EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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DEUDA A TUTIPLÉN


Si algo va a tener 2015 es animación. La recuperación, aunque lenta, comienza a ser un hecho, el petróleo cotiza a precios de lejana memoria, la inflación no existe, la depreciación del euro empuja las exportaciones y encima, como guinda para el pastel, vamos a estar votando todo el año. En mayo, municipales y autonómicas, a final de año, generales, en septiembre catalanas y demasiado se rumorea ya con que las andaluzas no van a esperar a que pasen las campanadas y puede que sean antes del verano.

Y ahora, piensen un poco antes de contestar a estas dos preguntas; ¿qué es lo que más valoran los ciudadanos de un gobierno? y ¿qué es lo que mejor saben hacer los políticos? Una pista, la respuesta a ambas cuestiones es idéntica y se trata de un verbo. Exactamente, lo han adivinado: GASTAR. Y así, en mayúsculas.

Aunque estemos en plena crisis económica y todos seamos conscientes de ello, sea porque la sufrimos directamente en mayor o menor medida o porque somos tan afortunados que sólo presenciamos sus consecuencias, la realidad es que en cualquier charla de ascensor, conversación de parada de autobús o tertulia de café aparecen siempre las necesidades sociales y la inacción gubernamental de afrontar gasto, sea para contratar personal, asfaltar calles, mejorar infraestructuras o afrontar – otra vez – proyectos faraónicos. Somos así. ¡Qué le vamos a hacer! Al ciudadano le gusta que su ciudad disponga de un estadio olímpico aunque jamás se vayan a celebrar allí unos juegos y la única forma de obtener algún ingreso sea apacentar ovejas en el césped o celebrar conciertos y verbenas populares con ocasión de las fiestas patronales.

Aunque la cuestión es más compleja. El ciudadano está en lo cierto cuando exige que los enfermos no se acumulen en los pasillos de los hospitales, que las farolas de su calle alumbren o que en el colegio de sus hijos haya calefacción en invierno. Y es justo que lo haga porque, a través de los impuestos que el estado impone, lo paga. Pero adolece de falta de sensatez cuando pide otras muchas cosas y lo triste es que lo hace y los políticos, en plena campaña electoral son capaces de prometer un puerto de mar en mitad de la estepa siberiana y una estación de esquí en el desierto de Gobi. Pero peor aún es cuando lo hacen.

Por eso 2015 va a ser un año terrible para nuestros bolsillos. Mucho o poco, nuestros gobernantes, en aras de conservar sus mullidas poltronas, harán todo lo que sea posible para mantenerse en ellas otra legislatura con la esperanza de que amaine la tormenta de la crisis y puedan perpetuarse en el poder, pues esa y no otra es la principal idea que mueve la ambición política. Incluso la que es legítima y lo hace con vocación de servicio.

Y lo peor es que vivimos un momento de penuria económica estatal como no se conocía desde lejanos tiempos.

La administración, sea central, autonómica o local, recuerda a don Basilio – personaje de la comedia Doña Clarines de los hermanos Álvarez-Quintero – que es un rico heredero, calavera y arruinado a quien mantiene su hermana – la doña Clarines del título. Cada mañana recibe un duro para sus gastos y cada mañana, para darle cierta enjundia melodramática al asunto, masculla frases como ¡No puedo acostumbrarme! ¡Un Olivenza, un descendiente del señor de la Torre de Olivenza viviendo asalariado por su hermana! Me quema la mano esta moneda. Pero cuando la buena señora le contesta con un desahogado, Pues si te quema, ¡suéltala!, suspira y se guarda el duro.

Porque la administración pública ha actuado como don Basilio. En palabras de doña Clarines: Si el descendiente de los Olivenza no hubiese despilfarrado la hacienda que le legaron sus mayores, emborrachándose cuanto ha podido con todo linaje de gentuza, otro gallo le cantaría.

Así que no queda más remedio que seguir pidiendo para mantener, cuando menos, las apariencias antes de que se abran las urnas y contemos los votos.

Pues bien, nuestro don Basilio, es decir, el Tesoro Público ha decidido que en 2015 va a pedir al mercado, no un duro, sino 655.805.479,45 euros diarios, cantidad que en duros debe ser una auténtica carretada. La cifra neta de endeudamiento, es decir, en cuanto va a aumentar la deuda pública se sitúa en Cincuenta y cinco mil millones de euros que, siguiendo con la broma del duro diario, asciende a 150.684.931,51 € que tampoco es cifra que pueda calificarse de magra.

En definitiva, es lo mismo que se ha emitido en los dos últimos años pero cuatro veces que lo que se requería en los años previos a la crisis cuando la relación con el PIB era de un 40% y no como ahora que ambas magnitudes son prácticamente idénticas. La razón última de tal emisión de deuda no es otra que el compromiso del estado de amparar las obligaciones de pago, incluyendo préstamos bancarios, de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. El hecho de que haya elecciones autonómicas y municipales, aunque asi lo creamos los malpensados es indiferente.

En fin, que este año, mientras utilicemos las manitas para aplaudir las inauguraciones o depositar el voto, el estado aprovechará para sacar de nuestros indefensos bolsillos esa barbaridad de euros que como a don Basilio, puede que le quemen la mano pero no está dispuesto a soltar.

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1 comentario

  1. Qué cosas tienes, gastan porque no tienen más remedio que si no… gastarían más. ¡Otra ronda, que paga curro!

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