EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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UN SERMÓN MEDIEVAL PARA LOS “OLÍMPICOS”


Años antes de ocupar la sede romana como Juan Pablo I, el cardenal Luciani, entonces Patriarca de Venecia, solía publicar en Il Messagero di San Antonio, unas deliciosas cartas dirigidas a diversos personajes que utilizaba como vehículo para transmitir a sus fieles la doctrina cristiana. En una de ellas, glosaba con simpatía un sermón dirigido a estudiantes y profesores por san Bernardino de Siena, franciscano y predicador de excepcional elocuencia, en junio de 1427. Proponía el docto maestro siete reglas útiles para llegar a ser hombres de provecho, algo que también nos inculcaban a los niños de mi generación.

Púlpito de la Catedral de Baeza, (España).

Púlpito de la Catedral de Baeza, (España).

Aconsejaba el santo que para obtener un resultado óptimo del estudio, y yo añadiría que de cualquier reto al que nos enfrentemos en la vida, se requiere aprecio, separación, tranquilidad, orden, discreción, delectación y perseverancia. Utilicemos las mismas reglas, pero apliquémoslas ahora al desarrollo de un proyecto de empresa, de ciudad o de país y quizás sea más fácil entender porqué el rechazo del Comité Olímpico Internacional ha sido beneficioso para Madrid y puede convertirse en una bendición para la ciudad y para España si somos capaces, de una vez, de trabajar con proyectos de largo alcance y abandonamos la obsesión por desarrollar el país a base de impulsos desacompasados.

Decía san Bernardino que sin aprecio por lo que se hace no se pueden conseguir resultados, porque no es posible adquirir cultura si no se estima a la propia cultura e igualmente, no hay manera de desarrollar óptimamente un negocio u obtener lo que se desea si no se aprecia la propia idea, si no se cree firmemente en ella. ¿Cuántas veces, tras la maqueta de un proyecto o el folleto de presentación de un negocio sólo existe el más absoluto vacío? Sea este intelectual o económico o sólo busque convertir esa nada en la cortina de humo que oculta una realidad que no se quiere mostrar.

También aconsejaba separación y hacía hincapié en la necesidad de alejarse, entre otras tentaciones, hoy extemporáneas, de las malas compañías para centrarse tan sólo en el estudio. Aunque a veces parezca increíble, la ética es fundamental en los mercados libres. Lástima de que estos no existan siempre. Si nuestros ediles hubieran hecho caso de este sabio consejo del santo franciscano hoy España no sería un mar de corrupción urbanística.

Tranquilidad es la tercera regla. Vivimos en un mundo donde la prisa y la urgencia se han tornado en necesidad, olvidando que a lo que muchos trabajadores llaman urgencia solo es impaciencia o falta de previsión. Esta crisis nos ha mostrado claramente algo que ya intuíamos, que los negocios que suben como un cohete, también acaban bajando con la misma velocidad.

Orden y equilibrio constituyen la cuarta de las reglas. Un lago helado representa un idílico lugar de recreo pero si lo infestan cientos de patinadores y cada uno de ellos decide su propia ruta, la capa de hielo acabará cediendo. La estabilidad económica de un país requiere que no existan grandes desequilibrios regionales como ocurre en España. Y la celebración de Madrid 2020 los hubiera incrementado al recibir la capital inversiones para infraestructuras de las que ya dispone pero que no existen en otras partes del país. Y no me refiero ni al AVE ni a los aeropuertos peatonales made in Spain, sino a cuestiones más prosaicas como podría ser la creación de empresas basadas en el capital intelectual en derredor de nuestras universidades.

La quinta regla es la discreción, como sinónimo de sensatez o dicho en román paladino, no corras más de lo que te permitan tus piernas. O lo que es lo mismo, nunca endeudes un proyecto si no es capaz de generar, por sí mismo, los suficientes retornos para devolver las cantidades recibidas y los intereses generados. En definitiva, no te endeudes para que lo paguen otros y menos si esos otros son los ciudadanos que por razón de residencia, no van siquiera a tener la oportunidad de disfrutar las infraestructuras y mejoras que puedan quedar una vez que se apague la llama olímpica.

La delectación es la sexta y quizás la más seguida en cuestiones de empresa. Pues si san Bernardino defendía que nadie persevera en el estudio si no obtiene del mismo ese placer del ánimo que llamamos deleite, lo que place en el negocio es el beneficio. Otra cosa es que este sea económico o, como aspiraban nuestros olímpicos candidatos, meramente reputacional o publicitario.

Y por último, la más importante de las reglas, la menos seguida y más olvidada, la perseverancia. Escribía el cardenal Luciani, citando a san Francisco de Sales, que la mosca se posa en una flor un instante y salta a otra; el abejorro se para un poco más pero disfruta haciendo ruido con las alas; la abeja, en cambio, liba a fondo el néctar de cada flor, regresa a la colmena y nos regala la miel. Porque la perseverancia no es la porfía necia del majadero, sino el trabajo continuado y constante del profesional inteligente. De nada sirve estrellarse contra una pared si su consistencia es mayor que nuestra fuerza.

España no puede basar su futuro en organizar un año unos Juegos, otro una Expo y un tercero un Campeonato de algún que otro deporte, más o menos seguido y popular. Ni los aeropuertos ni los trenes de alta velocidad atraen viajeros per se, ni los parques temáticos o los casinos, turistas. Esta planificación económica por espasmos se agota en su propio cortoplacismo. Puede que salga bien y cerremos sin pérdidas, pero lo habitual es que una vez que termina el evento nos quedemos como Villar del Río tras el paso fugaz de los americanos en Bienvenido Mister Marshall.

Lo que necesita la economía de este país es perseverancia para desarrollar proyectos a largo plazo. Pero como el horizonte de nuestros políticos no va más allá de las próximas elecciones, pretenden que España crezca a empujones. Recomendaba san Bernardino a sus alumnos y colegas algo que olvidan nuestros políticos, y mucho más en estos casos: Habla claro, de modo que quien te escuche marche contento e iluminado pero no deslumbrado.

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2 comentarios

  1. Misael dice:

    D. Luis,

    Siendo todo esto así como vd. comenta, apuntar que la organización de macroeventos, tiene más la finalidad, callada por supuesto, de lanzar al estrellato a sus promotores que cualquier otra cosa. Qué fácil resultará luego de habernos molido a impuestos, subido todo tipo de tasas, decir que fueron aquellos grandes eventos los que posibilitaron la salida de Expaña del agujero. Y nadie contestará el embuste. Se asumirá como cierto que la idea de tres o cuatro fueron el verdadero motor de la economía y no los millones de expañoles que pagaron sus impuestos y con su trabajo y perseverancia lograron aupar al país.

    Ya sabemos que los éxitos tienen muchos padres y los fracasos son huérfanos. ¿ Dónde hay que pedir explicaciones de los 8.000 millones que se han dilapidado en la organización del evento olímpico madrileño ? ¿ Quién va a dimitir o a dar explicaciones y a entonar el mea culpa por el fracaso institucional y económico que ha supuesto ?

    Saludos

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