EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA PELIGROSA NOVEDAD DE DISCURRIR


No parece aventurado afirmar que la nómina de quienes han ceñido la corona de España no es tan brillante como defendían los viejos libros escolares. Aquellas gazmoñas historietas hagiográficas, no resisten un estudio mínimamente crítico y pasan de puntillas sobre ambiciones, traiciones, robos y demás crímenes, a la vez que volcaban sobre cortesanos, validos, pérfidos liberales y enemigos tradicionales – habitualmente ingleses, franceses y protestantes de toda nación – los errores de tanta testa coronada por la suerte voluble de la lotería genética.

Pero si en algo coincidían hasta las enciclopedias escolares de la posguerra, tan devotas del Trono y el Altar, era en el juicio histórico sobre Fernando VII. No hay figura más detestable en toda la historia de España; traidor a su familia y a su patria; desleal con su pueblo; felón, cobarde, cruel, vengativo y criminal sin límite moral alguno; chabacano, inculto, marrullero, tramposo, mentiroso y perjuro. Tan intenso fue el terror que inundó España tras el fin del Trienio Liberal, que todos conocemos los últimos diez años de vida y reinado del tirano como la Década Ominosa.

Si durante el Siglo de Oro, la importancia cultural de España fue pareja a su poder político, bajo el reinado de Fernando VII, lo fue al nivel intelectual y a la incompetencia del monarca que unidos a la terrible represión practicada contra quienes creían tener derecho a disponer de opinión propia, hicieron de España un páramo cultural, social y económico. Tan es así, que la colección de la Gazeta de Madrid guarda, en las páginas de su edición del 3 de mayo de 1827, una auténtica joya que constituye una de las mayores muestras de servilismo, cobardía y miseria intelectual. La Exposición dirigida a S.M. firmada por algunos profesores de la Universidad de Cervera. No parece propio de un claustro universitario proclamar: lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir, que ha minado por largo tiempo, reventando al fin con los efectos, que nadie puede negar, de viciar costumbres, con total trastorno de imperios y religión en todas las partes del mundo.

Es claro que el objetivo de un memorial tan servil como innecesario no era otro que hacer profesión de fe absolutista en un momento en el que cuestionar la autoridad del monarca o que esta provenía directamente de Dios, era causa suficiente para acabar en alguna celda insalubre esperando un juicio cuya sentencia estaba dictada de antemano.

En cualquier ámbito de actuación humana, sea familiar, social, política o laboral, el miedo es causa de muchas aceptaciones inadmisibles. Renegar de todo principio empujado por el pánico a perder algo es, desgraciadamente, tan reprobable e indigno como habitual y cobarde. La justificación puede ser comprensible pero ineficiente y cortoplacista. Ineficiente porque vincularse en exceso a quien dicta una norma injusta, genera rechazo entre quienes nos rodean y cortoplacista porque esas situaciones difícilmente se consolidan y así, el beneficio inmediato se torna en pérdida una vez que ha desaparecido la causa que anima la conducta servil.

En las empresas y en época de crisis como la actual es demasiado habitual, tanto el alejamiento de la peligrosa novedad de discurrir como las adhesiones inquebrantables al jefe. Es más, es difícil entender una sin la otra ya que no es posible la fidelidad perruna si no se renuncia, previamente, la capacidad de raciocinio y análisis.

El destructivo círculo vicioso generado es muy sencillo de analizar. Es fundamental disponer de un jefe con ínfulas de infalibilidad. Este espécimen suele darse entre empresarios poco formados intelectualmente que desprecian los conocimientos de quienes les rodean tanto como entre los perfiles directivos – permítanme el neologismo –hipermasterizados que lo hacen respecto a cualquiera que no haya cursado varios posgrados. En ambos casos es imprescindible que se una a la ignorancia o a la hiperformación ciertas dosis de soberbia y prepotencia, constituyendo una mezcla explosiva de capacidad nuclear.

Por otra parte, se requiere una plantilla con vocación de rebaño lo que, desgraciadamente, no es excepcional. El proceso de adocenamiento es rápido en cualquier estructura social y empresarial. Aquellos que tienen sentido crítico suelen abandonar la empresa, rebajando la calidad del capital humano de la misma pero una vez que la crisis ha mostrado su peor cara, deberán decidir si se convierten en héroes o prefieren elegir entre renunciar a sus principios o camuflarse en medio del rebaño.

Los dos ingredientes provocan, claramente un tipo de empresa que, aunque parezca mentira puede sobrevivir a la crisis, pero no lo hará a la recuperación. El miedo a perder el puesto de trabajo si se contradice al jefe, hará que nadie se atreva a discurrir y por tanto, nadie aportará nada nuevo a la empresa, lo que tendrá como consecuencia una caída continuada de calidad en su producto y en su propia estructura.

Las crisis pasan, tardaran más o menos en hacerlo, pero desaparecen como lo hizo la Década Ominosa y en ese momento, quienes se camuflaron entre el rebaño lo abandonaran ya que su adhesión fue tan pragmática como cobarde. La empresa, entonces, quedará con una plantilla compuesta por los sucesores de los individuos de la universidad de Cervera – así se nombran a sí mismos – que firmaron la conocida Exposición a S.M. Serán tan obtusos y retrógrados como estos que rechazaron la idea misma del razonamiento de modo absolutamente consciente.

Por eso, es claro que con esos mimbres poco cesto podrá hacerse, razón por la cual algunas empresas que están sobreviviendo a la crisis basando su gestión en la amenaza y la represión laboral, no podrán superar la recuperación.

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1 comentario

  1. Anónimo dice:

    Totalmente de acuerdo en que esas empresas superarán la crisis pero no la recuperación.

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