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LOS PRIMEROS DOCUMENTOS DE CRÉDITO


Los documentos de crédito se definen como aquellos por medio de los cuales, una persona se compromete a satisfacer, o da orden a otra de pagar, una cantidad determinada en el lugar y fecha expresados en los mismos. Su origen medieval es fácil de explicar. Dada la inseguridad de los caminos, los mercaderes evitaban mover el dinero y lo sustituían mediante la emisión de cartas y documentos en los que reconocían deudas con terceros y que se intercambiaban como si fueran dinero efectivo por la confianza que ofrecían aquellos mercaderes que las firmaban. Lógicamente, cuando entregamos un documento en el que reconocemos nuestra obligación de pagar una cantidad a un tercero, es porque esa persona nos ha entregado previamente, algo de valor, sean mercaderías o dinero efectivo en concepto de préstamo y que debemos devolverle.

Cualquier documento de crédito ha de cumplir dos requisitos básicos:

a.- Reconocer un derecho de cobro y

b.- Tener una fecha de vencimiento en la que deberá realizarse el pago.

Desde entonces los documentos de crédito evolucionan hasta que se definen cuatro tipos distintos en función de quien crea el documento – denominado librador –  y a qué plazo, el librado, que es quien está obligado al pago, lo abonará.

La Letra de cambio aparece en la Alta Edad Media. La libra quien ha de cobrar y sólo es exigible cuando el librado la acepta y puede emitirse a la vista o a plazo. En el primer caso hay que pagarla en el momento en el que nos es presentada y en el segundo cuando se cumpla el plazo estipulado.

El pagaré es un documento algo posterior, si bien ya aparece en El Mercader de Venecia, comedia de Shakespeare estrenada en 1600. En este caso, el librador es quien ha de pagar y es él quien señala el plazo. Lo que diferencia al cheque del pagaré es el plazo de pago que en el cheque es a la vista.

La circulación de moneda de cobre, muy abundante durante el siglo XVII resultaba muy incómoda por su peso y poco valor. Este inconveniente fue obviado con la aparición de la moneda fiduciaria surgiendo así los cheques. Existían precedentes esporádicos como los Vales con que el Conde de Tendilla pagó a sus soldados en el sitio de Alhama, durante la guerra de Granada (finales del siglo XV) que eran promesas de pago contra su propio patrimonio y que se utilizaron como billetes de banco. Su uso documentado comenzó en 1661  en el Banco de Estocolmo sucursal del Wisselbank de Ámsterdam. A los acreedores o depositantes se les entregaron promesas de pago con posibilidad de movilizar fondos dando lugar a los billetes de banco. Si bien esta técnica no se utilizó durante mucho tiempo, el concepto pasó a Inglaterra donde los orfebres recibían depósitos tanto para su custodia como para efectuar pagos e introdujeron la práctica de entregar a sus clientes billetes u órdenes de pago denominadas goldsmiths’ notes, que eran auténticos billetes al portador. Como consecuencia lógica de los documentos pagaderos a la vista, surgió sobre 1.670 el cheque. El más antiguo de los que se conserva aparece fechado a 11 de julio de 1.676.

Aunque los cuatro son documentos de crédito, desde el punto de vista bancario sólo son interesantes aquellos que tienen plazo de pago ya que son estos los que se pueden anticipar. El anticipo se realiza a cambio de una comisión o de un interés, por tanto, en términos bancarios, puede ser descontado. Surgen los agiotistas – llamados de este modo porque el primitivo descuento se denominaba agio, del italiano aggio que significa añadido – que son, realmente, proveedores de liquidez, ya que intercambian documentos aún no vencidos por dinero efectivo. Al principio el agio sólo era una simple comisión bruta para cuyo cálculo no se tenía en cuenta el tiempo.

El anticipo de fondos debe entenderse como un préstamo con garantía documental, donde, quien devuelve el capital más los intereses es un tercero, que tiene obligación de pagar esa cantidad a quien descontó el documento.

En ocasiones se adelantaba el montante probable del precio de venta de las mercancías que el comerciante aún no tenía en su poder pero de las que iba a disponer en un plazo de tiempo. En este caso la garantía del banquero era el compromiso, soportado en una letra de cambio, de reintegrarle la cantidad pactada a la llegada de las mercancías a la feria.

Al igual que se desarrollaban los Anticipos sobre documentos también se realizaban operaciones de Préstamo – contratos mediante los cuales el banco entrega una cantidad determinada al cliente, que este devolverá del modo estipulado en el contrato, más los intereses pactados – y de Crédito – el banco no entrega dinero sino que pone a disposición del cliente una cantidad denominada límite de crédito. A su vencimiento, el cliente devuelve el saldo vivo pendiente más los intereses pactados.

La utilización habitual de documentos de pago y cobro frente al uso de la moneda metálica en las operaciones de comerciantes y mercaderes dio lugar a la existencia del dinero como activo financiero y el dinero documental y fiduciario.

El primero es el dinero entendido como derecho de cobro. Esto es, documentos que representan deuda pública o privada (letras, pagarés o cheques) o partes de capital (acciones).

El segundo es el dinero entendido como medio de pago documental basado en la fe o el crédito que nos merece alguien. De ahí la expresión fiduciaria, que significa confianza, al igual que crédito viene de creer a alguien.

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