EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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“WHAT A WONDERFUL WORLD”


Todos los programas políticos tienen un objetivo común, alcanzar un mundo perfecto, una utopía en la que todos vivamos felices. Todos los programas económicos de todos los partidos políticos del mundo ofrecen las recetas mágicas para alcanzar esa utopía social. No hay un solo líder político que no se presente ante el electorado como el druida Panorámix de las aventuras de Astérix y Obélix con su pequeña hoz de oro para cortar el muérdago y su enorme marmita de burbujeante poción mágica que nos hará más fuertes y poderosos que los malditos mercados, digo romanos y …

Y llega el día después de las elecciones y ya nada es lo mismo. Descubrimos que todo el mundo quiere vivir en el paraíso pero cada uno lo entiende de una manera distinta. Porque a unos les gusta disfrutar del amanecer y otros prefieren las luces titilantes del ocaso. Y como el sol, según los viejos libros escolares, sale por el este y se pone por el oeste, nos encontramos con que la mitad de la población le acaba dando la espalda a la otra a la hora de mirar cuando nace o muere el día y además, nunca coinciden en el momento de disfrutar tan bellas imágenes.

Lo primero que deberían aprender todos los partidos políticos del mundo es que se dirigen a ciudadanos mayores de edad. De ese modo, los programas políticos perdería esa estética navideña de paz, amor y fantasía y los textos dejarían de recordarnos la carta a los Reyes Magos de Oriente.

Un programa económico debe plantear qué queremos pero mucho más importante es explicar cómo vamos a conseguirlo, qué se nos va exigir y cuanto esfuerzo vamos a dedicar a ello. Más que nada, porque no siempre nos va a compensar y en esos casos habrá que buscar otro camino más corto y más rápido para llegar al mismo lugar, o al menos, acercarse.

Lo que plantea PODEMOS en su recién presentado Programa económico no suena mal, incluso hay pasajes que suenan muy bien. Hay cuestiones en las que desde la lejanía ideológica se coincide; aunque a veces sólo en el planteamiento y casi nunca en el desarrollo. Por eso creo que la gran mayoría de la población coincidirá con el señor Iglesias cuando dice que nuestra sociedad no necesita más embaucadores ni vendedores de humo. El problema es, según mi opinión, que tan contundente frase viene de otro vendedor de humo.

Una de las propuestas que creo más interesantes es la de crear escuelas infantiles para aumentar la integración laboral de la mujer. La educación, y lo he defendido siempre, es la mayor inversión que puede hacer un país en su población.

¿A quién le parecería mal aumentar las pensiones? El problema es otro; cualquier renta actual debe surgir de un ahorro anterior; así que no resulta sencillo cobrar los intereses antes de depositar el dinero.

Como a nadie le amarga un dulce, creo que todos firmaríamos una jornada semanal de treinta y cinco horas aunque a mí me parece un objetivo poco ambicioso ya que creo posible, si aumentamos nuestra eficiencia, alcanzar una mucho más corta.

Ningún trabajador vería mal que se fortalecieran los sindicatos. Al fin y al cabo, la agrupación de trabajadores es fundamental para defender sus derechos laborales, sus condiciones de trabajo, de remuneración, etc. Otra cosa muy distinta es que de ello sean capaces unos sindicatos anclados en el primer tercio del siglo pasado que además, actúan desde posicionamientos políticos y no laborales y que además, carecen de libertad de actuación puesto que sus estructuras viven de la subvención pública. Y nadie muerde la mano que le da de comer. Por eso resulta poco creíble que ese fortalecimiento sindical conlleve a la mejora de salarios per se.

Los salarios, como la jornada laboral sólo mejoran si lo hace nuestra eficiencia; si somos capaces de producir más y mejor en menor tiempo y con menos recursos.

Aunque, desde luego, en lo que sí coincidimos plenamente los señores de PODEMOS y este ciudadano libre que firma estas reflexiones y que no tiene más atadura ni servidumbre que su propia libertad, es que fue escandaloso rescatar a la banca con dinero público. Pero justo en ese punto y seguido terminó mi coincidencia pues a continuación se plantea algo tan surrealista como que la banca nacionalizada debe conceder préstamo por el sólo hecho de ser ciudadano de este país. Pero más hilarante es abogar por una o varias bancas públicas tras el colapso de las Cajas de Ahorros que, al parecer eran de titularidad privada.

Para PODEMOS el acceso al crédito debe ser un derecho. ¿No lo es? Todo el mundo tiene derecho a solicitar crédito. La cuestión que estos señores plantean es otra, ¿debe el prestamista estar obligado a dar crédito al prestatario sea cual sea su capacidad de reembolso? El sentido común te dice que no porque ese crédito a gogo sólo te lleva a la quiebra y así lo hemos vivido y vamos a pagar sus consecuencias. Pero lo que se pretende es obligar a la banca a contestar afirmativamente a toda solicitud, por imperativo legal.

Así que a PODEMOS vamos a tener que cambiarle el nombre por otro que refleje mejor lo que representa su programa político. No sé si DESEAMOS, ANHELAMOS, NOS GUSTARÍA o mejor, WHAT A WONDERFUL WORLD siempre que admitan que la voz del gran Louis Armstrong, aunque sea un claro representante del american way of life, sea la banda sonora de su campaña y que sean los acordes de la mejor trompeta del jazz la música que abra sus multitudinarios mítines de promesas paradisíacas y estética cutre pop.

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