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LOS RIESGOS FINANCIEROS FUERA DE BALANCE


Uno de los mayores problemas con los que se encuentran habitualmente los analistas es detectar todos los productos o situaciones de riesgo que no aparecen registrados en la contabilidad de las compañías, lo que se denomina operaciones fuera de balance que pueden definirse como aquellas operaciones que no implican un movimiento inmediato de efectivo, por lo que no se contabilizan en cuentas patrimoniales, aunque plantean riesgos financieros futuros, incidiendo en el resultado y poniendo en duda la viabilidad de la compañía.

El Balance es la foto fija de una realidad en movimiento como es la empresa. Por tanto, siempre es bueno disponer de una secuencia de ellos (trimestrales o semestrales) para poder detectar con certeza la situación financiera de cada compañía. Y por otra parte, tampoco hay que olvidar que los Balances Oficiales que sirven para formular las Cuentas Anuales se preparan para ofrecer la mejor imagen posible.

Podemos, por tanto, separar los Productos de Riesgo según aparezcan o no en el Balance.

Entre los riesgos directos incluidos en Balance están todos los que generan flujo de Caja. Pero debemos tener en cuenta algunas cuestiones:

Las Cuentas de crédito suponen un problema de análisis importante ya que sólo conocemos el límite si el cliente nos lo comunica y además, demasiadas empresas, al funcionar como cuentas corrientes las registran como Tesorería. En el caso de que estén dispuestas, su saldo negativo rompe los esquemas de análisis. Otra situación habitual es cubrirlas al cierre de ejercicio acumulando saldos y pasando pagos a los primeros días del año para reducir el volumen de deuda registrada. Y por último, no debemos olvidar que su cancelación es de libre decisión por parte del banco. Extremos que deberemos ponderar en el análisis.

Los anticipos, descuentos y factoring siempre aparecen registrados al exigirse contablemente que se refleje la responsabilidad subsidiaria por la deuda descontada.

El confirming emitido no siempre se registra separadamente y con el recibido rara vez se hace, aunque este debería contemplarse como un activo líquido ya que el abono de su anticipo suele ser inmediato.

Los préstamos y leasing suelen contabilizarse correctamente pero también es habitual, sobre todo en las pymes, que la deuda a corto y largo plazo sólo se actualice al cierre del ejercicio. Por esa razón los Fondos de maniobra calculados según Balances intermedios suelen mejorar aparentemente conforme avanza el ejercicio.

Mucho más importante es analizar otras partidas que aún apareciendo en el Balance pueden generar graves problemas en el análisis de la salud financiera de una compañía y en su viabilidad futura en función de la valoración otorgada.

En el Activo No Corriente:

Las partidas de Intangible están más cerca de ser una manifestación de parte o un deseo que una realidad y es importante conocer su composición para poder determinar si realmente serían convertibles en efectivo o no lo son en ningún caso. En demasiadas empresas se procede a activar gasto con el único criterio de mejorar la cuenta de resultados y no porque sea razonablemente activable.

El inmovilizado material suele estar sobrevalorado por lo que siempre es importante conocer su descompuesto y valorarlo aunque sea aproximadamente y a los únicos efectos del análisis. Mucho más si se refiere a terrenos y construcciones o se trata de inversiones inmobiliarias que tras la burbuja del ladrillo aparecen con valoraciones contables que están, claramente, fuera de mercado.

Las inversiones en empresas del grupo y asociadas también suelen plantear problemas. Unas veces porque se valoran por la inversión inicial y esta no se actualiza o simplemente porque no se tiene constancia de cuanto aportan a la matriz.

Por último las inversiones financieras pueden fluctuar y además muchas inversiones son realmente indisponibles porque están pignoradas garantizando Líneas de Riesgo.

Dentro del Activo Corriente: Una partida muy preocupante si aparece consolidada es la de Activos no corrientes mantenidos para la venta. Tras la burbuja inmobiliaria muchas compañías han trasladado aquí parte de su Activo Inmobiliario para mejorar el Fondo de maniobra, pero la posibilidad de vender alguno de estos activos puede ser nula en el contexto actual. Por ese motivo, es importante conocer su composición para valorarla y realizar un seguimiento a las operaciones realizadas.

Algo parecido ocurre con las Existencias. En las empresas comerciales son el colchón de control de la Cuenta de Resultados y es muy raro que respondan a la exacta realidad.

Respecto a las inversiones, sean en empresas del grupo o financieras hay que hacer la misma consideración que en el caso de sus equivalentes como Activo no corriente. Importante también son los créditos a empresas vinculadas o a socios y administradores. Aunque aparezcan como activos realizables la experiencia nos dice que su devolución debe ponerse en duda y la fecha de la misma siempre será impredecible.

Caso aparte supone el Efectivo y otros activos líquidos equivalentes. Es importante conocer su realidad ya que no tiene sentido que convivan con saldos dispuestos en Cuenta de Crédito.

Y, sin duda alguna, lo que siempre nos acabará provocando dolores de cabeza son todos los Productos no incluidos en Balance que pueden suponer Riesgos:

Los alquileres, sean tradicionales o vía renting no aparecen en Balance pues se consideran gasto directo. Pero generan obligaciones y algunas de ellas como son compromisos de permanencia, comisiones de cancelación u obligaciones diferidas en el tiempo que generan obligaciones futuras podrían perjudicar la estructura del balance y degradar la viabilidad de la compañía.

Los avales recibidos por la empresa no tienen registro contable. Los otorgados por entidades financieras pueden conocerse consultando, con permiso expreso del cliente, la Información recogida en CIRBE (Central de Información de Riesgos del Banco de España) o que el propio cliente facilite el Certificado. Aún así, si la Memoria de la Compañía y el obligatorio Informe de gestión están bien redactados y ofrecen información sustanciosa – lo cual no es habitual en las pymes y compañías medias – podríamos conocer o deducir los riesgos o realizar una aproximación mediante una elevación al íntegro de las comisiones abonadas.

Otra partida importante pueden ser los Derivados, tan de moda hace algunos años y que tantos perjuicios han generado. Lo importante de ellos no es su coste que aparece en la Cuenta de Pérdidas & Ganancias sino su posible impacto futuro en la misma.

La partida de personal genera importantes dudas. Ninguna empresa recoge compromisos futuros con trabajadores. Las remuneraciones se contabilizan periódicamente pero es difícil conocer el impacto de retribuciones por objetivos ya cumplidos y por tanto, generadas, aunque su pago sea futuro. Mucho más grave suele ser el impacto del pasivo laboral o costes de indemnización por despido de la plantilla o aplicaciones de reducciones de personal cuyo cálculo suele ser desconocido.

Por último, una partida preocupante son los avales concedidos a terceros, socios o empresas del grupo que, en caso de ser ejecutados, podrían poner en peligro la viabilidad de la compañía.

En conclusión, analizar una compañía va mucho más de dar a su Balance un mero repaso de cifras o de aplicar una serie de ratios comparativos.

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