EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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LA ENTROPÍA ES OTRA FORMA DE ORDEN


Probablemente recordarán haber estudiado en el bachillerato las leyes de la termodinámica y es muy posible que les quedara grabada esa idea de que la naturaleza tiende al caos que es la forma coloquial en la que resumimos la formulación académica de la Segunda Ley que es, si no recuerdo mal, del tenor siguiente: En todo sistema aislado la entropía permanece constante o tiende a aumentar espontáneamente.

Embarcados.

Embarcados.

Volvamos a las aulas de nuestra adolescencia. Si a un tubo de ensayo lleno de gas y cerrado le quitamos el tapón, las moléculas de gas saldrán y se moverán libremente. Para la física eso significa que se desordenan. El proceso inverso jamás se ve en la naturaleza ya que no se conoce ningún caso en el que un grupo de moléculas de gas decidan entrar espontáneamente a un tubo de ensayo con intención de ordenarse. Otra cosa es que las forcemos a entrar. Así que el estado normal de un sistema sobre el que no se ejerce acción alguna es el de máximo desorden o entropía al que curiosamente se le denomina equilibrio termodinámico. Aquí, equilibrio y orden son conceptos antagónicos o lo que es lo mismo, ordenar un sistema equivale a  alejarlo del equilibrio en el que, por decirlo de alguna manera, las moléculas se autoorganizan. Otra cosa es que esa organización no responda a lo que se quiere entender por orden, quizá porque en el fondo, el ejercicio de la libertad – hasta para las moléculas de gas – suele estar muy mal visto.

En fin, pensemos que cuando aplicamos fuerza a un émbolo y comprimimos el aire que hay dentro de él, lo estamos ordenando pero también es cierto que a la menor fluctuación estallará y las moléculas de gas volverán a desordenarse o a autoorganizarse generando un nuevo equilibrio. Hay que reconocer que la metáfora es profundamente poética desde el punto de vista social; el exceso de orden da lugar a un estallido que servirá para que todo el mundo busque su sitio en libertad.

Pues bien, todo este circunloquio sobre el orden y la entropía me vino a la cabeza mientras esperaba tomar un vuelo este verano. Ya  saben que normalmente, una vez que se conoce la puerta de embarque, cualquier viajero sensato se sitúa cerca de la misma y una vez que se aproxima la hora de subir al avión, todo el pasaje se autoorganiza de modo espontáneo formando una ordenada cola en la que todo el mundo lleva a mano y perfectamente visibles, documentación y billete. En esas estábamos, la pantalla anunciaba el vuelo, la cola perfectamente ordenada crecía por instantes y el personal de tierra de la compañía se demoraba unos minutos por mor de cualquier incidencia sin importancia. Así que la responsable del embarque, a la vista del pequeño retraso decide reorganizar al pasaje o, siguiendo el razonamiento físico previo, introduce presión para ordenarlo. Por supuesto que con la intención de ser más eficiente. Sólo la intención, como pudo comprobarse al instante.

En cuanto se anunció por megafonía, que para hacer más ágil el embarque primero pasarían los viajeros con tarjeta de fidelización y clase business, después personas con problemas de movilidad y familias con niños menores, a los que seguirían los pasajeros entre las filas uno y veinte y por último el resto… se organizó el lógico desorden. Los que habíamos escuchado el mensaje intentamos retirarnos para que quienes tenían algún tipo de prelación sobre nosotros accedieran a la puerta de embarque. El problema surgió entre quienes no habían oído bien a la azafata o no sabían exactamente cuál era el nuevo orden. En estos casos de caos  inducido también aparecen los que pretenden pasar como niño a un jovencito con el bachillerato terminado y la barba cerrada o quienes, por algún motivo discrepan con la azafata sobre su forma física y se niegan a ser incluidos en el privilegiado grupo de quienes tienen prioridad de acceso.

Lógicamente, el orden buscado no sólo no se encontró, sino que todo el mundo se quedó con la percepción de que el embarque fue mucho más lento, complejo y difícil que si se hubiera respetado la espontánea autoorganización de los pasajeros. En un espacio grande pero estrecho como es el de un avión si el pasaje accede de forma aleatoria es mucho menos probable que coincidan varios en el mismo lugar a la vez, cosa que si ocurre si se entra por filas, lo que puede ser, en cambio, muy útil para salir.

Lo cierto es que me pase parte del viaje meditando algo sobre el asunto. El concepto de orden es subjetivo y eso es algo que todos sabemos. En las empresas es habitual ver como los nuevos directivos pretenden cambiarlo todo en plazos récords. Olvidan que por muy mal que funcione una organización concreta, al menos funciona. Y sin embargo, es muy habitual que la imposición de un sistema extraño y distinto haga que directamente no funcione. Sobre todo porque el directivo recién llegado no conoce a la organización, ni siquiera mínimamente.

Del mismo modo que si hay que prescindir de personas, la decisión ha de ser fulminante para evitar inseguridades y miedos en el conjunto del personal, los cambios procedimentales deben realizarse en un plazo razonable para que sean aceptados y entendidos por todos los implicados como una necesidad y una mejora.

Lección para directivos: toda presión acaba provocando explosiones.

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1 comentario

  1. Quimicamente impecable.

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