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LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (IIII) CUESTIÓN DE POBLACIÓN.


Como sabemos, el sistema de reparto se basa en pagar las pensiones actuales con los fondos generados por las cotizaciones del momento. De ese modo, la cuenta general del sistema de pensiones genera déficit o superávit en función del balance financiero que exista entre cobros y pagos. Los ingresos provienen de las cotizaciones, a las que deben añadirse los rendimientos del fondo de reserva y los gastos son, exclusivamente, el pago de pensiones. Por tanto, hay una relación cuya evolución debe vigilarse continuamente: la que existe entre cotizantes al sistema y número de pensionistas. La segunda ratio a seguir es la de población activa que es, al fin y al cabo, quien financia el sistema y que constituye el límite máximo de cotizantes de una economía.

Para comprender la importancia que tiene la pirámide poblacional debemos analizar ambos conceptos. Se denomina tasa de dependencia o de sostenibilidad a la relación existente en cada momento entre cotizantes y pensionistas y tasa de dependencia de empleados a la que se da entre los empleados y el conjunto de ciudadanos mayores de 65 años. Podemos señalar que España alcanzó la cota máxima de 2,5 cotizantes por pensionista en 2007, si bien, desde entonces ha ido cayendo, a la vez que aumentaba la tasa de paro, hasta situarse ligeramente por debajo de 2.

Si hacemos un breve repaso histórico, veremos como en los primeros años de la transición democrática la tasa de dependencia era suficientemente alta para las necesidades del momento ya que tanto el sistema de pensiones como la población eran relativamente jóvenes. En cambio, la tasa de dependencia de empleados era baja ya que la mujer aún no se había incorporado masivamente al trabajo. Esa circunstancia, unida a la menor esperanza de vida, hacía que las pensiones fueran bajas y cortas en el tiempo y que las de viudedad, dado el porcentaje aplicado, fueran mucho más bajas que aquellas de las que se derivaban.

Más tarde, la crisis de los noventa llevó la tasa de dependencia a mínimos y sólo comenzó a subir, como no podía ser de otra manera, cuando a mediados de la década empezó la creación masiva de empleo, tanto masculino como femenino propiciado por el desarrollo económico del cambio de siglo, la integración europea y la entrada en vigor del euro. No debemos olvidar, en ningún caso, las aportaciones realizadas por los inmigrantes que llegaron a España en esos mismos años. Lógicamente, el estallido de la burbuja inmobiliaria y la dureza de la crisis se han cebado con el empleo y por ende, con la relación entre cotizantes y pensionistas. A todo ello se añade, como otro elemento más de preocupación, el aumento de la esperanza de vida y el consiguiente envejecimiento medio de la población.

En los primeros ochenta, a España le bastaba con una tasa de 1,5 – 1,7 ya que las pensiones eran bajas y temporalmente cortas. En cambio, hoy, con pensiones más altas y más largas en el tiempo, 2 puede ser una tasa baja.

Por tanto, parece evidente que el principal problema del sistema de reparto es que depende en exceso de la evolución de la población general y de la población activa en particular. Así que, una correcta previsión demográfica es fundamental para poder dar soluciones a los problemas de futuro que presenta el propio sistema.

Si hay algo claro es que no hay una tasa estándar que nos permita definir la salud de un sistema de reparto ya que aunque lo reduzcamos al dato numérico que surge de realizar una simple división (número de cotizantes entre número de pensionistas), también influye que cantidades aportan quienes conforman el numerador y cuanto cobran los que aparecen en el denominador. En este caso, si el cociente es uno, el sistema estará en un equilibro perfecto. De ser mayor que uno estará generando superávit y cuando es menor da lugar a déficits que podrán enjugarse con el recurso a cualquier tipo de Fondo de Reserva que, lógicamente, debe haberse creado y nutrido con anterioridad. De no ser así, no quedará más solución que inyectar dinero público al sistema proveniente de los impuestos corrientes o recurrir a la financiación externa comprometiendo, en este último caso, impuestos futuros.

Hoy, además, nos encontramos con pensionistas con largas carreras de cotización cuyas remuneraciones provienen de las aportaciones de trabajadores precarios y con sueldos bajos lo que dificulta aún más la posibilidad de equilibrar el sistema de modo inmediato.

En definitiva, debemos concluir que un sistema puede ser estable y generar superávit con una tasa de dependencia  de 2 y no serlo con otra de 3. Por tanto, independientemente de cualquier acción a largo plazo, la mejor receta para mantener el equilibrio del sistema es la puesta en marcha de políticas generadoras de empleo.

Por tanto, el problema se centra en realizar previsiones correctas ya que si conocemos el número de cotizantes necesario para mantener el sistema de seguridad social en equilibrio corriente o, al menos, la tendencia de la población activa, obtendremos cierta estabilidad financiera durante el período temporal inmediato.

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NOTAS SOBRE “EL SISTEMA DE PENSIONES”

PENSIONES: PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: ¿CAPITALIZACIÓN O REPARTO?

PENSIONES: DO UT DES.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (I) EL FRÁGIL EQUILIBRIO.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (II) INJUSTICIAS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (III) ABUSOS INDESEADOS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (IIII) CUESTIÓN DE POBLACIÓN.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (V) LA EXIGENCIA DE UN FONDO DE RESERVA.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (VI) RESPONSABILIDADES PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: LA OPCIÓN PRIVADA.

BASES FINANCIERAS DE LOS PLANES DE PENSIONES.

LAS POLÍTICAS DE INVERSIÓN DE LOS PLANES DE PENSIONES.

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2 comentarios

  1. Magnífica serie de notas sobre pensiones. Me ha encantado la sencillez de los cálculos de la primera (aunque podríamos discutir si todo lo paga el trabajador o lo hace la empresa, si ves el vaso medio lleno o medio vacio), y sobre todo cómo has traído a colación la teoría del salario de subsistencia (que comparto) para diferenciar la pensión de jubilación de otro tipo de prestaciones. Esperemos que nuestros políticos cambien esas alfombras que comentas por blogs como el tuyo, para bien de todos los españoles. Gracias por compartir.

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    • Gracias Ángel, El asunto de quien paga es claro, lo hace el trabajador que está obligado, en un mercado laboral razonable – aquí dejo campo para la crítica – a producir por encima de su coste, incluyendo en este salario, cotizaciones y cualquier otro concepto imputable.

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