EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LOCURA DE AMOR BANCARIA


En la cultura judeo-cristiana y greco-latina a la que pertenecemos, existe cierto reparo a la hora de reconocer públicamente nuestra condición de deudores. Los que tenemos cierta edad recordamos la antigua versión del padrenuestro en la que rezábamos perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, haciendo equivaler deuda a pecado, pues ¿qué otra cosa puede perdonarnos Dios? Decir de alguien que estaba hipotecado era, hasta no hace muchos años, manifestar que se encontraba a las puertas de la ruina. Tan es así, que el Diccionario de la RAE define hipotecar, en su segunda acepción, como poner en peligro algo con alguna acción. En el otro extremo, ser un buen pagador es un elogio que incluye la solvencia, la seriedad y la formalidad comercial en una sola expresión.

Todo ello se deriva de la consideración ética y moral del préstamo y del crédito, propia de nuestros principios culturales. Es más, crédito tiene aquel en quién creemos ya que nos ofrece reputación, fama o autoridad y siempre en sentido favorable. Sea o no de dinero, es comúnmente admitido que al recibir algo en préstamo disponemos de un bien propiedad de un tercero y siendo la propiedad el derecho real más preciado en nuestra tradición jurídica, social y económica es de justicia que se devuelva a su legítimo propietario en idénticas condiciones a aquellas en las que lo recibimos.

Ruinas del pueblo fortificado de Juromenha (Portugal).

Ruinas del pueblo fortificado de Juromenha (Portugal).

Financieramente, deber dinero no es, ni bueno, ni malo. Es más, lo que si debe preocuparnos como particulares, empresas o estados no es tanto tener deuda como que no nos la concedan. Y por último, lo que realmente determina la preocupación que produce la deuda no es, ni mucho menos, cuanto sino como se debe. Es claro que debemos diferenciar entre deuda y obligación de pago La primera es el montante adeudado y la segunda la forma en que vamos a devolverlo.

Además, no debemos olvidar que un contrato de préstamo se celebra entre dos personas distintas: el prestamista, que es quien entrega el dinero con la esperanza de que le sea devuelto incrementado en los correspondientes intereses y el prestatario, que es quien lo recibe con intención de invertirlo para obtener un beneficio superior al coste pactado.

Hasta aquí, todo es perfectamente claro y evidente. Sin embargo, vivimos en una pesadilla de deuda. Al igual que Zavalita – el protagonista de Conversación en la Catedral, la excepcional novela de Mario Vargas Llosa – se pregunta ¿en qué momento se jodió el Perú?, nosotros podríamos averiguar ¿en qué momento se jodió el mercado bancario? Porque ocurrió. Hay un punto de inflexión evidente que marca el momento en el que la banca, que ya había dejado de lado la sensatez, decidió perder la vergüenza. Y lo hizo sin rubor alguno.

Tras el ajetreado verano de 2007, los bancos y cajas empezaron a refinanciar la deuda impagada de las promotoras inmobiliarias que fueron las primeras damnificadas del estallido de la burbuja. Actuaron como Juana la Loca ante el cadáver de Felipe el Hermoso, pero sin la pasión de Aurora Bautista ni la exquisita dirección de Juan de Orduña en esa joya de nuestro cine de posguerra que es Locura de amor. Por mucho que la reina gritara por los pasillos de palacio su desgarrador, ¡No está muerto, está dormido!, los nobles, pajes y criados de toda edad y condición sabían, como los españoles sospechábamos de muchas empresas que crecieron aupadas por la ingravidez de la burbuja, que lo que emanaba de la cámara regia no era el dulce aroma del agua de rosas sino un denso hedor cadavérico.

Años después, España está sembrada de túmulos funerarios. La diferencia entre esta locura de amor bancaria y la de nuestra desquiciada reina es simple. A ella consiguieron convencerla para que enterrara a Felipe el Hermoso en Granada y así evitar que los efluvios del cadáver provocaran una epidemia. Nuestros banqueros, en cambio, fueron incluso aplaudidos por las autoridades cuando empezaron a extender la plaga, esperando que su legión de príncipes despertara de un sueño, que se ha convertido para casi todos ellos, en eterno.

El Diccionario de la RAE recoge, como uno de los significados de trampa el de deuda cuyo pago se demora. Y así, todos caímos en una terrible trampa saducea ya que cuando no se asume la realidad, se vive en un mal sueño en el que hagas lo que hagas, te equivocas. Si admites la ruina inmobiliaria y la quiebra de tus clientes, caes y si no lo haces, sólo aplazas tu caída a cambio de hacerla mayor y más estrepitosa. Cada aplazamiento se basa en un mero apunte contable que da lugar a una deuda mayor cuando llega el día de pago.

Pero el problema se ha sublimado y ahora ya es del banco o de la caja refinanciadora. En unos casos porque, como dice esa frase que todos hemos escuchado si debes mil euros al banco, tienes un problema, si debes un millón, el problema lo tiene el banco, y en otros, porque aunque sólo se deba mil, como no hay posibilidad alguna de devolverlos, el ciudadano se limita a asumir la situación para poder vivir en paz consigo mismo.

Por eso, si levantan la vista y miran a su alrededor, verán aún, seis años después del inicio de la crisis financiera, decenas de políticos y dirigentes de las Cajas que, plenamente convencidos, aún gritan desgarrados de dolor por las esquinas, ¡No está muerto, está dormido!

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2 comentarios

  1. Anónimo dice:

    Hola Luis, fantástica reflexión.
    Le añadiría un punto: escarbemos un poco mas en el origen del problema, vayamos hacia atrás en el tiempo y seguramente encontraremos un sector inmobiliario / construcción al que permitimos crecer hasta representar, de forma e indirecta, un 25% de la economía y prácticamente pesar casi un 100% en la capacidad de generar ingresos impositivos de las administraciones territoriales.
    De nuevo, descuidamos otro de los principios básicos de la banca: evitar las grandes concentraciones de riesgo.
    A ver si tenemos oportunidad de vernos un día y charlar largo y tendido sobre estos temas … con un cafelito o cañita delante.
    Un abrazo Rafa Salinas

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    • ¿Qué tal Rafa? Viniendo de ti el comentario es más que un elogio. Es claro que el excesivo garantismo de nuestra banca ha propiciado los excesos de financiación al sistema inmobiliario, no sólo ahora, dicho sea de paso. Así que te tomo la palabra y en la próxima nota reflexionaremos sobre ello.
      Un abrazo y queda ese café o la caña pendientes.
      Luis

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