EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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CON MÁS TRAMPAS QUE DANIEL BOONE


Para los que no lo sepan, Daniel Boone fue uno de esos pioneros del período en el que las Trece Colonias se convirtieron en los Estados Unidos de América cuya figura, al igual que la de otros héroes de la frontera como Davy Crockett se hizo muy popular a partir de los años sesenta gracias a las series de televisión americanas. Su imagen con un sombrero de castor adornado con la cola del propio animal, su chaqueta de piel con tiras adornando las mangas y su carabina dieciochesca se convirtieron en un icono mundial de aquel primer oeste que se abría paso desde Nueva Inglaterra hasta el Pacífico creando un nuevo país. Como el bueno de Daniel Boone era también trampero y en español, una de las acepciones de la palabra trampa en el DRAE, exactamente la novena y última es deuda cuyo pago se demora, se acabó acuñando en la época el dicho que encabeza esta nota.

Y así está España, con más trampas que Daniel Boone. La economía crece pero la deuda no cae; o mejor dicho cae la privada pero aumenta la pública y desgraciadamente, no lo hace en igual proporción. España debe – incluyendo sector público y privado– el equivalente al 315,5% del PIB. Vamos, que hay que estar tres años, dos meses y doce días produciendo y sin gastar ni un triste euro para poder quitarnos de encima la losa que hemos acumulado. Y lo peor es que son 8,4 más del nivel con el que se cerró 2013, aunque la verdad es que lo importante no es que suba algo, ya que es una magnitud comparada y si baja el PIB tiende a elevarse, sino que permanece inalterable. Hecho que se agrava a causa de la nula inflación que deja el PIB nominal inalterable.

Lo preocupante de estas cifras no es su volumen; ya sabemos que somos un país altamente endeudado y que a esa realidad no han sido ajenas ni las empresas ni las familias. Lo que cuesta digerir es que el desapalancamiento del sector privado sólo ha significado una transferencia de deuda hacia el estado. Así, empresas y familias deben el equivalente al 182% del PIB que es el mínimo registrado desde la burbuja de crédito que alcanzó su cenit en 2006.

De ahí, las familias españoles adeudan en total 762.554 millones de euros que equivalen al 72,4% del PIB y suponen una cantidad muy similar a la existente en 2006. Por tanto, desde el máximo de 2008, el endeudamiento no ha hecho más que bajar.

En cambio, el endeudamiento público ha escalado desde aquel europeo, solvente y aseado 39,4% de principios de 2008 hasta un 133,5% que no puede calificarse sino de desastroso. Lamentablemente, el dato es correcto. Piensen que al 100% del PIB de deuda pública hay que sumar todos los pasivos financieros que generan compromisos de pago al hipertrofiado y megalómano sector público patrio que como la Hidra de Lerna cada vez que se le corta una cabeza le nacen otras dos sin que hayamos podido encontrar el Hércules que sea capaz de acabar con ella.

No hay que olvidar que las Administraciones Públicas tienen importantes cantidades aplazadas en el pago a sus proveedores corrientes, además de créditos comerciales y bancarios.

Empresas y hogares han reducido sus gastos en consumo con la única idea de mantener su deuda haciendo frente, al menos, a los intereses en espera de mejores tiempos que les permitieran rebajarla. Y lo han conseguido tal y como señalan los datos. Lógicamente, la sensación en las economías familiares ha sido de alivio aunque no podemos dejar de lado que la contracción del consumo durante la recesión es la otra cara de la moneda.

Las empresas han actuado de forma parecida; han eliminado todos los costes posibles a la vez que renunciaban a cualquier inversión lo que provocó exagerados ajustes de plantilla y una fortísima devaluación interna con caída generalizada de salarios. De ese modo la deuda total de las empresas que asciende a 1,16 billones de euros es, también, la menor desde el recordado 2006 de vino y rosas. Un dato importante y significativo es que la caída de deuda es la menor de los últimos ejercicios lo que transmite cierta tendencia a la inversión con parte de ella financiada gracias a un mayor acceso al crédito y a la vuelta de unos ciertos niveles de confianza en el futuro.

Por tanto, la conclusión de este breve análisis no puede ser otra que la del título y es que tenemos más trampas que Daniel Boone, felicitarse por la buena gestión de empresas y familias y preocuparse por el creciente endeudamiento del estado. Y otro asunto más que también debe tenernos alerta es que la deuda exterior está en máximos históricos y ya supera el billón de euros y no es bueno deber tanto fuera porque como escribió nuestro Tirso de Molina, adviertan los que de Dios juzgan los castigos grandes que no hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague.

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