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UNA APROXIMACIÓN A LOS DIVERSOS RIESGOS FINANCIEROS


Sabemos que el riesgo puede definirse como la contingencia o posibilidad de que algo suceda o la proximidad de un peligro o daño. Financieramente, el riesgo es una situación en la que no existe garantía de éxito, lo que en términos puramente económicos se relaciona siempre con la posibilidad de obtener beneficios. Por tanto, es una característica connatural a la actividad empresarial y esa es la razón por la que debe analizarse y valorarse, con idea de reducir al mínimo sus efectos negativos y aprovechar los positivos.

La incertidumbre se refiere a la posibilidad de que se produzca una pérdida, al momento de producirse y a la cuantía de la misma. El riesgo puede derivarse de la propia actividad. En este caso se denomina operativo y si nace del resto de actividades, puede ser financiero, – propio de las operaciones de financiación – o extraordinario – del resto.

Dado que toda empresa requiere financiación, el riesgo de tipo de interés siempre afecta a la cuenta de resultados. En el caso de las compañías que tengan negocios en el extranjero, adquieran materias primas o cualquier otro suministro significativo porcentualmente sobre su facturación y, por supuesto, todas aquellas que tengan como objeto el comercio internacional – importación y exportación – deberán gestionar también el riesgo de tipo de cambio y el denominado riesgo país.

El riesgo de tipo de interés es el que se deriva de las fluctuaciones que sufre el precio del dinero en los mercados de capitales. El interés es el precio que un banco nos cobra por el uso del dinero o lo que es lo mismo, el precio del tiempo que compramos para pagar más tarde. Se determina contractualmente y puede mantenerse fijo durante toda la vida de la operación o establecerse periódicamente tomando como referencia el interés que determine algún mercado organizado siendo, en este caso considerado variable.

Siempre, prestamista y prestatario asumen riesgos. Cuando pactamos tipos fijos no nos afecta el riesgo de tipo de interés ya que nuestros costes no varían pero deberemos asumir, en cambio, el riesgo derivado del coste de oportunidad ya que si los tipos suben estaremos cubiertos y obtendremos mejores resultados que los esperados, dándose la situación inversa en el caso contrario.

Las empresas dedicadas al comercio internacional deben analizar otras dos contingencias importantes ya que actúan utilizando divisas y operan en terceros países. Por divisa entendemos, no sólo los billetes, que siguen siendo una especie de cheque al portador librado contra las reservas del banco central emisor, sino también los depósitos bancarios, documentos cambiarios, títulos de deuda pública y privada y cualquier documento representativo de un derecho de cobro que sea admitido por las partes.

Respecto a la utilización de divisas diferentes a la propia como medios de cobro y pago, es necesario analizar el riesgo de tipo de cambio que se define como la pérdida potencial de valor, derivada de las variaciones de cotización entre la divisa propia y aquella en la que realizamos las operaciones de exportación.

Cuando cobramos en una divisa diferente a la propia nos interesa venderla y obtener a cambio una cantidad equivalente de la nuestra y si debemos pagar en divisas deberemos comprar el importe necesario para hacer frente a nuestras obligaciones. Está claro que si compramos en otra divisa el contravalor que deberemos pagar al recibir la mercancía puede ser superior o inferior al que el mercado establecía en el momento del contrato. Esas diferencias conforman la exposición contable o de conversión que surge cuando se opera con monedas distintas a la empleada para formular la información contable.

También aparece al elaborar los estados financieros consolidados cuando integramos filiales o sucursales que operan en diferentes países y monedas. En esta circunstancia, dado que los estados financieros individuales están confeccionados en distintas monedas se habla de riesgo de consolidación. Dependiendo del método de conversión empleado los resultados diferirán en uno u otro sentido, pues serán diferentes las partidas de activo y pasivo que se tendrán en cuenta como expuestas al riesgo de conversión.

El riesgo económico provocado por la fluctuación de los tipos de cambio, puede afectarnos aunque no operemos en divisas cuando nuestra competencia si lo hace ya que puede obtener mejores precios, o cuando el precio de las materias primas que utilizamos viene referenciado a otras divisas, etc.

Por último, el riesgo país se define como el que concurre en las deudas de un país, globalmente consideradas, por circunstancias distintas del riesgo comercial habitual. Es decir, una empresa puede ser absolutamente solvente pero si el país en el que está radicada no lo es su calificación internacional se verá disminuida.

El riesgo país incluye dos conceptos. El riesgo soberano que es el que soportan los acreedores de los estados o de entidades garantizadas por ellos, y está en relación con la ineficacia de las acciones legales contra el prestatario o último obligado al pago por razones de soberanía y el riesgo de transferencia que es el que sufren un acreedor extranjero respecto a los residentes de un país cuando es incapaz de modo general de afrontar el pago de sus deudas por carecer de la divisa o divisas en que estén denominadas.

La Circular 4/91 del Banco de España divide los países en seis categorías: (1) Pertenecientes a la UE y a la OCDE cuyas monedas estén admitidas a cotización en nuestro mercado de divisas; (2) No clasificados en ningún otro grupo; (3) Con dificultades transitorias; (4) Dudosos; (5) Muy dudosos y (6) Fallidos.

Para clasificar a un país se tiene en cuenta la evolución de su balanza de pagos, el volumen, coste y cotización de su deuda pública en los mercados secundarios internacionales, la seguridad jurídica ofrecida y sus circunstancias sociopolíticas. Inicialmente, cada empresa o entidad financiera debe apreciar el riesgo de impago en función de su propia experiencia pero también hay que tener en cuenta lo sucedido con competidores si ello empeora la clasificación del país. Cuando existen dudas sobre en qué grupo hay que encuadrar a un país siempre prima la peor clasificación.

La actividad bancaria refleja la de sus empresas clientes, ya que actúa de contraparte; por tanto, el riesgo bancario puede definirse como el conjunto de todos los distintos tipos de riesgos que enfrentan las instituciones bancarias cuando llevan a cabo sus actividades. Incluye todos los riesgos consignados anteriormente y en particular incluye:

a.-      Riesgo crediticio: Recoge la posibilidad de que el impago de cualquier operación financiera genere pérdidas a la entidad.

b.-      Riesgo de liquidez: Se refiere a la posibilidad de que se produzcan pérdidas a causa de mantener recursos líquidos improductivos en el balance para afrontar los compromisos presentes y futuros.

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