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NEGOCIOS PIRAMIDALES


Con cierta frecuencia, los medios de comunicación nos relatan, a veces en interminables series de artículos de denuncia e investigación, las aventuras y desventuras de algún negocio piramidal, bien sea para alertar a los posibles incautos que pudieran caer en ellos, bien para denunciar su colapso. En este último caso, la tragedia suele rondar a los protagonistas ya que sufren fuertes pérdidas en sus aportaciones cuando no acaban en la más absoluta de las ruinas.

El ángel caído. Parque del Retiro. Madrid (España)

El ángel caído. Parque del Retiro. Madrid (España)

El coste de las operaciones financieras, es decir, el interés, se calcula mediante una simple regla de tres compuesta, una de cuyas variables es el tiempo que se combina con el capital y el precio del dinero. El hecho de que para poder generar los consiguientes derechos de cobro de una operación financiera sea necesario que transcurra una cantidad determinada de tiempo supone la base fundamental sobre la que se asienta cualquier fraude financiero. Las finanzas no tendrían sentido si desapareciera la magnitud temporal sobre la que se realizan todos los cálculos. Y lógicamente, los fraudes serían imposibles.
Para que una propuesta, financiera o no, sea considerada negocio piramidal es necesario que el beneficio obtenido por los participantes proceda en mayor medida de las cantidades aportadas por otros socios que de la venta de bienes o de la prestación de servicios que constituya el objeto del negocio. No es raro que para atraer el mayor número de participantes posible se oferten altas rentabilidades, siempre muy por encima de las de mercado.
Su estructura es tan simple que intelectualmente abochorna. Se trata de ofrecer un producto cuya rentabilidad es muy superior a la de la media a la vez que su seguridad está garantizada. Es decir, un imposible financiero.
Pero bueno, siempre habrá encantadores de serpientes y serpientes encantadas de que las encanten. Así que todo empieza cuando alguno de esos maravillosos vendedores de verbo fácil y pulcra apariencia consigue que alguien confíe en su idea y sobre todo, que la vea como un lucrativo negocio. Una vez que nuestro embaucador ha convencido a un grupo reducido de inversores de la enorme rentabilidad que va a generar el asunto le resultará muy fácil que estos aporten un capital, aunque sea pequeño, para que el negocio del siglo dé un salto cuantitativo y los convierta a todos en millonarios.
El secreto está en pagar altas rentabilidades, abonar los intereses de modo inmediato y hacerlo en plazos muy cortos. De ese modo, cualquier suspicacia de los inversores desaparecerá.

Supongamos que recibimos 1.000 € de tres inversores y les prometemos, por hacer un cálculo sencillo, el 24% anual (es decir, un 2% bruto cada mes), lo cual es una barbaridad teniendo en cuenta que los tipos actuales de remuneración están muy cerca del 0%.
Tenemos en nuestro bolsillo 3.000 €.
Pasado un mes abonamos a cada inversor 20 € (1.000 x 2%). En total, 60 €. Nos quedan 2.940 €. (3.000 € – 60 €).
Al final del segundo mes, volvemos a abonar otros 20 € a cada inversor. Nuestro saldo será 2.880 € (2.940 € – 60 €).

Y así, sucesivamente.

En el caso de que el sistema no reciba más ingresos podremos aguantar la farsa hasta cincuenta meses (3.000 € de capital / 60 € de pagos mensuales).

Y lo cierto es que hay que ser muy torpe para no obtener nuevos capitales en estas circunstancias ya que en el momento en que nuestros inversores vean que reciben la rentabilidad pactada mensualmente se convertirán de modo activo en captadores de nuevos clientes. Además, se juega con el hecho de que el proceso de reclutamiento empezará por familiares y amigos que a su vez atraerán más y más inversores expandiendo la pirámide. Se utiliza, por tanto, la confianza – tan necesaria en el mercado financiero – para ocultar el fraude.
Es claro que, mientras el sistema reciba fondos, los pagos podrán respetarse. Y además, el estafador podrá poner capitales a buen recaudo preparándose para desaparecer en el momento que crea idóneo; aquel en el que haya maximizado la generación de fondos.
Una forma de incrementar la captación de inversores o incautos es la de convertir a los propios inversores en comerciales del propio negocio. De ese modo, incrementarán sus intereses con las comisiones que recibirán de los nuevos fondos captados en incluso de los aportados por aquellos a quienes capten los inversores conseguidos por ellos mismo entrando en las denominadas estafas multinivel. Y teniendo en cuenta que la operación es fraudulenta desde el origen, el volumen de las comisiones es indiferente. Sólo se trata de crecer sin parar y al máximo ritmo.

Supongamos que además de recibir 20 € mensuales (el 2% bruto de tu inversión de 1.000 €), obtienes un 10% de los intereses que se abonen a quienes has captado.

Si consigues diez clientes, familiares y amigos, o lo que es lo mismo aportas a la organización 10.000 €, estos recibirán 200 € mensuales y tú, otros 20 € (el 10% de comisión de esos 200 €). De ese modo, doblaras tu rentabilidad.

El proceso no puede ser infinito ya que llegará un momento en el que no pueda incrementarse la base de la pirámide aunque aparentemente crezca el capital gestionado. No es raro que las rentabilidades obtenidas vuelvan a la pirámide; de ese modo el capital teórico crece pero no así el real pues los nuevos ingresos proceden de los iniciales que nunca han sido realmente invertidos en nada productivo.
Cuando esto ocurre, la estructura no puede abonar los intereses pactados, la pirámide colapsa y aparece la realidad del fraude que siempre se sospechó pues nunca es creíble que alguien sea capaz de ofrecer una rentabilidad muy superior a la del mercado sin que se incrementen masivamente los riesgos o como decían nuestros abuelos nadie da duros a cuatro pesetas.

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3 comentarios

  1. Magistral explicación del sistema. Sólo me he quedado con las ganas de ver una mención al sistema en ausencia de estafa, en ausencia de una persona concreta que lo organice, pues es la única diferencia entre la estafa piramidal y el funcionamiento de cualquier mercado especulativo, que sube por la euforia de las expectativas y se desploma cuando desaparece la base de las compras, ya se llame mercado bursátil o el mercado inmobiliario, una diferencia sin duda fundamental por las implicaciones éticas y legales que conlleva.

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  2. Jaajajajajjajaj peeeerdón…. espero ansioso la segunda entrega, una nueva saga se avecina.

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