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LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (II) INJUSTICIAS


Es sobradamente conocido que el actual sistema de pensiones, como toda estructura de reparto, se basa en que las aportaciones de los trabajadores en activo son las que pagan las prestaciones abonadas a los beneficiarios contemporáneos. Aunque reflexionaremos sobre las ventajas e inconvenientes de esa estructura en alguna Nota posterior, no podemos obviar que una cosa es el criterio de caja que se aplique al origen y aplicación de los fondos recibidos por la Seguridad Social y otra muy distinta que la forma en la que se determinen las cantidades a recibir en un futuro se base en criterios de proporcionalidad, justicia, redistribución de rentas o imagen política del estado.

Por ello, si en una Nota anterior analizamos la relación entre las aportaciones individuales y los retornos comprometidos, en esta abundaremos en la injusticia que ha supuesto y aún supone para determinados cotizantes la forma en que se han calculado sus derechos de cobro futuro, si se les compara con las cantidades ingresadas en la caja del sistema a lo largo de toda su vida laboral.

La edad de jubilación oficial ha sido, hasta la reforma de 2007, sesenta y cinco años. De todos modos, siempre se ha permitido anticiparla en determinadas circunstancias y con reducciones del importe de la pensión a recibir que sería prolijo enumerar y no aportaría mucho de cara a resaltar las claras injusticias del sistema.

Lo importante es que el método de cálculo siempre ha sido dual. En primer lugar, existe derecho a pensión cuando se ha cotizado un número mínimo de años que en España son quince. Después, se calcula el primer importe a percibir en función de las aportaciones realizadas. Pero sólo se tienen en cuenta un número de años inmediatamente anteriores a la fecha de jubilación. Originalmente eran dos y actualmente son quince. Quien hubiera cotizado quince años tendría derecho a la mitad de esa cantidad y este importe aumentaría porcentualmente hasta recibir la totalidad de la misma cuando los años cotizados sumaran treinta y cinco.

Simplemente leyendo el párrafo anterior queda meridianamente clara la injusticia del sistema. Cualquier persona que haya cotizado menos de quince años no genera derecho a pensión y todas las cantidades aportadas al sistema que debemos recordar que es obligatorio, acaban en una caja común de la que él no participa. Igualmente, quienes hayan cotizado más de treinta y cinco años, deben asumir que han regalado todas las cantidades aportadas por encima de ese límite temporal.

Pero la injusticia no queda ahí. Quienes cotizan a tiempo parcial no generan derechos en función de la cantidad aportada sino de las horas cotizadas. Es decir, para ellos quince años de cotización mínima son realmente, treinta si lo hacen a media jornada o, aunque parezca un chiste, sesenta si cotizaran un cuarto de jornada – dos horas diarias. Esta situación ha de ser corregida tras una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la que hablaremos próximamente, pero hasta ahora ha sido tal cual comentamos.

Parece claro que el sistema no puede calificarse de justo cuando hace que determinados ciudadanos obligados legalmente a cotizar lo hagan sin posibilidad de recibir una pensión futura, bien por no poder sumar el número mínimo de años exigido o porque les resulta imposible al no trabajar a jornada completa. Tampoco puede calificarse de justa la exigencia de seguir aportando cantidades una vez que se ha alcanzado el tope de años que dan derecho a recibir la pensión completa.

Por otra parte, tomar en consideración los dos últimos años para calcular el valor de la pensión favoreció el fraude ya que, sobre todo en pequeñas y medianas empresas, se elevaba la cotización en ese período para generar mayores pensiones incluyendo cantidades percibidas previamente pero no cotizadas. De ese modo, la empresa se beneficiaba de una menor cotización durante años a cambio de inflarla los últimos dos que eran los que interesaban al futuro pensionista. Esa forma de cálculo se fue ampliando y alcanza hoy los quince años.

El sistema no sólo es injusto sino que ha sido la negación más absoluta de la proporcionalidad económica ya que prima los años cotizados sobre las cantidades aportadas. Quizás la manera más fácil de verlo sea con un ejemplo:

Supongamos que el señor A cotiza cuarenta y cinco años por 1.000 € mensuales, lo que supone aportar 280 € al mes como explicamos en otra Nota. Por tanto, ha ingresado 151.200 € (280*12*45). Su pensión será de 1.000 € mensuales, ya que cotizó más de treinta y cinco años y tiene derecho al 100% de pensión.

El señor B cotiza quince años por 3.000 € mensuales y aporta 840 € al mes. Por tanto, su contribución al sistema suma 151.200 € (840*12*15). Su pensión será de 1.500 € mensuales, ya que cotizó quince años y tiene derecho al 50% de pensión.

Es decir, con las mismas cantidades aportadas el señor B obtendrá una pensión superior en un 50% a la del señor A, habiendo, ambos, aportado lo mismo.

Hechas estas consideraciones, parece claro que la única forma de estructurar un sistema justo y proporcional es tener en cuenta las cantidades realmente ingresadas al sistema durante toda la vida laboral del ciudadano. Y que sea esa cantidad la que se divida entre los años de esperanza de vida para calcular la pensión individual. Cualquier otro sistema sólo genera desigualdades, injusticias y desproporciones, a la vez que deja en manos de los políticos la posibilidad de convertir las pensiones en arma electoral y medio de comprar voluntades. La claridad y la justicia deben ser las claves del sistema.

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NOTAS SOBRE “EL SISTEMA DE PENSIONES”

PENSIONES: PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: ¿CAPITALIZACIÓN O REPARTO?

PENSIONES: DO UT DES.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (I) EL FRÁGIL EQUILIBRIO.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (II) INJUSTICIAS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (III) ABUSOS INDESEADOS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (IIII) CUESTIÓN DE POBLACIÓN.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (V) LA EXIGENCIA DE UN FONDO DE RESERVA.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (VI) RESPONSABILIDADES PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: LA OPCIÓN PRIVADA.

BASES FINANCIERAS DE LOS PLANES DE PENSIONES.

LAS POLÍTICAS DE INVERSIÓN DE LOS PLANES DE PENSIONES.

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1 comentario

  1. Misael dice:

    D. Luis,

    Magnífico artículo como de usual.

    Empiezo por el final. Vd. dice: “Cualquier otro sistema sólo genera desigualdades, injusticias y desproporciones” Pero si precisamente lo que se nos “coloca” como “igualdad” y “justicia (social)” es el sistema actual, porque lo justo e igualitario, según la voz de la calle, es que el que tenga más, by the face, reparta con el que tiene menos. Eso es lo que corre, lo que tiene tirón en la Expaña del sigolo XXI.

    Dice la Constitución que Expaña es un extado social y de derecho… ale ! Eso interpretado por malas cabezas y puesto el gobierno en malas manos da para mucho… o mejor dicho… da extado para poco tiempo.

    Lo que a mi me parece, y será que soy muy mal pensado, es que los gestores de nuestras pensiones, oh Dios mío, si son políticos !, les importa bien poco el mérito del cotizante para obtener su pensión acorde a sus aportaciones, porque más bien buscan a) el contentar a la gran masa de población al grito de “nosotros os daremos más que los otros” y b) ajustar las percepciones de los pensionados y el tiempo para devengarlas en función de la evolución de “lo que queda en la caja”. Así con estos mimbres tenemos el sistema nacional de Seguridad Social hecho unos zorros, y no sólo por la inversión de la famosa pirámide poblacional, quiá! esa es la excusa para no asumir responsabilidades… porque tiempo han tenido para tratar de nivelar los desajustes poblacionales ayudando con políticas de fomento de la natalidad, de ayuda a la familia, que ni siquiera aún hoy, y con el agua de la Seguridad Social hasta el cuello, promueven.

    Para terminar, y como vd. dice, cualquier sistema humano que pretenda sobrevivir en el tiempo, debe primar el mérito y la responsabilidad individual como principales factores. La Seguridad Social no es una excepción y hay que solucionarlo. No es cuestión fácil, porque aquí los factores “científicos” ocupan un lejano segundo lugar tras otros de orden política.

    Saludos

    Me gusta

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