EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LOS IMPRESCINDIBLES Y EL CAPITÁN PIRATA


De todos es sabido que el lugar donde se concentra el mayor número de imprescindibles de cada localidad suele ser el cementerio municipal. Y aún así, todavía hay quien se siente más que útil, necesario y más que necesario, imprescindible. La realidad es bien distinta. Sea quien sea el que desaparezca, la vida sigue. Pasan los grandes líderes y a veces, su obra se perpetúa, pero otras, y ahí está el caso paradigmático de Alejandro Magno, se diluye con la rapidez de un azucarillo en una taza de café caliente. Y desaparece por la incapacidad de legar una realidad consolidada, sin la viabilidad suficiente para sobrevivir ni la ambición necesaria para perpetuarse. En esos casos, serán otros proyectos y otras estructuras los que ocupen su lugar en el mercado. Serán mejores o peores, más o menos longevas, beneficiosas o no, pero siempre habrá sustituto porque como todos sabemos los mecanismos de reemplazo y supervivencia son inherentes al ser humano. Y además, nada es eterno en este mundo.

Baco en alta mar.  Ilustración. Luis G.Chacón

Barco en alta mar. Ilustración. Luis G.Chacón.

Por eso, sorprende la facilidad con la que los altos directivos de las empresas justifican la existencia de unas remuneraciones tan elevadas que llegan a resultar escandalosas. El argumento habitual es muy sencillo: gracias a quien lidera el proyecto la compañía obtiene importantes beneficios y en consecuencia, es justo que una parte importante del mismo pase a engrosar la cuenta corriente de quien ejerce de guía, unas veces visionario, otras genial – siempre de acuerdo con la definición ególatra del propio interesado o interesada de sus adláteres – de la compañía en cuestión. Sin embargo, la justicia, el sentido común y la realidad, desmienten tal razonamiento.

Analicémoslo con una historieta. Volvamos a nuestra infancia y pensemos en los corsarios que surcaban los mares a bordo de un bergantín pirata. Al fin y al cabo, la estructura jerarquizada de la tripulación de un barco corsario nos ofrece claras equivalencias con la de una empresa, si exceptuamos que hoy, el capitán no puede pasar a un marinero revoltoso por la quilla y que los empleados no suelen amotinarse y colgar al jefe del palo mayor. Dejemos de lado los pecados de pensamiento. Por otra parte, el botín es el beneficio fruto de la rapiña que, al fin y al cabo, es el objeto de su negocio y siempre existen reglas para su reparto.

Pues bien, la norma fundamental era que no todo el mundo recibía lo mismo ya que no era comparable la pericia de un piloto experimentado con la bisoñez de un grumetillo recién embarcado. En principio, los barcos que navegaban con patente de corso reservaban un décimo para el monarca otorgante de la misma; en tanto que los que lo hacían a su riesgo y ventura evitaban ese pago. Otra parte equivalente era para el capitán como líder de la empresa; considerémoslo como un bonus, una stock option o cualquiera de esos extras tan habituales entre altos directivos. El resto del botín se dividía en partes iguales y se entregaba habitualmente de un modo similar al siguiente: media parte para los aprendices; una para cada marinero; dos para el capitán  y otras dos para el contramaestre. Si el capitán era el dueño del barco recibía otras cinco o seis partes adicionales. Podríamos buscarle una equivalencia con nuestra reinversión de beneficios y pago de dividendos. Normalmente, un barco pirata tenía una tripulación pequeña ya que se trataba de embarcaciones rápidas y ligeras cuyo objetivo era asaltar grandes mercantes, pesados y lentos. En definitiva, el capitán tenía un sueldo que era tan sólo cuatro veces superior al del aprendiz, aunque su arrojo y pericia podría llevarle a obtener quince o veinte veces más botín que este.

Y ahora, demos un salto en el tiempo. ¿Puede considerarse justo que, cuando el salario medio en España ronda desde hace años los veinte mil euros, haya directivos cuya remuneración, sin ningún tipo de bonus o extra supere el millón? ¿Es de sentido común que el mayor salario de una empresa multiplique por setenta u ochenta veces al menor? Parece que no. Sobre todo porque nada apoya la idea de que la aportación de esos altos directivos sea tan única que no pueda ser sustituida. La pregunta es sencilla: ¿hay datos objetivos para sostener que sin los directivos actuales de una compañía está se vería inmersa en un rápido proceso de descomposición y desaparición? La realidad nos dice que no. Es más, las grandes empresas suelen seguir funcionando por inercia años después de que esos directivos que se creyeron imprescindibles hayan pasado a mejor vida… laboral, por supuesto.

Y por último, ¿qué ocurre con los accionistas? Estos son los dueños de las compañías pero casi nunca son tenidos en cuenta a la hora de decidir estas remuneraciones que acuerdan los propios gerentes que se consideran genios imprescindibles a la vez que desprecian el trabajo de quienes son la cara de la empresa ante el mercado.

Si miramos atrás veremos la cantidad de empresas que perdieron al fundador, al líder carismático o al gerente aparentemente imprescindible y siguieron adelante gracias a algo que  – volvamos a la infancia – el capitán pirata, desde el alcázar de popa a veces olvida: el trabajo de los marineros halando cabos para navegar a todo trapo mientras sopla barlovento y su coraje cuando la tempestad rasga las velas, para evitar el naufragio.

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2 comentarios

  1. Misael dice:

    D. Luis,

    La indemnización de Goirigolzarri, al que ya menté, 52 millones de €uros de vellón, es un caso claro de abuso de la cúpula ejecutiva de una gran empresa. Recuerdo, como si lo eschuchara ahora mismo, como algunos periodistas decían eso mismo que vd. decía “que Goirigolzarri había hecho que el BBVA ganara mucho dinero”… y claro esas afirmaciones vienen sin demostración alguna, como L’oréal, porque yo lo valgo. Hay muchas formas de robar… algunas son ilegales…
    Lo curioso es que esos abusos no hayan sido regulados, para impedirlos, por nuestros parlamentarios, ellos tan dados a legislar sobre cualquier cosa. Es curioso.

    Siempre me ha resultado cansina la cantinela esa de que nuestros políticos ganan poco… que hay que pagarles más para evitar posibles tentaciones de corrupción… Desde los medios nos tratan como estúpidos… o es estúpido el que dice eso… cualquiera de las dos es preocupante.
    Todas estas cosas me recuerdan mucho a cuando se dice que las olimpiadas 2020 traerán beneficios incalculables a Expaña… Si fuera así no estaríamos como estamos porque los eventos Barcelona 92 o Sevilla 92 ya eran de un “futuro valor incalculable…” Evidentemente, los que viven del dinero público están deseosos que el dinero fluya por sus despachos y plantear unos JJOO ahora mismo, habiendo gente en Expaña pasando necesidad, es un gran despropósito.

    Un saludo

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    • No seré yo quien niegue la capacidad de señores como Goirigolzarri, pero desde luego mientras sean ellos los que se evalúen y decidan sus remuneraciones, creeré que el sistema esta corrompido.
      Y no dude que los Juegos Olímpicos de 2020, si los dan a Madrid, serán otra ruina para el país aunque suponga el enriquecimiento de algunos.
      Saludos.

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