EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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PORQUE LO DIGO YO


Publicado en Granada Hoy.

Y el designado ha sido el señor Moreno Bonilla, Juanma Moreno para sus conmilitones, entre los que han surgido cientos de amigos que recuerdan anécdotas de cuando coincidieron en las juventudes o en alguno de sus cargos políticos. En los partidos, la norma es clara; el jefe señala, los jefecillos asumen y la militancia vota, sin rechistar, lo que le digan. Provoca sonrojo comprobar que practican el dedazo los que lo criticaban y exigen democracia interna quienes la obviaron hace unos meses. Es muy fácil demandar a otro las virtudes que no practicamos. PSOE y PP han dado en Andalucía un penoso e insuperable espectáculo de caciquismo. La señora Díaz y el señor Moreno encabezan los dos grandes partidos andaluces por la misma razón que el duque de Medina Sidonia capitaneó la Armada Invencible aunque nunca hubiera navegado; porque lo digo yo. Y yo, siempre es el que manda. Lo triste es que la sociedad acepte estos designios con la misma ovina indiferencia que Roma celebró el nombramiento como Cónsul de Incitato, el caballo de Calígula.

Otro asunto espinoso es el del currículo de esta nueva hornada de dirigentes. Y no me refiero al académico. La política no requiere de premios nobel. Pero llama poderosamente la atención que su experiencia fuera del poder, sencillamente, no exista. Su Fe de Vida Laboral está en blanco. Y claro, quien desconoce el esfuerzo que exige superar una oposición no tiene reparo en nombrar asesor al amiguete, despreciando al funcionario que sí sabe de qué va el asunto; quien nunca ha hecho una entrevista de trabajo o ha sufrido la frustración de un despido, difícilmente entenderá el reto que supone buscar empleo; si jamás has montado un negocio, hablarás alegremente de emprender y si siempre viajas en coche oficial no sabrás el precio del combustible.

Se olvida que democracia es igual a responsabilidad y representación. La tragedia de España es que los escaños se deben al partido que camufla candidatos en sus listas y no al ciudadano al que se representa. Como nadie muerde la mano que le da de comer, se convierten en marionetas que votan lo que les ordenan, beneficie o no a sus votantes. A este aburrido y previsible guiñol lo retrataron hace un siglo en esta quintilla que parece escrita ayer:

Aquí yace un diputado
que de emoción se murió,
porque al ser interpelado
se vio el pobre precisado
a contestar si o no.

Al menos, no perdamos el humor.

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