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CATALUNYA BANC. SUMA Y SIGUE


Que el FROB haya conseguido vender Catalunya Banc es una buena noticia. Al menos, como se diría coloquialmente, nos hemos quitado el muerto de encima. El problema ha sido el desorbitado coste del entierro; la entidad catalana estaba absolutamente quebrada, razón por la cual el rescate se preveía inútil y así se ha confirmado una vez que se ha adjudicado a precio de derribo y con un coste inadmisible para los contribuyentes españoles que se cifra en más de doce mil millones de euros.

Vista la situación, analicemos someramente las razones del comprador. Para BBVA que ya se había adjudicado Unnim, nombre bajo el que se agrupaban los restos del otro naufragio de Cajas catalanas, la compra es positiva. Gracias al conocimiento del mercado, a la presencia tradicional y a la extensa red de sucursales – 773 oficinas y 4.665 empleados – de las viejas cajas – Catalunya, Tarragona y Manresa – multiplica su negocio en Cataluña con un coste de implantación realmente ridículo. El auténtico valor de los naufragios siempre está en el pecio. Y aquí es jugoso; el negocio en Cataluña es sano porque es tradicional. La cartera la constituyen un millón y medio de clientes – particulares, microempresas y pymes – lo que supone una cuota de mercado del 11%. Esa estructura, sumada a la que previamente tenía BBVA con Unnim, le hace crecer un 14% en créditos, un 23% en depósitos y un 18% en clientes en el conjunto del mercado nacional. Dar un salto cuantitativo de ese calibre y hacerlo de modo inmediato a cambio de 1.176 millones de euros no parece mal negocio. Y además, la cantidad final a pagar podrá minorarse en 267 millones si no se reconocen los créditos fiscales derivados de las pérdidas asumidas por la entidad en 2013 al realizar el traspaso de activos a SAREB. Por último parte, la dañada estructura de la expansión de la Caja durante los años de la burbuja se liquidará mediante el cierre de oficinas y bajas de personal sin afectar al grupo resultante. Y por último, los posibles problemas de la cartera de impagados procedente de los activos tóxicos desaparecieron el pasado viernes tras la adjudicación de los mismos a Blackstone.

¿Qué ocurre con el vendedor? Como mínimo, suspira aliviado. Hay que tener en cuenta que se han necesitado tres intentos y 12.600 millones en ayudas públicas para colocar Catalunya Banc. Y aunque es cierto que en esta ocasión no hay EPA (Esquema de Protección de Activos) sí se deduce del comunicado oficial la existencia de una serie de coberturas para litigios sin resolver que podrían alcanzar los 1.000 millones. De todos modos, al FROB le queda trabajo. Aún deberá recuperar las ayudas recibidas por Liberbank, Ceiss y Caja 3 y vender sus participaciones en BMN y Bankia.

Y bien, si comprador y vendedor están satisfechos, ¿dónde está el problema?

Como todos deducimos, en el coste. Aunque el gobierno dijera y repitiera que el rescate bancario no iba a costar ni un euro, todos sabíamos que no era cierto. Porque nunca es cierto. Todo rescate bancario acaba siendo caro e ineficiente y siempre se carga a las espaldas del sufrido contribuyente.

En este caso, permitir que una pandilla de inútiles sin cualificación profesional ni capacidad financiera se embarcara en su personal aventurilla bancaria ha supuesto para las arcas del estado, según la mayoría de los cálculos publicados, unas pérdidas directas de 12 mil millones de euros a los que habría que sumar los 572 millones de la venta de las hipotecas problemáticas del grupo y las garantías solicitadas por el comprador.

Lo más terrible del asunto no es que el gobierno mintiera descaradamente el día que anunció la solicitud del rescate bancario a la UE. Al fin y al cabo, esperar de un gobernante que no mienta es tan iluso como suponer que si una noche de ventisca y tormenta, damos cobijo a un zorro hambriento en nuestro gallinero, en agradecimiento a nuestra bondad, no atacará a nuestras gallinas. Lo inasumible de este asunto es que los ciudadanos debamos hacernos cargo de este ingente coste más sus correspondientes intereses, a cambio de nada. Algún medio ha publicado que BBVA espera que la red adquirida aporte a su cuenta de resultados a partir de 2016 unos trescientos millones anuales. Suponiendo que el estado quisiera recuperar por la vía del cobro de impuesto de sociedades las ayudas concedidas necesitaría, a un tipo del 30%, unos ciento treinta años. Parece un poco excesivo, ¿no les parece?

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