EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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¿QUÉ NOS JUGAMOS CON GRECIA?


En estos días de tensión sobre la posición de Grecia en el marco europeo y su futuro inmediato, asistimos – respecto al impacto que tendría un impago griego en la economía española – a una auténtica ceremonia de la confusión y de la demagogia en la que las explicaciones van desde el blanco al negro y desde el orto hasta el ocaso.

Algunos miembros del gobierno nos han recordado que Grecia nos debe veintitantos mil millones de euros, que es su obligación devolverlos y como siempre es bueno que haya niños para echarles la culpa del jarrón roto, han llegado a afirmar con absoluto sentimiento y congoja que esa es la causa de que no pudieran subir las pensiones. Así que ya lo saben, la responsable de que a nuestros mayores les congelaran los ingresos no fue la mala gestión de nuestros variados gobiernos sino la señora del anuncio del yogur griego que gritaba aquello que nos hacía tanta gracia de jroña que jroña (en griego, χρόνια και χρόνια, dedicado a mis amigos de letras) que por cierto, sólo significa años y años que es lo que van a tardar los griegos en devolver la enorme deuda que sus incompetentes gobernantes solicitaron a los mercados.

Al otro lado del espectro político, las benevolentes huestes de la izquierda, triste y apenada por la situación griega, nos cuentan todo lo contrario. Visto desde la atalaya del socialismo militante y radical, Grecia no debe nada a España, pero nada de nada. ¡Ni un duro, oiga!, que diría un castizo. Y la razón que se esgrime es que España no ha sacado un solo euro de la hucha porque lo único que ha hecho ha sido avalar la deuda griega y avalar no es prestar, no es más que firmar un papelito sin más importancia ni interés. Así que tomen nota, lo que ocurre es que las malvadas huestes germanófilas de la Unión y sus sicarios sólo quieren hundir a un país inocente como Grecia para satisfacer los apetitos indeseables de los especuladores internacionales. Aquí tampoco recuerdan que la deuda griega fue solicitada por sus gobiernos y no por la señora del yogur que, eso sí, recordamos que va a estar pagándola χρόνια και χρόνια.

Entonces, ¿cuál es la realidad? Vamos a intentar desentrañar esta maraña porque ninguno dice la verdad pero, en pura lógica del uso político del lenguaje, tampoco miente del todo.

Cuando en 2010 surgió la crisis de la deuda griega, los socios europeos establecieron ayudas inmediatas a través de préstamos bilaterales a los que España colaboró con 6.650 millones de euros que a fecha de hoy, aún se adeudan. Por otra parte y en el contexto de ese primer rescate, el FMI prestó otros 20.100 millones. Dado que España participa en dicho organismo con una cuota del 1,7%, podemos decir que, indirectamente, nos debe otros 350 millones de euros. En total, unos 7.000 millones de exposición con una deuda directa de 6.650.

Más adelante y como apoyo al socio, entre 2010 y 2012, el BCE compró deuda griega a través del programa conocido como Securities Market Purchase (SMP). Actualmente se estima que el BCE tiene en su cartera unos 20.000 millones cuyo 12.5%, que es la participación de España en el mismo, genera una exposición en caso de impago de otros 2.500 millones.

Y por último, a consecuencia del segundo plan de rescate griego, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF) ha prestado 144.600 millones de euros a los que hay que sumar 19.000 del FMI. Nuestra participación en el EFSF es como avalistas y nos hacemos cargo del 11,8% pero al excluir a los socios con problemas – Portugal, Irlanda y Grecia – la exposición real se incrementó hasta el 12,7%. Por tanto, las garantías aportadas por España suman 18.775 millones (18.450 del EFSF y 325 del FMI).

En conjunto, la exposición española al impago griego suma algo más de 28.000 millones de euros, 6.650 en deuda directa y el resto ´como partícipes o avalistas del deudor.

Es claro que la mayoría de nuestro apoyo no ha sido a través de préstamos bilaterales – algo de razón leva la izquierda – pero sí lo es que en el hipotético caso de que Grecia impagara, España debería, como cualquier avalista, desembolsar las cantidades avaladas y sufriría, como cualquier accionista el quebranto del impago.

Lo peor es que el dinero del préstamo bilateral tuvimos que pedirlo prestado porque ni siquiera disponíamos de él. En definitiva, es cierto que exponemos esos 28 mil millones de euros en tres categorías diferentes pero más claro aún es que nos los jugamos todos.

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