EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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IDEALISTAS FRENTE A MALVADOS


En una entrada anterior definíamos los tipos y subtipos que el profesor Carlo María Cipolla definía en su inefable libro sobre Las leyes inmutables de la estupidez humana. Hoy, y siempre con la vista puesta en nuestros adorables estúpidos, nos centraremos en las actitudes que podemos encuadrar como propias de Idealistas y Malvados.

Vivimos en una sociedad cuyos valores éticos y morales imperantes son conocidos por todos. Pero hay quien, en uso de su libertad, no los comparte. Pensemos en quienes creen firmemente que la dictadura es mejor que la democracia, que la libertad individual es una especie de oscuro vicio o que las mujeres y quienes pertenecen a otra raza, etnia o religión no deberían disfrutar de ningún tipo de derecho y ser considerados ciudadanos de segunda o incluso, algo peor. En el ámbito económico hay quienes se oponen al mercado, no creen en los derechos de propiedad o sencillamente, entienden que un préstamo no se pide para devolverlo sino para disfrutar del dinero de otros en una suerte de redistribución de la riqueza. Esos ciudadanos existen y transitan por nuestras calles. A veces, sus ideas y sus actitudes son respetables aunque no las compartamos. En muchas otras ocasiones, no.

Si trasladamos a una representación gráfica esta idea veremos que existen dos grandes tipos humanos. Todos aquellos individuos que actúan o intentan actuar de igual modo a cómo piensan son Coherentes, sea porque comparten los valores mayoritariamente admitidos – personas adaptadas –  o porque se oponen frontalmente a ellos – inadaptadas. Podemos catalogar de Hipócritas a los que actúan de modo distinto a los valores que dicen compartir. Unos actuaran contra sus principios por simple interés y otros obligados por algún miedo, que es otra forma de interés personal. Y por último, están quienes actúan contra los que dicen ser sus principios por mera inmoralidad.

ACTITUDES FRENTE A LOS VALORES ADMITIDOS

ACTITUDES FRENTE A LOS VALORES ADMITIDOS

Las actitudes idealistas solo son posibles entre las personas coherentes ya que hay que estar muy convencido de la moralidad de una decisión para asumir un coste personal, por pequeño que sea, a cambio de que el resto de personas afectadas o al menos, una gran mayoría, obtengan un beneficio. Aún así, sólo se entenderán como idealistas las actitudes y decisiones llevadas a cabo por los ciudadanos que podemos encuadrar dentro del tipo que hemos denominado adaptado ya que la mayoría social reconocerá su esfuerzo. En cambio, la coherencia de los inadaptados se entenderá como una extravagancia o una locura.

INDIVIDUOS COHERENTES. ADAPTADOS E INADAPTADOS.

INDIVIDUOS COHERENTES. ADAPTADOS E INADAPTADOS.

 

Tomemos como ejemplo una situación que, desgraciadamente, se está dando con demasiada frecuencia: la necesidad de reducir personal en una empresa ante la crisis que vivimos. Un empresario idealista que tenga acendrados valores cristianos o humanistas se planteará como solución inmediata reducir su beneficio antes que proceder a un despido colectivo. Su decisión, al estar dentro de los valores aceptados y representar una actitud esperada respecto a esos valores, será bien recibida por el resto de personas implicadas; trabajadores y sus familias, clientes y proveedores. En cambio, un líder sindical revolucionario que no crea en el mercado, estaría dispuesto a perder su puesto de trabajo forzando el cierre de la empresa y abogando por una nueva estructura autogestionada o anarquista. Su sacrificio es igual de evidente pero sus propios compañeros, si se encuentran dentro de los adaptados, sencillamente, no lo entenderán. Por tanto, su idealismo devendría en inútil y extemporáneo.

La incoherencia es tan mala acompañante que suele ocultar una falta absoluta de principios morales. Así, quienes actúan contra los principios que dicen defender cuando son contrarios a los comúnmente admitidos, puede que lo hagan por mera supervivencia, lo que denota una clara cobardía ante el resto de la sociedad. Pero también es muy habitual que lo que les impulse a ello sea pura y simplemente el interés, unas veces personal y otras económico. En el otro extremo, quienes van contra los principios de la mayoría, aún cuando aparentemente los compartan, se comportan de un modo absolutamente inmoral.

INMORALES E INTERESADOS. PROPENSIÓN A LAS ACTITUDES MALVADAS.

INMORALES E INTERESADOS. PROPENSIÓN A LAS ACTITUDES MALVADAS.


Ambos tipos tienen una clara predisposición a tomar decisiones buscando, únicamente, su propio interés, independientemente del mal que provoquen en el resto de implicados. Son tipos evidentes de malvados. Volvamos al ejemplo anterior. El empresario inmoral no sólo despedirá personal sino que prescindirá de más trabajadores de los que hubiera recomendado cualquier gestor sensato, intentará pagar indemnizaciones más bajas y exigirá a quienes se queden, trabajar más horas por menos sueldo. Todo ello con el único interés de incrementar sus beneficios. Y ¿qué actitud tomará el líder revolucionario hipócrita? Sin duda, pactará el despido de sus compañeros con el empresario obteniendo para sí, algún ascenso o prebenda.

Como ven, el panorama es desolador. Pero, aún así, no debemos olvidar que el malvado siempre es preferible al estúpido, ya que este es incontrolable y no suele atender a la racionalidad.

Parecería que las actitudes malvadas son más rentables que las idealistas. Y así lo son a corto plazo. O mejor, lo pueden ser. Dependerá del componente estúpido o inteligente que adorne al malvado de turno. Pero en el largo plazo, el problema de la maldad es muy simple, siempre deja cadáveres por el camino y un rastro demasiado evidente. El mercado es voluble, caprichoso y sobre todo, tiene memoria. Y ese es su mayor peligro. Por ello, nunca hay que olvidar que los damnificados de hoy pueden ser los adversarios reforzados de mañana. Y, ¡ay de aquel que vuelve a encontrarse con quien ofendió cuando han tornado las fuerzas! En cambio, siempre es muy probable que en un futuro, las actitudes idealistas sean, además de admiradas, premiadas de algún modo.

En conclusión y como decía mi abuelo, en esta vida hay que ser bueno, aunque sea por egoísmo.

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Toda la serie inspirada por Las Leyes Inmutables de la Estupidez humana:

14/02/2014               ESTÚPIDOS Y ASIMILADOS.

21/02/2014               IDEALISTAS FRENTE A MALVADOS.

07/03/2014               LA EXIGUA INTELIGENCIA.

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