EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES (VI). RESPONSABILIDADES PÚBLICAS Y PRIVADAS


Hemos realizado en las Notas anteriores un breve análisis de nuestro sistema público de pensiones. La idea principal de las mismas ha sido aclarar su estructura real, definir a que retos se enfrenta e incluso imaginar cual sería su estructura financiera si se hubieran tomado medidas para su viabilidad mucho antes. El sistema de reparto es comúnmente admitido en todas las sociedades modernas y desarrolladas porque responde a los principios fundamentales que informan nuestras democracias.

Es claro que la democracia, en un estado moderno, no puede reducirse al mero ejercicio del voto. Una sociedad democrática exige mucho más. Igualmente, la libertad formal, aquella que está recogida en las leyes es sólo una sombra de la libertad real, que es la que puede ejercerse entre ciudadanos libres. ¿De qué sirve la libertad de mercado, cuando una parte importante de la población carece de recursos para adquirir bien alguno? ¿Es útil la libertad de expresión si los medios de comunicación, sean públicos o privados, no admiten más opinión que la que satisface a sus dirigentes o propietarios? ¿Tiene algún valor el derecho de jubilación si nadie garantiza un ejercicio digno del mismo? En definitiva, ¿cómo puede darse contenido a esa serie de derechos formales? ¿Hay algún camino que nos permita convertir una serie de meros desiderátum en una realidad tangible?

Este tipo de argumentos, tienen como base argumental un hecho incuestionable; el estado, como cualquier otra institución, está obligado a justificar su mera existencia. El ciudadano, considerado individualmente, renuncia a una parte importante de su libertad desde el mismo momento en el que pasa a formar parte de una sociedad organizada y es justo que esta compense a cada uno de sus miembros por esa renuncia que no siempre es voluntaria. Es difícil para un ser humano vivir aislado, no sólo porque no nos guste sino porque el mundo estatizado en el que vivimos tampoco nos deja.

Existe, por tanto, una clara responsabilidad del estado respecto de sus ciudadanos. Y en el caso que nos ocupa debería plasmarse en el establecimiento de una renta de supervivencia o renta mínima ciudadana que permita a toda persona acceder a un nivel de vida digno desde la cuna hasta la tumba. Concretando la idea en el ámbito de las pensiones es claro que el estado tiene dos funciones básicas, ofrecer a cualquier ciudadano necesitado esa renta básica y otra muy diferente, actuar de garante de los ahorros de todos aquellos que hayan realizado aportaciones al sistema contributivo de pensiones. En este caso, el sistema retornaría ingresos a todo el mundo, pero lo haría en relación directa a las cantidades aportadas a lo largo de su vida laboral sin complemento ni mejora social alguna. Esa pensión contributiva se sumaría a la renta mínima eliminando de ese modo el recurso habitual al dinero de las pensiones para atender necesidades sociales básicas no contempladas en el pacto social sobre el que se cimenta el propio sistema de pensiones. Lógicamente y así lo hemos analizado, esas pensiones no serían muy elevadas ya que ningún trabajador aporta dinero suficiente por la vía de las cotizaciones como para obtener un retorno que le permita mantener su nivel de vida durante el resto de sus días.

Y aquí, una vez definida la responsabilidad social o estatal debemos plantear cual es la responsabilidad personal de cada uno de nosotros. Porque una cosa es que el estado debe justificar la necesidad de su existencia y otra muy diferente convertir en parásitos a una parte de la sociedad o permitir siquiera que lleguen a serlo. Si la solidaridad es un valor que hace de una tribu, una sociedad civilizada, la individualidad evita que esta se degrade hasta convertirse en rebaño.

Todos y cada uno de nosotros somos responsables de nuestro propio futuro. Sabemos de nuestras capacidades y necesidades, conocemos las propias limitaciones y ambiciones y no resulta ético que exijamos a los demás que asuman el coste que supone mantener nuestro nivel de vida previo al retiro. Así, una parte de esa responsabilidad será compartida y quedará garantizada por el estado, pero la otra debe ser exclusivamente nuestra. Por eso, la responsabilidad personal es crucial en el desarrollo de un sistema de pensiones equilibrado y sostenible.

Nadie debería obviar la necesidad de disponer de un patrimonio suficiente para complementar los ingresos que dispondrá una vez jubilado. Es evidente que el mismo debería implementarse mediante un ahorro constante y continuo desde que se inicie la actividad laboral y por supuesto, la decisión sobre como constituirlo debe ser absolutamente personal. Para unos lo ideal será invertir en activos financieros, de renta fija o variable o en seguros; otros preferirán hacerlo en activos fijos, rústicos o urbanos con idea de obtener rentas o plusvalías gracias a su venta futura. Unos preferirán realizar sus inversiones de modo individual y otros buscarán diversificar riesgos haciéndolo a través de sociedades o instituciones de inversión colectiva.

Sea como fuere, el mercado ofrecerá siempre posibilidades de inversión que sean capaces de satisfacer todos los perfiles posibles pero lo más importante es que los ciudadanos asuman que la responsabilidad de su futuro no puede descansar sobre hombros distintos de los propios.

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NOTAS SOBRE “EL SISTEMA DE PENSIONES”

PENSIONES: PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: ¿CAPITALIZACIÓN O REPARTO?

PENSIONES: DO UT DES.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (I) EL FRÁGIL EQUILIBRIO.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (II) INJUSTICIAS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (III) ABUSOS INDESEADOS.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (IIII) CUESTIÓN DE POBLACIÓN.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (V) LA EXIGENCIA DE UN FONDO DE RESERVA.

LA NECESARIA REFORMA DE LAS PENSIONES: (VI) RESPONSABILIDADES PÚBLICAS Y PRIVADAS.

PENSIONES: LA OPCIÓN PRIVADA.

BASES FINANCIERAS DE LOS PLANES DE PENSIONES.

LAS POLÍTICAS DE INVERSIÓN DE LOS PLANES DE PENSIONES.

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