EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA EPA Y EL REFRANERO


La estadística es como la botánica. Vivimos entre datos y encuestas como lo hacemos entre árboles y plantas. Pero pocos de los que pontifican sobre informes estadísticos serían capaces de analizar los datos más allá de los titulares. No debería ocurrir nada por eso. A la mayoría nos ocurre igual con la botánica, diferenciamos las rosas de las margaritas, sobre todo en las floristerías, pero si nos piden que expliquemos donde están y que son el pistilo, el estilo y el estigma, con suerte recordamos que debimos estudiarlo en la mítica EGB de nuestra infancia.

Quizá por eso, recurrimos tanto a las frases ingeniosas y al refranero. Así, es tan fácil oír que las estadísticas son falsas ya que si yo me como un pollo y tú no comes nada, para la estadística cada uno se ha comido medio pollo como que la reproducción de las flores se basa en la conocida secuencia que establece como marzo ventoso y abril lluvioso, hacen a mayo florido y hermoso.

No sé por qué suele provocarme cierto terror escuchar a cualquier persona medianamente formada recurrir al uso de los refranes como medio de afianzar su discurso. Ese supuesto tesoro de la sabiduría popular, transmitido de padres a hijos en ripios de dudosa calidad poética, no representa más que una forma acomodaticia de dar explicaciones a casi todo sin aportar soluciones para nada. Y así ocurre con cada EPA que se publica en España. Todos sabemos que no por mucho madrugar amanece más temprano de igual modo que es ampliamente conocido el hecho de que a quién madruga, Dios le ayuda. Y basándose en una estructura intelectual de tanta complejidad, cada publicación de la Encuesta de Población Activa conlleva una visión positiva del gobierno, a la vez que genera en la oposición y en los sindicatos preocupación por todos o alguno de los datos publicados. De hecho para el PP y para el gobierno, esta EPA representa el primer descenso interanual del paro desde el comienzo de la crisis. Y no miente, como no lo hace el PSOE cuando señala que desde que gobierna el PP hay 622.700 parados más y un millón de puestos de trabajo menos.

Desgraciadamente, la realidad suele ser más compleja de lo que se pretende lanzando titulares aunque tampoco tanto como para situarse en el otro extremo y pretender que sólo aquellos miembros del exclusivo club de los iniciados en los esotéricos misterios de la economía, la política o la sociología tienen capacidad suficiente para analizar con garantías los datos de la EPA.

Datos aparte, la realidad palpable en nuestras calles es que el empleo no mejora pero también es cierto que se ha cortado la sangría de destrucción de puestos de trabajo que hemos sufrido en estos últimos años. Y eso se sabe preguntando al señor del kiosko, al vecino de abajo o al conductor del autobús.

Buceando en los datos encontramos una cierta contradicción ya señalada anteriormente. En 2013 se destruyeron casi doscientos mil empleos aunque acabó con setenta mil parados menos que empezó. El porcentaje de paro baja, pero los desempleados aumentan y hay menos puestos de trabajo. Lo primero es fácil de explicar, la relación entre parados y población activa es una sencilla división. Si se modifican numerador, denominador o ambos, el resultado lo hace. Y aquí hay una clara reducción del denominador. La población activa la componen los ciudadanos en edad de trabajar y con capacidad para ello. Por una parte, hay una caída de la misma provocada por la vuelta a sus países de origen de quienes vinieron buscando trabajo y por los españoles que emigran que son menos de lo que se cree pero muchos más de lo que sería razonable. Pero es mucho más preocupante valorar el número de ciudadanos desencantados que ha dejado de buscar empleo bien porque cree imposible encontrarlo, bien porque se ha refugiado, por necesidad, en la economía sumergida.

Por tanto, volvemos al refranero ya que cada uno habla de la feria, según le va. O mejor, según quiere que le vaya al gobierno, por eso PP y PSOE lanzan las campanas al vuelo, aunque uno repica y otro dobla.

En resumen, no parece sensato afirmar que ha cambiado la tendencia pero sí que se ha frenado la destrucción de empleo.

Y ahora, los datos preocupantes: La industria no se recupera, lo que es lógico cuando no se han realizado políticas de reindustrialización, buscando la calidad y no la cantidad. Trabajamos más tiempo a la semana y cobramos menos. Desgraciadamente, los jóvenes siguen siendo los grandes damnificados, no sólo no se crea empleo para ellos sino que se destruye el estacional que ocupan. Y por último, hay más de un millón de licenciados en paro. Si eso no es un despilfarro de capital humano…

Y también, los alentadores: La construcción sigue perdiendo empleo. Aunque parezca mentira va a ser muy bueno para el futuro de nuestra economía salir de la crisis sin apoyarnos, como siempre, en el sempiterno ladrillo hispánico. Al menos, cinco Comunidades Autónomas crean empleo y un tercio de los sectores analizados por la EPA también lo hacen. Y para terminar, es bueno que los jóvenes que ni estudian ni trabajan sean doce mil menos que en 2012.

Esa es la realidad básica que obtenemos con un somero análisis de la EPA. Por eso sería bueno que nuestros políticos hablaran claro y dejarán los refranes para cuando las ranas críen pelo.

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