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CARAMELITOS ENVENENADOS


Publicado en Granada Hoy,

El gobierno andaluz recuerda a dos siameses unidos por la espalda. La presidenta firma acuerdos con los mismos bancos a los que la señora Cortés, consejera de Fomento, expedienta por no cumplir con la supuestamente progresista y revolucionaria Ley sobre la Función Social de la Vivienda. Así, IU vive su particular y revolucionario asalto al Palacio de Invierno. Y en pleno éxtasis socializador y estatista, exige la creación de un banco público que será más justo, eficiente, socialmente responsable y comprensivo con sus deudores que los malvados y codiciosos banqueros privados. Esos que en su rancia y añeja visión, exprimen a los pobres y esforzados obreros para mayor lucro de sus accionistas, insensibles plutócratas ávidos de riqueza. No sé si el PSOE apoya al banco público por convencimiento o por mero interés político. Lo que me aterra es pensar cuanto nos puede costar un caramelito que endulza la convivencia de IU en el ejecutivo de la señora Díaz pero envenena el ánimo del sufrido contribuyente.

Los voceros de la bondad económica de lo público siguen batallando para convertir en verosímil esa falsa versión de la crisis financiera que concentra la responsabilidad en los bancos, obviando que han sido las Cajas a quienes hubo que intervenir y nacionalizar para evitar su quiebra. En un tosco y viejo discurso, IU defiende que la resurrección de la banca pública es la única solución a los problemas de financiación de particulares y empresas. Ese banco maravilloso será como el hada madrina de todos los andaluces. Su único accionista será la Junta que nombrará a sus directivos y establecerá las líneas maestras de una gestión volcada en el ciudadano. Y si es así, ¿qué lo diferencia de las Cajas dirigidas por políticos y cuya sensibilidad se decía que era más social que financiera? Olvidan que esas beatíficas entidades colocaron preferentes y productos tóxicos, ejecutaron miles de hipotecas desahuciando a sus propietarios y nos van a obligar a trabajar veinte años para pagar el agujero que nos han endosado.

Admitir la realidad es un ejercicio de racionalidad y renunciar a los imposibles sueños de una juventud revolucionaria, una muestra de madurez. Porfiar por lo que se ha sabe dañino, insistiendo en que se atesora la fórmula alquímica secreta que permitirá convertir el plomo en oro, sólo puede calificarse de majadería. Así que mejor dejamos lo del banco público.

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1 comentario

  1. misael dice:

    Es raro encontrar políticos con escrúpulos en nuestra mutua patria. No tienen escrúpulos en hundir la economía, la familia, la moral… y hasta la patria misma… El político, y más el socialista, vive de vender humo viejo, pero con sabor a nuevo, que rápidamente es propuesto con el apoyo de los palmeros mediáticos al atolondrado compatriota, que compra el material como el que descubre la pólvora. Si nuestro connacional aún no sabe diferenciar entre bancos y cajas, entre gasto en infraestructuras y gasto corriente, etc… ¿ qué podemos esperar de este país ? ¿ No tendremos los españoles los gobiernos que merecemos ?

    Un máximo pradera, o guayomin o cualquier persona que opine, a ser posible ideas “instanciadas” por la mariguana, tienen más repercusión mediática que valor sus palabras… porque ya no importan los intelectuales, lo que importan son los transmisores de consignas, los que son de la cuerda, los que hacen risa o son guapos o vaya vd. a saber qué mérito lo encubró a star-man de la opinión.

    Estando las cosas así, sólo cabe decir que España vive la crisis que ha sido buscada, sin quererlo, por los españoles, que han degenerado en una ideologización radical de izquierdas. Probablemente ni Pablo Iglesias asumiría los postulados que sus conmilitones defienden como innegociables. De la derecha, “ni está ni se la espera”: vive a remolque de los acontecimientos, a las órdenes de Merkel y de la troika… porque es lo que tiene estar intervenido “por la puerta de atrás”.

    La pretensión de un banco público sólo puede ser calificada como de acto de cinismo de aquellos que sin escrúpulos ya ha arruinado al pueblo. La elevación de “lo público” a la categoría de “absoluto moral” forma parte de la pinza que han formado políticos, funcionarios y sindicatos para preservar su corralito a costa de vivir de las arcas públicas abonadas con impuestos que en muchos casos rozan lo confiscatorio.

    En fin D. Luis, que coincidimos 112% y que lo único que se puede hacer es esperar. Esperar a ver si Europa, Alemania tira de la locomotora, porque por aquí dentro no se atisba movimiento alguno provechoso para el mejore de la economía, antes bien, ya ve vd. lo que se le ocurre a la delfina de Griñán.

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