EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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CUANDO 2+2 SEAN 5…


Hace unas semanas la vi por primera vez y reconozco que me llamó la atención. Sobre un desnudo muro de bloques de cemento, mudo vestigio de esa burbuja inmobiliaria que si somos racionales y mínimamente inteligentes recordaremos toda la vida, alguien ha dejado escrito con letra regular y pulso firme: Cuando 2 + 2 sean 5… A sus pies, un par de letras –TQ – proclaman que la vocación de intimidad del mensaje es tan clara como sus ansias de publicidad.

Debo reconocer que durante días intenté deducir si los puntos suspensivos que seguían a la frase significan siempre o nunca. Tan voluble es el alma humana que el mismo mensaje puede transmitir un ilusionado dejaré de quererte cuando dos más dos sean cinco, como un desgarrador te querré cuando dos más dos sean cinco. Al final, el optimismo me hizo decantarme por lo positivo y concluí para mi fuero interno que sin duda alguna se trata de una promesa de amor eterna dibujada con la pasión y delicadeza propias de la juventud aunque sea sobre el basto cemento del muro. Aún así, parece que esa imposible igualdad condicionada por el adverbio de tiempo nos quiere llevar hasta un futuro lejano y no sé si improbable.

Cuando 2+2 sean 5...

Cuando 2+2 sean 5…

En matemáticas se denomina prueba inválida cualquier planteamiento lógico falaz en el que aparece intencionadamente un error de base que es, a su vez, fundamental para la falsa solución buscada. Se conocen desde la antigua Grecia y entre los siglos XVI y XVII se convirtieron en juegos matemáticos populares utilizados para hacer ver a los alumnos que ni la ciencia exacta por antonomasia está libre de la corrupción y de la mentira humana. De todas las pruebas inválidas desarrolladas a lo largo de los siglos, recordé que fue Bertrand Russell – filósofo, lógico, matemático y escritor británico ganador del Nobel de Literatura – quien utilizó la falsa igualdad del 2 + 2 = 5 para ilustrar la idea de que, con cierta habilidad, podemos realizar cualquier deducción de un enunciado absoluta y claramente falso.

Cuentan que uno de los estudiantes que recibía clase de filosofía de Lord Russell le preguntó: Supongamos que usted piensa que dos más dos es igual a cinco, ¿se podría deducir que usted es el Papa? Resulta evidente que la propuesta es más que surrealista. En primer lugar porque el enunciado es claramente falso y eso lo advierte cualquiera que tenga los más básicos conocimientos aritméticos; eso que en tiempo de nuestros abuelos se llamaban las cuatro reglas. Y por otra parte, porque la pregunta final no parece que tenga relación alguna con la propuesta inicial. Y sin embargo, la mente ágil del profesor respondió rápidamente: Supongamos que dos más dos es igual a cinco. Si restamos tres a cada uno de los miembros de la identidad, obtenemos que uno es igual a dos. Por simple simetría, si uno es igual a dos, dos es igual a uno. Dado que el Papa y yo somos dos personas distintas, y dado que dos es igual a uno, el Papa y yo somos uno y como resultado de ello, yo soy el Papa.

La elegante ironía del razonamiento russelliano nos demuestra cómo pueden retorcerse los argumentos para darle cierta racionalidad a lo que no es más que una falacia. Para los aficionados a las matemáticas, es conocido que algunos de sus más ilustres estudiosos – Pitágoras, Newton, Descartes o Fibonacci – desarrollaron pruebas inválidas, unas veces como medio pedagógico y otras como simple desafío intelectual. Y para casi todos nosotros resulta evidente que demasiados directivos de todo tipo de empresas plantean, a veces con demasiada frecuencia, auténticas pruebas inválidas con la única intención de demostrar lo indemostrable, sea a sus propios socios o trabajadores o a clientes, proveedores, bancos u organismos públicos fiscalizadores.

El miedo a la verdad siempre es mal compañero de viaje. Escribió Thomas Jefferson que el hombre que no teme a las verdades, nada tiene que temer de las mentiras. Pero hay quien lo olvida con demasiada frecuencia. El trabajo de un directivo de empresa consiste en gran parte, en dar solución, con rapidez y eficiencia, a los problemas que le surgen a diario. Por ese motivo, generar pruebas inválidas para ocultar la realidad de una compañía no es sólo irresponsable sino que tiene muy poco recorrido pues hay demasiados intereses contrapuestos en el mercado como para que se permita pasar de modo gratuito este tipo de razonamientos.

Y sin embargo se ha convertido en algo muy habitual. Sea para negociar con trabajadores, clientes, proveedores o bancos, son tantos los intereses contrapuestos que muy difícilmente, esos alambicados razonamientos acabarán convenciendo a nadie. Guste o no, el único interés que tienen aquellos a quienes una empresa debe dinero es el de cobrar en tiempo y forma. No es posible que de un mismo dato inicial se deduzca que una empresa es más que rentable de cara al banco financiador pero sufre graves problemas si se trata de negociar con proveedores o trabajadores.

No es raro encontrar Cuentas Anuales en las que la empresa declara pérdidas y sin embargo el informe de gestión de la compañía incluye argumentos terriblemente falaces con la clara intención de llegar a conclusiones tan falsas como deseadas por el autor intelectual de las mismas. Y ahí aparecen las activaciones de gasto, los ajustes de magnitudes o las curiosas Cuentas Anuales Proforma que se calculan teniendo en cuenta situaciones que no se han dado pero que podrían haber ocurrido y de haber sido así, la empresa habría obtenido unos importantes beneficios que, lógicamente, sólo serán reales cuando 2 + 2 sean 5 …

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1 comentario

  1. Misael dice:

    D. Luis, buenisimo el articulo como de usual. En nuestro cainita país es frecuente encontrar esos argumentos invalidos para justificar la sinrazon. El problema es que nuestra sociedad, desprovista en sus curriculums academicos de las ciencias que ayudan a la formacion del pensamiento sucumbe ante la más mínima argucia. ¡ qué curioso que todos los engaños apelan a los instintos primarios ! ¿ o quizá no sea tan curioso y tenga su sentido ?

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