EL MÁS LARGO VIAJE. BITÁCORA DE LUIS G. CHACÓN.

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MR. DRIFTWOOD ES UN ALTO EMPLEADO DE LA COMPAÑÍA…


En la valoración de un puesto de trabajo determinado nunca suele coincidir la opinión de la dirección de la empresa con quien lo ocupa temporalmente. Y es natural que así sea, el salario y el resto de condiciones de trabajo responden con meridiana exactitud al concepto de precio de equilibrio; es decir, la empresa pretenderá que su coste se aproxime a cero y el empleado que lo haga a infinito y por tanto, el resto de condiciones que se tomen en consideración – tasa de desempleo, necesidad de cualquiera de las partes o competencia, entre otras muchas – serán las que más influyan en determinar en que punto han de cruzarse ambas curvas de expectativa.

Una Noche en la Ópera.

Una Noche en la Ópera.

Aunque es un ejemplo de otras muchas cuestiones, la deriva que sufre el desopilante personaje de Otis B. Driftwood, encarnado por un genial Groucho Marx en esa obra cumbre del marxismo cinematográfico que es Una noche en la ópera, nos sirve como paradigma de esa errática política de recursos humanos que siguen muchas empresas en las que sus responsables de personal actúan con las anteojeras del desconocimiento, el aldeanismo de los prejuicios hacia lo desconocido y la soberbia de la ignorancia.

Mr. Driftwood responde al tipo habitual encarnado por Groucho en muchos de sus films; es un caradura cuyo único mérito es hacerle la corte a la riquísima Mrs. Claypool – encarnada magistralmente por Margaret Dumont, la quinta hermana Marx – y aprovecharse de esa situación para vivir a cuerpo de rey. La trama se basa en el interés de la dama en ser reconocida por la alta sociedad neoyorquina, algo que el inefable Otis B. Driftwood pretende conseguir realizando una importante donación a la compañía de ópera aunque a él, el bel canto le resulta tan insufrible que cuando el coche de caballos en el que va, para en la puerta del teatro y comprueba que aun no ha finalizado la representación de Pagliacci, le grita enfadado al cochero: Le dije que fuera más despacio. Por su culpa, igual tengo que oír la ópera.

Con esos antecedentes resulta lógico que cuando Mr. Gottlieb, Director de la Ópera, pretende contratar al famosísimo tenor Rodolfo Lasparri cuyo caché asciende a mil dólares por noche, Driftwood exclame: ¿Van a pagarle mil dólares sólo por cantar? Por sesenta centavos hay unos discos de la Bella Mimí que te vuelan la cabeza. Y por un dólar la tienes a ella en persona. Pero una cosa es que ese comportamiento sea el esperado en una comedia alocada y desternillante y otra muy diferente que el razonamiento lo haga el gerente de una empresa cuando ha de cubrir un puesto directivo, sencillamente porque el área a cubrir le resulte desconocida.

El error del caradura de Driftwood es el mismo que el de muchos gerentes: el objetivo de la compañía de Ópera no es contratar a alguien que cante, sino a un tenor que gracias a su maestría, su nombre y sus características vocales sea capaz de llenar el teatro hasta la bandera. Una vez más, no es qué hay que hacer sino quien puede hacerlo mejor y obtener mayor beneficio. El objetivo de cualquier empresa ha de ser el de captar a los mejores dentro de su volumen de negocio y de sus disponibilidades económicas. No se trata de buscar a un Director Comercial cualquiera, sino de fichar al que conozca el sector, sepa quién es y cómo actúa la competencia y tenga claro cuál es la forma más eficiente de vender. Igual razonamiento podríamos utilizar si seleccionamos un Director de Administración, de Contabilidad, de Producción, de Logística, de Almacén o Financiero. Y sin embargo, en muchas PYMES se busca ahorrar un puñado de euros para, en demasiadas ocasiones, dejar de ganar mucho más.

Curiosamente, avanzada la trama, es el propio Driftwood el beneficiado cuando, tras sus aventuras con Fiorello y Tomasso – los personajes que interpretan Chico y Harpo – y para evitar todo escándalo a la Compañía de Ópera es despedido por la indefinible Mrs. Claypool a instancias de Mr. Gottlieb, hasta el punto de que es expulsado de su despacho, se le impide el acceso al ascensor exclusivo de directivos y acaba siendo empujado hasta rodar cuatro pisos escaleras abajo por el, hasta unos minutos antes, solícito ascensorista que responde al nombre de Otto.

En ese momento y tras sestear en el parque junto a sus compañeros de desventuras, quiere la suerte – o más bien las mentes calenturientas y gamberras de Chico y Harpo – que el famoso Rodolfo Lasparri se indisponga en el momento oportuno y el triunfo o el fracaso de la Compañía de Ópera en Nueva York, dependa de encontrar un tenor que pueda sustituirle. Quienes hayan visto la película recordarán la famosa escena de la firma del contrato entre Fiorello y Driftwood. Es aquella que ha hecho famosa la frase la parte contratante de la primera parte… en la que ambos se convierten en representantes de Ricardo Baroni novio de la soprano y desconocido tenor de facultades asombrosas.

Así que Driftwood juega magistralmente sus cartas y consigue que su representado sustituya a Lasparri de modo que cuando Otto intenta echarle de las oficinas de la compañía, es el propio Gottlieb quien, absolutamente entregado, recuerda al ascensorista que… Mr. Driftwood es un alto empleado de la compañía.

Porque, una vez más, no es tanto quien eres sino qué ofreces y el caradura de Driftwood tiene la llave para que la temporada de ópera sea un éxito y esa no es otra que Ricardo Baroni.

Muchos gerentes tienden a pensar con cierta soberbia y absoluto yerro que el resto de puestos directivos pueden cubrirse por cualquiera y no requieren especial preparación. Se equivocan, olvidan que una empresa es una maquinaria de relojería en la que todas las piezas son imprescindibles y si queremos vender un reloj de calidad no podemos presentar un diseño vanguardista y exquisito con una maquinaria de mercadillo.

En definitiva, lo importante no es definir qué hay que hacer sino quien es el mejor para hacerlo o quien tiene la capacidad para ello. Lasparri cobra mil dólares por noche porque llena el teatro y permite vender entradas caras y Driftwood vuelve a ser un alto empleado de la compañía porque tiene el producto que aquella necesita.

Y ya, que cada gerente decida si quiere pagar mil dólares y ver un teatro tan lleno como la cuenta de resultados o prefiere pagar un dólar y que cante la Bella Mimí.

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