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Y QUE ¡VIVAN LAS “CAENAS”!


Publicado en Granada Hoy.

Para Churchill, la democracia es el sistema político en el que si en mitad de la noche suena el timbre de tu puerta, sabes que es el lechero y no la policía. No cabe duda de que dormimos más tranquilos cuando nos sentimos protegidos por las garantías constitucionales que impiden el uso arbitrario del poder. Si la autoridad nace del servicio al ciudadano, el autoritarismo lo hace del desprecio y si una se sustenta en el respeto a la justicia, el otro se sostiene sobre las porras de los guardias. Gobernar no es fácil y menos aún en circunstancias tan difíciles como las actuales. Pero el desencanto y el descontento no se combaten cercenando la libertad sino atendiendo a las necesidades de los ciudadanos. Quizá por eso sea bueno recordar a quien gobierna que el primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio. Es triste, pero frente al estoico pensamiento de Séneca, el gobierno ha preferido el látigo. Ha dado un inadmisible giro autoritario y retrógrado a la política de seguridad y pretende legislar contra los ciudadanos que en uso de derechos inalienables, decidan manifestarse, concentrarse o protestar.

El anteproyecto de Ley de Seguridad convierte a la Administración en juez y parte y desjudicializa el orden público. Sin contrapesos entre los poderes, la democracia no existe. Una ley que exige autorización administrativa para el ejercicio de un derecho fundamental es ilegítima desde su origen. La libertad no se solicita. Si se cree en ella, simplemente se ejerce la propia y se respeta la ajena puesto que no hay libertad sin responsabilidad.

En Misterioso asesinato en Manhattan, Woody Allen se negaba a escuchar a Wagner porque le provocaba la tentación de conquistar Polonia. Ese es el problema de ponerle una gorra al primero que pasa por delante del cuartel; que se mira al espejo y se cree mariscal de campo. ¿Qué fue del PP que se opuso tenaz y justamente a la patada en la puerta de la ley Corcuera? ¿Cómo puede el PSOE, ser hoy tan hipócrita como amnésico? Sabemos que el poder odia a la libertad tanto como esta recela de aquel. Quienes defienden esta norma recuerdan a quienes gritaban felices Vivan las “caenas” a la vuelta Fernando VII, el rey traidor y felón. Allá ellos. Otros, como Benjamin Franklin, creemos firmemente que quien sacrifica la libertad por la seguridad no merece ninguna de las dos y acaba perdiendo ambas.

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