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DESPILFARRO Y PARO


Publicado en Granada Hoy,

Parece lógico que tras la publicación de los datos de la EPA, el señor Rajoy manifestara, en un alarde de cercanía tan ajeno a su forma de gobernar, que llevaba mucho tiempo esperando dar una noticia así. El dato es muy bueno. Nadie puede negarlo. Que cuatrocientos mil españoles hayan encontrado un trabajo es una de esas pocas noticias que todos ansiamos leer. Hasta la oposición y los sindicatos han tenido que reconocerlo aunque sea con la boca pequeña.

Pero entre el análisis y la propaganda hay un trecho demasiado amplio. Desgraciadamente para los españoles aún no hemos recuperado el empleo perdido a lo largo de la crisis; ni siquiera estamos en las cifras de paro que sufríamos cuando el gobierno actual aprobó su reforma laboral a la que ahora, dos años después, se magnifica como causa evidente de esta recuperación del mercado de trabajo. De ser así, no podremos decir que los resultados de la misma hayan sido inmediatos, aunque si lo fueron la pérdida de un número importante de derechos que se liquidaron ipso facto. El desempleo en España es estructural y uno de los más altos del mundo. Sólo la devastada Grecia nos supera dentro de la UE. Por tanto, hay que contener la algazara.

El problema es más profundo. La nuestra es una economía demasiado dependiente del sector público que es, por definición, el más ineficiente de todos. Y no es malo que lo sea; su productividad no tiene porque medirse en euros y sus resultados se esperan a largo plazo pues nos referimos a valores como la sanidad o la educación. La cuestión más espinosa es que España es un país tan estatista que demasiados sectores se convierten en públicos por ley, decreto o capricho del gobernante de turno. De acuerdo con la propia EPA casi el 20% de los trabajadores están adscritos al sector público. Aunque serán más ya que los tentáculos de la administración llegan a demasiadas empresas aparentemente privadas pero que son de capital público o sobreviven gracias a las subvenciones.

La manera de acabar con el desempleo estructural es reduciendo el peso del estado en la economía. El mayor generador de paro es el despilfarro público que dilapida los recursos económicos del país. Así, en un mercado competitivo, no subvencionado y sobre todo, libre y sin injerencias políticas, la productividad crea riqueza y empleo y no habrá necesidad de recortar derechos ni liquidar los servicios públicos esenciales.

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