EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

Inicio » Cuaderno de Bitácora » PANDIEMPRESAS Y OTRAS SECTAS

PANDIEMPRESAS Y OTRAS SECTAS


La mayoría de los estudiosos de los recursos humanos definen el clima laboral como el medio ambiente humano y físico en el que se desarrolla el trabajo cotidiano. Resulta evidente que a la mayoría de las personas nos resulta más apetecible desarrollar nuestra actividad laboral en una organización con un buen clima laboral. Trabajar en un lugar en el que tus jefes, subordinados y compañeros sean personas educadas, empáticas y comprensivas sin dejar por ello de ser competitivas y eficientes es mucho más agradable que hacerlo entre jefes infalibles, subordinados despreciativos o compañeros indeseables. En definitiva, un clima laboral apropiado influye en la satisfacción de todos y por tanto, mejora la eficiencia y la productividad.

Un buen clima laboral está relacionado con el savoir faire, la moralidad y la integridad de las personas que componen la plantilla – sean directivos o becarios -, con sus modos de trabajar y relacionarse y con la propia actividad de cada uno. Y no me cabe duda de que merecerá la pena pararse a pensar detenidamente sobre todo ello.

FLASHMOB. CENA 'DE BLANCO' EN EL FELDHERRNHALLE. Munich (Alemania)

FLASHMOB. CENA ‘DE BLANCO’ EN EL FELDHERRNHALLE. Munich (Alemania)

Pero hoy quiero hacer hincapié en esas empresas que confunden el buen clima laboral con algo que va mucho más allá. Son esas organizaciones que, más que ver con buenos ojos la disposición de sus trabajadores a compartir esporádicamente alguna que otra actividad fuera de las horas de trabajo, les incitan a ello hasta asfixiar a aquellos que deciden que fuera del mundo feliz que se les propone existe otro, mucho más agradable, lleno de luz y de color que es el que comparten con su familia y amigos de siempre.

Cuando la empresa pretende valorarte, no por la cantidad, calidad, y eficiencia del trabajo realizado sino por las relaciones de amistad que estableces con jefes y compañeros está dando el primer paso para convertirse en una especie de secta empresarial como la que retrata La tapadera (The firm), la novela de John Grisham llevada al cine en 1993 en la que Tom Cruise interpreta a Mitch McDeere, un joven abogado contratado por un bufete que controla absolutamente su vida profesional y pretende hacerlo también con la privada como si formara parte de una secta.

En este tipo de organizaciones quienes arrastran a los compañeros a esas actividades extraprofesionales con la intención de socializar – o lo que es lo mismo, desde una visión liberal de la vida, anular las individualidades para eliminarlas y subsumirlas al grupo – no siempre son los jefes aunque muchos de ellos apoyen siempre estas iniciativas que dan lugar a una clara indefinición y confusión entre la esfera personal y la laboral. Es habitual que para evitar la aparición de espíritus libres se provoque la marginación profesional de quienes no siguen los eventos y actividades extraordinarias que la empresa impone fuera del horario de trabajo.

La versión ligera de esta situación tiene dos variantes de las que la más habitual es la pandiempresa. Esa organización en la que es obligatorio salir a tomar algo los viernes; jugar juntos al fútbol, al paddle o a lo que sea, los miércoles por la tarde y en la que todas las familias se conocen. Razón por la cual todo evento personal se transforma en una celebración colectiva, sean cumpleaños, onomásticas, bodas, bautizos, comuniones o entierros. Y además, cada año, por Navidad se celebra el irremediable y divertidísimo juego del amigo invisible que te obliga a comprarle alguna patochada al imbécil del Director Financiero que te cae como una patada en el estómago por una serie de motivos tan extensa que no cabrían en uno de esos larguísimos informes que se empeña en que leas y comentes cada trimestre. Trabajar en una pandiempresa es una tortura siempre que el afectado disfrute de una madurez superior a la habitual en un veinteañero medio porque la gente superguay con la que compartes despacho en este tipo de compañías parece atrapada de por vida en un episodio de Al salir de clase, aquella serie de televisión que hizo historia en los años noventa y en la que alguno de los actores que interpretaban a los estudiantes de instituto se afeitaban la barba desde antes que el chivo de la Legión dejara de triscar por las montañas.

Luego está la famiempresa. En este caso, el jefe, que suele coincidir con el dueño se empeña en demostrar que todos los trabajadores son como de la familia. Y así, con ese argumento paternalista y tierno, aprovecha para retrasarte el pago de la extra de Navidad hasta enero mientras él se marcha con su familia de viaje al Caribe para desestresarse. ¡Pobrecito!

Y por último, la más peligrosa de todas, la sectaempresa. Su idea fundamental es que o asumes todas sus exigencias o el ambiente te amargará hasta que abandones el barco.  Y una vez fuera, te perseguirá hasta el fin de los tiempos y siempre que tenga oportunidad cualquiera de los descerebrados que permanecieron en ella, acabará desacreditándote ante cualquiera que esté dispuesto a escucharle, aunque sea el taxista que le lleva al aeropuerto.

En todos los casos, solicitar un aumento de sueldo, exigir una mejora profesional o – ¡terrible pecado! – aceptar una oferta de la competencia y abandonar la compañía te convierten en un paria social. En la pandiempresa el escándalo es mayúsculo y se trata como una afrenta a todo el grupo y en la famiempresa equivale al parricido. Es como matar al padre personalizado en el jefe bondadoso y paternal que te tenía como a un hijo aunque tú, que eres un tipo sensato, sabes que quien aparece en el testamento es el inútil de su hijo de verdad, ese que no pega un palo al agua porque para regalarle un futuro tranquilo y apacible ya están todos los trabajadores de papá. Y lógicamente, para la sectaempresa el abandono equivale a la muerte sociolaboral.

Por eso, las empresas sanas son aquellas que entienden que el trabajo sólo es una parte de la vida. Es más, sólo es un medio de ganarse la vida; lo que más nos gusta hacer, suele ser el resto.

Anuncios

1 comentario

  1. El ambiente laboral debe ceñirse a su tocayo el horario laboral, es curioso que quienes defienden la cerveza todos los viernes no permitan salir media hora antes de la oficina para tomárnosla tranquilos, bueno más que curioso es clarificador.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: