EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

LA HONDA DE DAVID


Too Big to fail, demasiado grande para caer. Es curioso, no dicen demasiado sólido para caer, sino demasiado grande. En los años de bonanza nos venden la necesidad de que existan grandes corporaciones. Ya saben, la marca España. Pero cuando vienen mal dadas nos enteramos de que al derrumbarse nos van a rebotar los cascotes en la cabeza. La idea es discutible porque genera un enorme riesgo moral. Si los gestores bancarios asumen grandes riesgos es, en parte, porque saben que disfrutarán de los beneficios pero seremos los contribuyentes quienes paguemos las pérdidas. Defendía Adam Smith que el manejo de los negocios de las sociedades anónimas se caracteriza en alguna medida por la negligencia y la prodigalidad ya que no puede esperarse en quien maneja mucho más dinero extraño que propio el mismo celo y prudencia que si todo fuera suyo.

Las entidades sistémicas son las que por su tamaño pueden provocar un maremoto en la economía de un país en caso de insolvencia o quiebra. ¿Recuerdan la frase si General Motors estornuda, Estados Unidos se resfría? Por eso los mercados sanos evitan las concentraciones empresariales. Impedir los oligopolios y fomentar la competencia debería ser la labor de un gobierno si realmente, cree en el mercado. Pero no es ese el caso de España. No lo ha sido casi nunca. Ahora, el mismo gobierno que habla de competitividad y libre mercado quiere forzar la reestructuración de la banca cooperativa en una muestra más de su afán intervencionista. Dice que quiere reducir las Cajas Rurales  a un par de grupos. La propuesta es, cuando menos, incomprensible. ¿Qué necesidad hay de imponer una reforma a un sistema que funciona y que, a su ritmo, está decidiendo qué futuro quiere? Se aduce que estas entidades, al ser pequeñas, no pueden financiarse en el mercado. Habría que explicarle al ministro y a los gurús de tres al cuarto de las finanzas que el mercado financiero no es sólo la Bolsa. El jubilado que mantiene sus ahorros en la Caja Rural de su barrio es tan mercado como el Hedge Fund que pretende hacer grandes operaciones corporativas. La única diferencia es que en el primer caso, ambas partes se conocen perfectamente.

Nuestra banca cooperativa se centra en el sector agrario con las Cajas Rurales. También existe una entidad de las denominadas populares, Laboral Kutxa y dos profesionales, la Caja de Arquitectos y la de Ingenieros. Y en estos años de tormenta financiera ninguna de ellas nos ha quitado el sueño.

Siempre he defendido la idea de que la unión o la coordinación de las Cajas Rurales, sea a través del ya longevo Banco Cooperativo Español o de cualquier otra asociación, entidad, SIP o fusión, genera grandes beneficios para nuestra economía, al igual que ocurre con el DZ Bank alemán, el Credit Agricole francés o el Rabobank holandés, bancos cooperativos centrales que coordinan la actividad de todas las cajas asociadas. Pero como creo en la libertad tanto o más que en el mercado, me parece inadmisible la exigencia del ministro. Son las Cajas Rurales quienes deben decidir su modelo de integración y desarrollo. Ya sabemos a qué pozo sin fondo nos ha llevado a injerencia política en las Cajas de Ahorros. Mejor no lo repitamos.

Las Cajas Rurales se han convertido en el último baluarte de la banca de cercanía. Para que nuestro sistema financiero no se convierta en un oligopolio en manos de cuatro o cinco grupos bancarios con el consiguiente riesgo moral y sistémico, sería muy conveniente que no perdieran los rasgos que las definen y que caracterizan esa otra forma de hacer banca, como son el arraigo y la vinculación a su territorio de origen, el profundo y personalizado conocimiento del medio y de los sectores de actividad en los que actúa, la idea de que el beneficio es necesario pero no hay que abandonar al socio o el trato cercano y de banca antigua, en el mejor y más elogioso sentido de la expresión. Además, la sociedad valora su apoyo a las actividades de I+D en los sectores vinculados, la existencia de fondos de educación y promoción para los socios o la presencia en patrocinios y apoyo social a través de sus fundaciones.

La crisis ha acabado con las Cajas de Ahorros que han requerido enormes ayudas, a pagar en cómodos plazos durante unos cuantos lustros con cargo al contribuyente. Pero también ha finiquitado ese modelo centenario de negocio que es el que requiere el pequeño ahorrador y la pyme. En las ciudades españolas, ese hueco está siendo ocupado las Cajas Rurales que a diferencia de la banca tradicional, saben gestionarlo con éxito desde siempre. En consecuencia y como también ocurría con las Cajas de Ahorros, la fidelidad y confianza de socios y clientes es muy superior a la del resto de entidades. Y esa es la banca que busca el ciudadano de a pie, la que no pisa Wall Street, ni habla en su extraña jerga sino la que desayuna en el bar de enfrente, le ofrece un depósito seguro y le presta lo justo para comprarse la furgoneta.

Cuenta la Biblia que Goliat, el gigante y paladín del ejército filisteo retó a combate singular a los israelitas. De entre ellos salió un pastor, David. Armado con una simple honda y de una certera pedrada, le hizo morder el polvo. Después, le arrebató la espada y lo decapitó. No sé de dónde viene el denodado interés en cambiar la faz de la banca cooperativa pero podría parecer que los Goliat de nuestra banca y sus amigos de la política sufren una pesadilla recurrente; la de una horda de pastores venidos del campo que manejando con pericia la honda, les propinan, como hizo David, más de una pedrada en toda la frente.

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3 comentarios

  1. Y tristemente sabemos que les obligarán, pues no puede pasar el Estado sin estropear el último reducto del sistema financiero.

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  2. misael dice:

    Ando descolgado de noticias… pero los tejemanejes políticos no dan prioridad a la eficacia ni eficiencia. Por supuesto que tampoco al interés general. Quizá se quiera acabar con la competencia en la banca. Algo así, en fechas recientes, me dijo la señora directora del banco al informarme que por mi deposito me daban un 1.20%. Ella veía totalmente lógico que actualmente no haya REAL competencia entre los bancos para captar fondos. Se conoce que muchos españoles sueñan con paraísos de monopolio.

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