EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

Inicio » Finanzas para todos » Cosas de las Finanzas » Actualidad Bancaria » ¡QUÉ FLUYA EL CRÉDITO!

¡QUÉ FLUYA EL CRÉDITO!


Contaba mi abuela que en su juventud – allá por los primeros años del pasado siglo – y entre las familias de orden, cuando algún muchacho pretendía a una jovencita, antes de acercarse a ella en la verbena y pedirle un baile se dirigía respetuoso a su señor padre o a la persona que la acompañara para solicitar su venia. Y cuando, tras algunos meses de recatadas maniobras de aproximación, decidía formalizar la relación volvía – en deliciosa expresión – a pedir la puerta – para poder visitar a la que ya era su novia en la casa familiar. Y por último, – en otra frase hoy absolutamente rancia – antes de pasar por la vicaría, el pobre novio sufría el trance de sentarse con su futuro suegro ante el velador de algún café para someterse al interrogatorio de rutina que siempre incluía la pregunta del millón: ¿y usted de que posibles dispone?

Poco después, los locos y felices años veinte y el advenimiento de la II República relajaron las costumbres hasta el punto de que la recatada y mojigata España de la Restauración vio como desde los Ateneos Libertarios se defendían las comunas y el naturismo y se abogaba por la práctica del amor libre consensuado.

Y en uno de esos movimientos pendulares tan caros a nuestra historia, el franquismo y con él, la Sección Femenina, nos volvieron a llevar – porque como siempre ocurre en esta vida, no hay nadie más radical que los conversos – a los paseos con carabina y las multas por cogerse la mano en el parque.

Así que volviendo a mi abuela, cuando ya hacía años que peinaba canas, siempre, eso sí, coquetamente teñidas y recordaba tan azarosos años, sentenciaba respecto a las costumbre de unos y otros que ni calvo, ni con dos pelucas.

A la banca española le ha pasado igual.

Después de vivir el desenfreno del crédito fácil y la promiscuidad como prestamista se ha reconvertido a la banca tradicional y ya en demasiadas ocasiones deja en mantillas a aquellos severos señores de reloj de cadena, cigarro puro, bigote y gesto de pocos amigos que exigían del pretendiente de su hija casadera, la inteligencia de Ramón y Cajal, la prestancia de Rodolfo Valentino, la limpieza de sangre de un duque de Alba y la fortuna de un Vanderbilt o un Rockefeller.

El crédito no puede volver a la relajación de los años de la burbuja y basarse exclusivamente en la idea de que la riqueza nos va a inundar a todos, hagamos lo que hagamos y seamos quienes seamos, pero tampoco es razonable que cualquier solicitud requiera de tantas garantías añadidas que incluso si mañana un cometa impactara sobre la tierra el buen fin de la operación crediticia se viera mínimamente dañado.

¿Qué sería lo razonable por parte de la banca? Estudiar las operaciones con profesionalidad y exigir a cada solicitud un Plan de Negocio creíble que sustente con cierta garantía el repago de la financiación. Y más importante aún, evitar la solicitud de garantías adicionales. Las razones son dos; la primera es muy simple, si un posible negocio no se soporta en sí mismo, no debe financiarse y la segunda es de pura supervivencia bancaria; en el caso de que una financiación quede impagada ¿qué gana una entidad financiera adjudicándose inmuebles cuando las carteras de la banca están absolutamente desbordadas? Y si se trata de un pequeño empresario o un particular ¿qué beneficio obtiene quedándose con la vivienda del deudor? Económicamente es mínimo, operativamente es una carga ya que hay que gestionarlo y asumir los costes de comunidad e impuestos y socialmente es una lacra difícil de defender tras la ola de desahucios que ha generado la crisis. Y no olvidemos que la imagen pública de las entidades financieras no pasa por su mejor momento.

¿Y los solicitantes de crédito? Las empresas deberían aportar Planes de Negocio creíbles y profesionalizar sus finanzas. El gerente, el director comercial o el dueño no suelen tener formación financiera suficiente, del mismo modo que no he conocido ningún director financiero con grandes dotes comerciales. Y por otra parte, los particulares solo deberían financiar aquello que sean capaces de repagar con sus ingresos fijos sin dejarse llevar por la euforia.

Me dirán que de ese modo el crédito va a fluir con reposo y que ni la banca ni las empresas van a asumir riesgos. Y les diré que ese y no otro es el camino correcto para una banca comercial solvente.

Otra cosa es que el mercado crediticio español requiera que actúen directamente y no agazapados tras las entidades tradicionales, otros actores poco habituales en España como son los fondos de inversión y capital riesgo o las sociedades de leasing, renting o factoring que sí están presentes en mercados más desarrollados, para asumir las financiaciones de riesgo y que lo hagan, y esa es la diferencia fundamental, con su propio capital y no con el de los depositantes como ocurrió en la malhadada burbuja con casi todos los bancos y cajas.

En fin, como decía mi abuela, ni calvo, ni con dos pelucas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: