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LAS “ARCAS DE LIMOSNA” CASTELLANAS


La predicación franciscana en la Italia de las repúblicas comerciales resultó decisiva en el nacimiento de los Montes de Piedad. Pero también es cierto que la preocupación por los pobres y por la financiación de los artesanos o de los pequeños agricultores y comerciantes ya estaba presente en una Europa de gran impronta cristiana. Para la teología católica, la caridad es una de las tres virtudes teologales, uno de los hábitos que Dios infunde en nuestra voluntad e inteligencia. Por ello es importante entender como la vida económica se vio influenciada desde la Edad Media por una serie de iniciativas que cumplían el mandato evangélico en virtud de los fines benéficos que se imponían.

Para comprender los mecanismos económicos medievales es necesario repasar los aspectos sociales que influyeron en su creación. La sociedad medieval era rígida y eminentemente rural lo que favoreció la mera acumulación de riqueza patrimonial no siempre productiva. Además, las malas cosechas generaban momentos de desabastecimiento y encarecimiento de productos básicos que hundían a la mayoría de la población en una situación de miseria irreversible. Influenciados por sus creencias religiosas, la mayoría de quienes buscaron soluciones a estas situaciones de desamparo lo hicieron por la vía de la caridad y la beneficencia. A partir del siglo V, los monasterios asumieron esta función. Los monjes, en particular Cluniacenses y Cistercienses, fundaron hospitales para atender a pobres y viajeros, sobre todo en las zonas rurales. Un ejemplo evidente lo constituye la red de instituciones benéficas que nacieron a lo largo del Camino de Santiago.

Comentábamos en otra Nota que el precedente más remoto de lo que hoy se conoce como microcrédito estuvo en la caja de préstamos creada por el obispo Mausona en la iglesia de Santa Eulalia de Mérida. Bajo tutela eclesial nacieron cofradías y hermandades que servían para paliar la pobreza de los vecinos a quienes se les socorría con comida, ropa o limosnas y en ocasiones se les ofrecían pequeños préstamos para superar situaciones concretas.

En España aparecieron dos tipos de entidades con igual fin pero distinto concepto. Las Arcas de Limosnas se dedicaron al préstamo monetario en metálico y constituyen el origen de nuestros Montes de Piedad y por ende, de las casi desaparecidas Cajas de Ahorros. Por otra parte, las Arcas de Misericordia tuvieron como objeto el préstamo en especie, casi siempre de trigo para la sementera y dieron lugar a los Montes Frumentarios y a los Pósitos, que constituyen el más claro antecedente de las actuales Cajas Rurales, a las que dedicaremos otra serie de Notas.

Son varios los historiadores que relacionan el nacimiento de las Arcas de Limosnas con la situación derivada de la guerra civil que llevó al trono de Castilla a Enrique II de Trastámara. Al igual que en toda Europa y con base en las prohibiciones eclesiásticas, los judíos eran quienes ocupaban los oficios relacionados con las finanzas actuando como prestamistas, recaudadores de impuestos o tesoreros reales. El apoyo unánime de la comunidad judía castellana a Pedro I provocó una dura respuesta por parte de su sucesor que limitó su libertad de movimientos, su derecho a ejercer determinados oficios y les prohibió el préstamo con usura. Fruto de esta prohibición fue la ralentización progresiva de la actividad económica y financiera en gran parte de Castilla. Las necesidades financieras no habían desaparecido y las Arcas de Limosnas supusieron una solución al problema, ya que de algún modo había que rellenar el vacío financiero generado por las restricciones impuestas a los banqueros judíos. Se fundaron mediante la donación graciosa de un capital que permitía iniciar las operaciones de préstamo.

Al igual que ocurriría con los Montes de Piedad, las Arcas nacieron imbuidas de una serie de normas propias de la moral cristiana y en las que influyó decisivamente la Orden Franciscana. El franciscanismo tenía como objetivo la práctica de la caridad entendida en un sentido amplio, lo que justifica que apoyaran los préstamos gratuitos con garantía prendaria.

Influido por estas ideas, don Pedro Fernández de Velasco, Conde de Haro, fundó en Castilla las primeras Arcas de Limosnas. El Papa Eugenio IV las aprobó, mediante Bula el 15 de septiembre de 1431, para liberar del pecado de usura a su fundador y a los responsables de las instituciones. Es muy probable que funcionaran con anterioridad ya que las Ordenanzas antijudías que el propio conde dictó para Briviesca y sus villas y lugares en el mismo año de 1431 se ordenaba que las cantidades recaudadas por las multas impuestas se dividieran en tres partes, dos para el Arca de cada una de las villas y la tercera para el acusador. La propia fundación recoge una concepción claramente medieval ya que es el señor quien se preocupa por el bienestar de sus vasallos e impide que caigan en las garras de los usureros judíos a la vez que, influido por la moral cristiana, auxilia a los más desfavorecidos.

El Conde de Haro fundó Arcas de Limosnas en diversas villas que contaban previamente con importantes comunidades judías. Las de Santa Cruz de Medina de Pomar y Briviesca nacieron con un fondo de 2.600 florines; 1.900 se donaron a Santa María de Salas de los Infantes, 1.200 a Santa Ana de Herrera de Pisuerga, 800 a Arnedo, Belorado y Huerta de , 600 a San Llorente de Villadiego y 200 a Grisaleña.

El fin de todas ellas era benéfico ya que estaban destinadas a contrarrestar el pecado de la usura y a ayudar a los más necesitados. Las dotaciones económicas sólo podían destinarse a otorgar préstamos sin interés por periodos máximos de un año que debían devolverse antes del plazo fijado y una cuarta parte en el primer cuatrimestre. Para garantizar las operaciones se entregaban como garantía bienes o prendas que serían vendidos en caso de que no se restituyera el dinero prestado, destinándose el importe al fondo del Arca. La administración se encomendaba a dos regidores y un notario elegidos entre los vecinos de cada villa que estaban obligados a presentar cuentas el primero de enero de cada año. Como muestra de la importancia de la Orden Franciscana también en las Arcas de Limosnas, la supervisión de todas ellas quedó bajo el control de los franciscanos de Briviesca.

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NOTAS SOBRE “MONTES DE PIEDAD”

ORIGEN DE LOS MONTES DE PIEDAD.

CONTRA USURA, MONS PIETATIS.

LA CONTROVERSIA MORAL DE LOS INTERESES.

LAS ARCAS DE LIMOSNAS DE CASTILLA.

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