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CONTRA USURA, MONS PIETATIS


Las diversas censuras de la Iglesia sobre el préstamo y el veto que sufrían en el acceso a la propiedad rural hizo a los judíos mercaderes y prestamistas. La intolerancia religiosa de los siglos XI y XII trasladó su protagonismo a los banqueros Lombardos y Cahorsinos que no estaban afectados por las prohibiciones eclesiásticas aunque también hubieron de recurrir a la protección de la Curia Pontificia al ser mercatores vel cambiatores papae (mercaderes o cambistas del papa). El florecimiento comercial de las diversas repúblicas italianas a lo largo del siglo XIII dio origen a la creación de gran número de bancos que negociaban con príncipes, magnates y mercaderes. La escasez de financiación y las oscilaciones del numerario disponible fueron campo abonado para que los intereses abusivos fruto de la urgencia y la necesidad se convirtieran en norma. Habitualmente, la cantidad a devolver superaba rápidamente el valor intrínseco de la garantía aportada que pasaba a manos del banquero.

Catedral de Orvieto (Italia)

Catedral de Orvieto (Italia)

A mediados del siglo XV, la situación de los mercados financieros era muy similar a la que había animado la promulgación de leyes que limitaban el tipo de interés. Se prohibieron los préstamos sobre objetos dedicados al culto divino y bienes municipales o cosas del Común. Las operaciones eran a quince meses y al 20% de interés, con la particularidad de que se cobraba anticipado y por meses completos. Si acabado el plazo no se había satisfecho la deuda se procedía a la venta pública de los bienes entregados en garantía para resarcimiento del prestamista y sólo en determinados casos el prestatario tenía derecho al sobrante de la subasta una vez liquidado el capital y los intereses. Aunque parezca increíble, el banquero no tenía el deber de cerciorarse de que quien le pignoraba un bien era su dueño. Así, los legítimos propietarios debían abonar capital e intereses si querían recuperarlos. En esas circunstancias, las clases menos favorecidas, ante una necesidad momentánea o transitoria, sólo podían elegir entre caer en la miseria de modo inmediato o sucumbir a la usura e intentar escapar de la ruina.

Ante esta realidad, los Franciscanos conocidos como observantes o espirituales por ser quienes guardaban mayor fidelidad a la estricta regla de san Francisco, defendieron la creación de instituciones nuevas que dedicadas exclusivamente al servicio de los más pobres les proveyesen del dinero necesario para cubrir sus apremiantes necesidades sin buscar beneficio económico alguno que pudiera desviarlas de ese fin.

Entre todos los que predicaron a favor de estas instituciones se destacó fray Bernabé de Terni, a quien se atribuye la idea a la vez que se le considera fundador del primer Monte de Piedad. Se dice, aunque no hay unanimidad entre los historiadores, que era médico del Papa y que gracias a esa cercanía pudo convencer al pontífice de la bondad de su proyecto. No parece que fuera necesario insistir mucho teniendo en cuenta que ocupaba la silla de Pedro Pío II (Eneas Silvio Piccolomini), gran intelectual y uno de los más notables humanistas de su época que ya en 1462 había declarado la esclavitud como magnum scelus (gran crimen).

Fray Bernabé y su compañero fray Miguel Carcano predicaron la necesidad de acabar con la lacra de la usura y consiguieron que un buen número de personas piadosas aportaran diversas cantidades para fundar en Perugia un Mons Pietatis dedicado a prestar pequeñas sumas sin interés sobre alhajas, muebles y ropas a quienes carecían de todo para su subsistencia. Así, el 13 de abril de 1462 se acordó su establecimiento y puesta esta resolución en conocimiento del Papa, el Legado pontificio, de acuerdo con el Obispo y el Común, anunció al pueblo que iniciaría su actividad en enero de 1463. Y así se hizo. Hasta que se decretó su disolución en 1861, el Monte de Perugia ostentó orgulloso la inscripción Hic Mons Pietatis Primus in Orbe fuit (Este Monte de Piedad fue el primero en el mundo).

Sólo tres meses después, el 11 de abril de ese año, fray Bartolomé de Colle fundaba en Orvieto el Monte di Cristo, para cuyo sostenimiento, al objeto de recibir limosnas, se colocó en la iglesia de San Andrés un cepillo con una imagen de Jesucristo encima de un monte, que se cerró con dos llaves, siendo una custodiada por los Conservadores del Monte y otra por los Sobrestantes de la ciudad. Con idea de ayudar en la captación de los fondos necesarios para cumplir con sus objetivos, el Papa concedió indulgencia plenaria al que diese, al menos, diez ducados en efectivo y siete años a quien ofreciese una cantidad menor o prestase dinero al Monte para atender a sus operaciones. En este caso se concedían para cada año de duración del depósito.

Curiosamente, el de Orvieto fue aprobado mediante una Bula de Pío II en 1464 en tanto que el de Perugia lo confirmó Paulo II en 1467 razón por la cual a veces se puso en duda la primacía del perugiano. Más tarde, Sixto IV aprobó los de Viterbo (1471) y Savona (1479) e Inocencio VIII los de Mantua (1484) y Casena (1488).

El espíritu que inspiraba estas fundaciones era el de ofrecer préstamos completamente gratuitos y así se hacía constar en las proposiciones para la fundación de nuevos Montes. También se establecían condiciones sobre las circunstancias y conducta moral de los solicitantes con la idea de que no se abusara de la buena fe de la entidad en perjuicio de quien realmente lo necesitara. Así, se exigía demostrar que no había culpa en la necesidad sino que esta había sido sobrevenida o se exigía juramento de que el dinero recibido no serviría para jugar ni hacer negocios.

De todos modos, los costes de mantenimiento de los Montes, por mínimos que fueran, existían. Para evitar cobrar intereses se establecieron Congregaciones o Cofradías que asumían esos gastos mediante donativos, pero al aumentar el número e importancia de los Montes hubo necesidad de fijar un interés para poder sostenerlos, aunque siempre limitado a las necesidades mínimas de la institución.

Y aquí surgió la gran disputa teológica que analizaremos en el siguiente Nota.

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NOTAS SOBRE “MONTES DE PIEDAD”

ORIGEN DE LOS MONTES DE PIEDAD.

CONTRA USURA, MONS PIETATIS.

LA CONTROVERSIA MORAL DE LOS INTERESES.

LAS ARCAS DE LIMOSNAS DE CASTILLA.

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