUILIBRIO.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (II) INJUSTICIAS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (III) ABUSOS INDESEADOS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (IIII) CUESTIÓN DE POBLACIÓN.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (V) LA EXIGENCIA DE UN FONDO DE RESERVA.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (VI) RESPONSABILIDADES PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: LA OPCIÓN PRIVADA.

BASES FINANCIERAS DE LOS PLANES DE PENSIONES.

LAS POLÍTICAS DE INVERSIÓN DE LOS PLANES DE PENSIONES.

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2 comentarios

  1. Luis Mateo dice:

    Hay un factor temporal importante que afecta a los sistemas de reparto o de capitalización, y que creo conveniente destacar.

    En el caso de un sistema de capitalización, por poner un ejemplo, una entidad privada irá recibiendo períodicamente aportaciones, “sabiamente” las rentabilizará y al final de una vida laboral revertirá en el tiempo que uno pueda disfrutar de la jubilación, el principal mas una parte de los intereses generados.

    En el caso de un sistema de reparto las aportaciones de una unidad temporal (un año) de trabajadores en activo, se repartirán entre los jubilados.

    Una vida ahorrando comparada con un año de ahorro. Podríamos pensar en una catástrofe social que desarticulara ambos sistemas: una confilcto prolongado, tensiones sociales, belicismos, etc. Para no ser pájaro de mal agüero, prefiero considerar el riesgo que implica que una entidad financiera privada (o “curiosamente públicas” como las cajas, aquí tiene que haber de todo), que algunas ya sabemos como se las gastan, jueguen en los mercados con los ahorros de una generación.

    Perder los ahorros de una generación implica una mayor vulnerabilidad para los pensionistas que perder las aportaciones de un año. Amén de que cuando se capee el temporal, se puede instaurar el sistema de reparto de un año para otro, mientras que para el de capitalización necesitaríamos… una generación. ¿O no?

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    • Por esos motivos nunca leerás que yo defienda la eliminación del sistema público de pensiones basado en la solidaridad y la dignidad de las personas, de los ciudadanos. Pero creo que establecer sistemas privados de capitalización personal como complemento es una idea digna de considerar y creo que de necesaria implantación.
      Saludos.

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