EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO


Cada vez que los relojes dan la última campanada del año una riada de buenos propósitos sacude el mundo. No sé si lo provocará el champaña, la sidra o los licores espirituosos de alta graduación o tendrá por causa al confeti y las serpentinas o si, sencillamente, necesitamos un momento concreto que actúe, parafraseando a Arquímedes, como punto de apoyo para mover nuestro mundo. Pero lo cierto es que casi todos y casi todos los años, pública o privadamente, consciente o inconscientemente, nos hacemos y hacemos promesas y juramentos más solemnes que el que exigió Mio Cid al rey Alfonso VI en Santa Gadea de Burgos do juran los fijosdalgo.

RELOJ DE LA PUERTA DEL SOL. MADRID (ESPAÑA)

RELOJ DE LA PUERTA DEL SOL. MADRID (ESPAÑA)

Y en plena euforia, nos comprometemos a hablar inglés con acento tan oxoniense que nos imaginamos la próxima Nochevieja ataviados de bombín y levita, of course, despidiendo el año a los pies del Big Ben después de cenar en algún restaurante del Soho. O a dedicar tanto tiempo al gimnasio que nos vemos corriendo la Maratón de Nueva York con el mismo desparpajo que un campeón olímpico o hacer tal dieta que nos permita aparecer en las portadas más fashion del mundo, luciendo palmito y arrebatadora elegancia.

Lo curioso y quizá triste es que la siguiente Nochevieja, con las mismas copas de más que las anteriores y en idénticas circunstancias, seguimos gritando Japiniuyiar famili an frens en el salón de casa mientras vemos bajar la puñetera bola del reloj de la Puerta del Sol, con los mismos veinte kilos de más y una camisa de cuadros marrones, tipo mantel de picnic, arremangada y malmetida en unos pantalones rojos que no pegan ni con cola.

C’est la vie que dirían nuestros vecinos franceses.

A las empresas que al fin y al cabo están formadas y dirigidas por los mismos seres humanos que se comprometen a llevar a cabo proezas cuya heroicidad crece al mismo ritmo que avanza la fiesta, les ocurre algo similar. Casi siempre, los buenos propósitos de las comidas de Navidad no llegan ni al día de Reyes.

¿Por qué nos ocurren estas desgracias personales y profesionales? Primero, porque nuestros deseos nunca maduran hasta convertirse en objetivos palpables. Y después, por tres motivos fundamentales: inconcreción, procrastinación y ausencia de planificación. Es claro que un objetivo mal definido sencillamente no existe. Si además, lo diferimos y aplazamos esperando el momento idóneo para iniciarlo, nunca empezaremos o lo haremos tan tarde que habrá devenido en inútil. Y por último, sin una definición de hitos temporales y metas a conseguir, jamás alcanzaremos el objetivo marcado.

Pensemos en la manida promesa de hablar inglés. Si no establecemos qué nivel queremos alcanzar, ni analizamos cuanto tiempo necesitaremos para ello, resultará imposible que nos paseemos por Picadilly con la misma seguridad que si acabáramos de bajarnos en King’s Cross del tren de Cambridge. Si además lo vamos dejando porque esta semana no es buena y la siguiente tampoco, acabaremos el año como lo empezamos, deseando un Japiniuyiar a la famili y a los frens de siempre.

Igual ocurre si la empresa se propone ser la primera de su provincia en facturación, doblar los beneficios o crear un departamento de comercialización. Al final, será la nada.

En 1902, Rudyard Kipling publicó Just So Stories for Little Children, una colección de cuentos cortos entre los que se encuentra The Elephant’s Child, al que como prefacio antecede el conocido poema que dice Seis honrados sirvientes / me enseñaron todo lo que sé / sus nombres son Qué, Dónde, Cuándo / Cómo, Quién y Por qué.

Realmente, el Nobel británico sólo formalizó una regla ya enunciada por los antiguos retóricos y que hoy es conocida como 5WH – por las iniciales en inglés de las preguntas – o 6W y que es fundamental en cualquier proceso de investigación o de presentación de información. Tan sólo se trata de verificar, respecto a cualquier proyecto, seis sencillas preguntas que no pueden responderse con un simple si o no.

Así que si los directivos de cualquier empresa quieren conseguir los objetivos marcados, por poco ambiciosos que sean, deberán preguntarse:

¿Qué? Si no definimos claramente el objetivo difícilmente vamos a poder alcanzarlo.

¿Por qué? Cualquier objetivo debe tener una justificación racional. Pedir al personal de una empresa que se involucre en un cambio radical o que aporte un esfuerzo importante a un proyecto común, simplemente, porque el jefe lo ve es confundir una empresa con una secta y a sus directivos con esos líderes iluminados que de tanto en tanto copan las páginas de los periódicos.

¿Quién? Toda labor requiere un responsable o un conjunto de ellos que no deben albergar duda alguna sobre su responsabilidad, funciones y capacidad de decisión.

¿Dónde? El lugar o lugares en los que desarrollar un trabajo no son cuestión baladí y por tanto, no deben dejarse de lado.

¿Cuándo? Es quizá una de las preguntas más importantes a responder. Los objetivos sin fecha conocida de entrega se difieren en el tiempo y si el plazo total no se divide en etapas asequibles a quienes deben cubrirlas jamás alcanzaremos ni el primero de los hitos que nos hubiéramos marcado.

Y por último, ¿Cómo? Aquí viene la cuestión fundamental. El cómo son las personas, los medios, los recursos materiales y financieros, las actitudes, las gestiones… Y todo aquello que pudiera ser necesario para alcanzar cada uno de los hitos previstos y el objetivo final.

Porque, si no sabemos cómo vamos a hacer algo, ¿alguien cree que podremos conseguirlo?

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1 comentario

  1. misael dice:

    Soberbio artículo D. Luis, soberbio ! Muchas gracias… le devuelven a uno las ganas de sentirse español cuando lee a connacionales con semejante talento.

    Dicho lo cual, siempre me llama la atención que al final de cuentas, cualquier mejora personal pasa por la creación de hábitos nuevos y el deshecho de otros… ¡ nada que nuestra cultura, costumbres y cristianismo no nos hayan indicado desde tiempo inmemorial ! No podemos ir más allá de donde nuestra imaginación nos lleve… por tanto… hay que liberarse de autoataduras.. ¿ y qué son las autoataduras sino pequeñas esclavitudes con las que perdemos el tiempo ?

    Feliz Año 2015

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