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EL AÑO DE LA MUGRE


Publicado en Granada Hoy y Diario de Jerez.

Dicen que la mala fama del trece nació de la traición de Judas, pues ese fue el número de quienes compartieron la Última Cena. Pero que el decimotercer año de este siglo venía torcido y que la certeza de su mal augurio no era cuestión de supersticiones era vox populi. Magro consuelo sería que todo lo vivido y sufrido fuera capricho de los hados. Hay años que pasan sin dejar huella. Pero otros se marcan a fuego en la memoria y puede que 2013 sea uno de ellos.

La crisis, que ya hace mucho que es sistémica, nos ha golpeado con la fuerza de una riada devastadora. Ha asolado España pero también ha aflorado toda la mugre acumulada en las cloacas del sistema político, económico y social del país y la ha esparcido ante nuestros cada vez menos asombrados ojos. Nunca se sabe cuánto bien puede hacerte un enemigo. Esta vez ha derruido el decorado del cuento de hadas en el que vivíamos dejando a la vista el patético relato de terror que ocultaba. Así que nos fuimos a dormir en el almibarado mundo de Disney, nos despertamos en un relato de Stephen King y volvimos a usar palabras casi olvidadas como hambre y pobreza.

Este año que se va confirma la imperiosa necesidad de regeneración que exige España. No hay una sola institución del estado que no esté salpicada, de una u otra forma, por la corrupción, el desinterés y la ineficacia. Y no se salva ni rey ni roque, que diría don Quijote. Ni un solo cargo público debería mirar a la cara a un ciudadano sin bajar la vista avergonzado. Sumemos a ellos sindicatos, empresarios, banqueros y un largo etcétera. Puede que sólo sean unos pocos los delincuentes pero la responsabilidad por omisión también es exigible. A unos por haber traicionado a sus votantes y a otros por anteponer sus propios intereses, partidarios o corporativos, a los de los ciudadanos. Y si la corrupción es un cáncer, la impunidad es su metástasis.

Un nuevo año no cambia nada. Pero ante el paisaje destruido por la riada podemos elegir entre llorar mientras el barro se seca a nuestros pies y nos atenaza o tragarnos las lágrimas, coger una pala y retirar la mugre y las ratas de las calles. Nuestra es la decisión. Es la sociedad civil quien ha de elegir el futuro de todos. La democracia es algo mucho más profundo que depositar un voto en una urna y la libertad y la dignidad ciudadana son eternas, los líderes o los partidos, no. Ojalá recordemos 2014 como el año de la limpieza.

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1 comentario

  1. misael dice:

    Grandes deseos y alharacas de optimismo son el analgésico que nuestra clase política nos administra cada 8 horas: mañana, tarde y noche. Es un pacto tácito, para ellos es modus vivendi y, para el administrado es la forma de evitar darse de bruces con la terca realidad. Lo vimos la otra noche en el discurso de SM. Pareciera que con esos 20 minutos se ganara el sueldo de todo el año, porque después ya no se le ve el pelo o el brillo de la calva. Si ya sé que algunos dirán que el rey actua entre bambalinas. Pues parece que utilizan las bambalinas para disimular sus muy particulares tejemanejes, porque en 35 años de bambalinas, desde 1978, no parece, viendo el resultado que haya sido muy exitoso su desempeño. Y sino mírese en qué condiciones tiene el país.

    Seiscientos asesores dan para mucho ¡ hasta para cuidar la imagen política de un presidente !
    Algunos, demasiado obstinados en pensar raro, creemos que en el fondo, el poder es un espacio que ha de estar relleno siempre y preferiblemente por el menos malo, y que de sobra sabemos que el que lo ocupe se dedicará a aquellos intereses que personalmente le sean más favorables, dicho todo con mucha finura.

    O lo que es lo mismo: la degradación de las condiciones laborales, el aumento de impuestos, la contumaz persecución de la administración hacia el que la mantiene, muy probablemente aumente en 2014. El hilo de esperanza radicará en que los rusos nos compren casas, o el consumo alemán de productos Made in España, últimamente nación de naciones, aumente. Del resto, ni está ni se le espera.

    Dicho todo, eso no resta un ápice que un servidor quisiera ver una gran y próspera nación española, donde los sentimientos de honor, educación, lealtad, patriotismo y entrega fueran comunes a todos los que de una u otra forma nos hemos criado al amparo de la nación más antigua de Europa.

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